Picnic con acento gallego en la playaiStock

Qué llevar a la playa para comer como un gallego: los imprescindibles para un 'picnic' perfecto

Comidas sencillas, fáciles de compartir y que no necesitan grandes preparaciones para convertirse en el menú perfecto después de un baño

Un día de playa en Galicia no tiene por qué terminar necesariamente en un chiringuito o en un restaurante. Cuando el plan es pasar varias horas junto al mar, preparar una buena nevera y llevar la comida desde casa puede ser una alternativa mucho más cómoda y, por qué no, también mucho más gallega. Porque Galicia tiene un buen puñado de productos y elaboraciones que funcionan perfectamente en un picnic. Comidas sencillas, fáciles de compartir y que no necesitan grandes preparaciones para convertirse en el menú perfecto después de un baño.

Además, llevar la comida preparada permite disfrutar de algunos de los sabores más reconocibles de la comunidad sin necesidad de abandonar la playa a la hora de comer. Solo hace falta elegir bien qué llevar, mantener los alimentos que lo necesiten correctamente refrigerados y buscar un lugar a la sombra para montar el improvisado comedor.

Los clásicos: la empanada y la tortilla

Si hay una comida gallega que parece diseñada para compartir en la playa es la empanada. Se transporta fácilmente, se puede cortar en porciones y permite comerla sin necesidad de cubiertos. Además, las posibilidades son prácticamente infinitas. De atún, bacalao, carne, zamburiñas, xoubas o diferentes verduras, la empanada permite preparar un picnic completo sin necesidad de complicarse.

Es también uno de esos alimentos que funcionan tanto recién hechos como a temperatura ambiente, aunque conviene protegerla bien del calor y mantenerla en condiciones adecuadas hasta el momento de comer.

La tortilla de patata es otro de los grandes clásicos de cualquier comida al aire libre y una apuesta segura para un picnic junto al mar. Se puede preparar con antelación, transportar fácilmente y cortar en porciones para compartir, sin necesidad de cubiertos.

Además, admite muchas posibilidades: puede acompañarse de algunos de los productos más habituales de la despensa gallega o, sencillamente, convertirse en un delicioso bocadillo entre buen pan, perfecto para comer después de un baño o mientras se disfruta de las vistas. La clave, como con cualquier alimento que contenga huevo, es mantenerla refrigerada hasta el momento de consumirla, especialmente durante las jornadas más calurosas.

Y como no: quesos y pan gallego

Una tabla de quesos puede parecer un plan más propio de una cena que de la playa, pero algunos quesos gallegos son perfectos para completar una comida informal. Un Tetilla, un San Simón da Costa, un Arzúa-Ulloa o un queso de O Cebreiro pueden acompañarse con pan y alguna pieza de fruta para conseguir un picnic sencillo y fácil de compartir.

Y es que en un picnic de inspiración gallega, el pan no debería quedar relegado a un segundo plano. Una buena hogaza, una barra de pan gallego o incluso un pan de pueblo pueden servir para acompañar quesos, embutidos o conservas.

Porque las conservas son una opción especialmente cómoda para un día de playa. Sardinas, mejillones, caballa o berberechos pueden acompañarse con pan y convertirse en un aperitivo sencillo. Eso sí, en este caso es importante mantener las conservas correctamente cerradas hasta su consumo y no olvidar recoger después todos los envases. Una playa no es el lugar para dejar rastro del picnic.

Un toque dulce para terminar la jornada

También hay sitio para el postre en un picnic a la orilla del mar y Galicia cuenta con un buen repertorio de dulces tradicionales que pueden transportarse con facilidad y disfrutarse sin necesidad de cubiertos. Eso sí, en los días de más calor conviene apostar por elaboraciones que aguanten bien fuera del frigorífico y llevarlas siempre protegidas del sol y del calor.

Entre las opciones más prácticas está la bica gallega, especialmente la tradicional de Orense, un bizcocho compacto y esponjoso que resulta fácil de cortar y compartir. También la tarta de Santiago, uno de los dulces más reconocibles de Galicia, es una buena candidata para la cesta de playa: se conserva bien, se puede transportar en una caja y permite servir pequeñas porciones sin demasiadas complicaciones.

Las rosquillas de anís son otra alternativa perfecta para comer al aire libre, al igual que las filloas, aunque estas últimas conviene llevarlas bien protegidas para evitar que pierdan textura. También pueden incorporarse melindres, perrunillas, almendrados o las tradicionales larpeiras, siempre teniendo en cuenta que algunas elaboraciones con cremas o coberturas pueden resultar menos apropiadas cuando las temperaturas son elevadas.

Para un picnic especialmente sencillo, incluso se puede recurrir a galletas artesanas gallegas, bizcochos o pastas tradicionales, que ocupan poco espacio y aguantan bien el transporte. Y si se quiere completar el apartado dulce con un producto fresco, la fruta de temporada, como melón, sandía, uvas o nectarinas, puede convertirse en el acompañamiento perfecto después de una comida contundente.

La clave está en elegir dulces que no sean demasiado delicados y protegerlos bien durante el trayecto. Porque una empanada, un buen queso, algo de fruta y una porción de bica o tarta de Santiago pueden convertir una sencilla comida en la arena en un auténtico picnic con sabor gallego.

Y es que disfrutar de la gastronomía gallega no implica necesariamente sentarse en un restaurante. También se puede comer Galicia con los pies en la arena, después de un baño y frente al Atlántico. Y quizá esa sea una de las mejores formas de aprovechar el verano: una playa gallega, una nevera bien preparada, buena compañía y una comida sencilla con algunos de los sabores más reconocibles de la comunidad.