Varios jóvenes participan en una partida de cartas (timba) en la Plaza Mayor de Montederramo, 28 de agosto de 2026, en Montederramo, Ourense, Galicia (España). La lucha contra la despoblación en el rural de la provincia de Ourense muestra señales de estancamiento. Según los datos más recientes del Instituto Nacional de Estadística (INE), la provincia registra un total de 158 aldeas completamente vacías, la misma cifra que a finales del año pasado, un dato que indica que la tendencia de pérdida de población se ha contenido. Los municipios rurales de la provincia de Ourense han iniciado en los últimos años diversas iniciativas que abarcan ámbitos como la conciliación familiar, la tecnología o la generación de empleo para hacer frente a la sangría demográfica que les amenaza.

Rosa Veiga / Europa Press
28 AGOSTO 2026 DESPOBLACIÓN;ENVEJECIMIENTO POBLACIONAL;ABANDONO DEL MUNDO RURAL
22/8/2026

Varios jóvenes participan en una partida de cartasEuropa Press

«No hay pueblo sin futuro, sino sin proyecto»: la fórmula de los pueblos gallegos que luchan por no desaparecer

Varios alcaldes han comenzado a plantear iniciativas que van desde el impulso al empleo y las empresas tecnológicas hasta la conciliación, el teletrabajo o la mejora de los servicios públicos

La despoblación rural se ha convertido en uno de los grandes retos demográficos de España. En muchos pequeños municipios, la pérdida de habitantes se traduce también en menos servicios, dificultades para encontrar empleo, problemas de movilidad y un progresivo envejecimiento de la población. Pero frente a esta tendencia, algunos pueblos están buscando nuevas fórmulas para atraer vecinos y recuperar actividad.

Galicia es una de las comunidades donde este desafío se hace especialmente visible, con numerosos municipios rurales que llevan años perdiendo habitantes y afrontando las consecuencias de ese declive.

Lucha contra la despoblación

En la provincia de Orense, donde más del 60 % de los municipios continúa perdiendo población, varios alcaldes han comenzado a plantear iniciativas que van desde el impulso al empleo y las empresas tecnológicas hasta la conciliación, el teletrabajo o la mejora de los servicios públicos.

«No hay pueblo sin futuro, sino sin proyecto», resume el alcalde de San Xoán de Río y diputado provincial de Reto Demográfico, José Miguel Pérez, que defiende la necesidad de generar oportunidades para que las nuevas generaciones puedan desarrollar su vida en estos pueblos.

La falta de comunicaciones, la pérdida de servicios, los problemas de movilidad y la escasez de empleos de calidad dificultan la llegada de nuevos habitantes. A ello se suma la desaparición de la denominada 'economía de aldea', un modelo en el que buena parte de los vecinos trabajaba, compraba y desarrollaba su actividad en el propio entorno.

«La globalización se cargó ese modelo económico y eso se perdió», explica Pérez. El reto ahora pasa por encontrar nuevas actividades capaces de sustituirlo y generar empleo estable.

Algunas de las medidas a valorar

Una de las vías que están explorando estos municipios es precisamente la tecnología. San Xoán de Río, con unos 520 habitantes, quiere convertir el entorno rural en un espacio atractivo para emprendedores y trabajadores que no necesitan estar físicamente en una gran ciudad. El proyecto 'Rural Valley' pretende crear un campus de empresas y ayudar a poner en marcha iniciativas empresariales vinculadas a la tecnología. El objetivo es que el municipio pueda convertirse en la primera 'startup village' certificada en España por la Comisión Europea.

La idea parte de una premisa sencilla: «Si tienes un mínimo de sustento, con la posibilidad de trabajar online, en estos territorios ganas calidad de vida, costes más bajos y una oportunidad para hacer un cambio en tu salud mental y física», explica Natalia Andrea Romero, una vecina que se trasladó recientemente a San Xoán de Río y mantiene su actividad profesional como mentora de emprendedores.

Aldea abandonada en Galicia

Aldea abandonada en GaliciaIdealista

La creación de puestos de trabajo es, sin embargo, una de las principales condiciones para conseguir que la población se quede. El alcalde de San Xoán de Río señala especialmente la ausencia de personas de entre 20 y 40 años y de mujeres en edad laboral.

En A Teixeira, otro de los municipios orensanos que afrontan este problema, sectores tradicionales como la ganadería y, especialmente, la viticultura siguen desempeñando un papel fundamental. La presencia de bodegas de mayor tamaño ha permitido generar empleo y atraer trabajadores.

También Montederramo ha encontrado en el sector primario una de sus principales fuentes de actividad. El municipio, de unos 700 habitantes, ha recibido además en los últimos años a personas procedentes de países como Venezuela o Colombia que han llegado en busca de trabajo y estabilidad. Para quienes se instalan allí, la tranquilidad y el contacto con la naturaleza son algunos de los principales atractivos. El problema aparece cuando necesitan desplazarse.

«La calidad de vida es excelente», explica Francisco Badillo, vecino de Montederramo desde hace aproximadamente un año. Sin embargo, reconoce que encontrar empleo y disponer de transporte son dos de las principales dificultades. «Creo que eso es lo que más influye en que mucha gente no decida mudarse aquí», señala.

Los alcaldes coinciden en que también es necesario garantizar servicios que permitan desarrollar un proyecto de vida completo. En Montederramo funcionan programas de proximidad como 'Xantar na Casa', el Servicio de Ayuda en el Hogar, servicios de guardería y medidas de conciliación durante el verano. A Teixeira, por su parte, prevé poner en marcha una nueva residencia para mayores con unas 32 plazas. La instalación permitirá mejorar la atención a una población cada vez más envejecida y, al mismo tiempo, puede contribuir a generar actividad y empleo.

En San Xoán de Río se han desarrollado iniciativas como 'Mujeres de Río', destinado a combatir la soledad no deseada, programas de conciliación y campamentos de verano, además de un proyecto piloto para facilitar vehículos de uso vecinal. La apuesta busca también que quienes mantienen vínculos con estos municipios durante su infancia puedan acabar regresando en el futuro. «Los jóvenes que vienen cada verano van haciendo amigos, generando experiencias y recuerdos y, en un futuro, pueden acabar viviendo aquí», apunta el alcalde.

Necesidad de nuevas política

Los responsables municipales consideran que la despoblación no puede abordarse únicamente desde los ayuntamientos. Reclaman cambios en las políticas públicas y mayor autonomía para decidir cómo utilizar los recursos destinados al reto demográfico. «Quien sabe es quien vive en el territorio», defiende el alcalde de Montederramo, Óscar Diéguez, que reclama más margen de actuación para los municipios y plantea incluso una flexibilización de las reglas fiscales.

Entre las propuestas también aparece la posibilidad de aplicar impuestos reducidos o incluso exenciones fiscales en determinadas zonas rurales para compensar las diferencias de servicios y oportunidades respecto a las ciudades. Los alcaldes rechazan además que la solución pase necesariamente por la fusión de municipios. Su apuesta consiste en reforzar los pueblos existentes y crear condiciones para que puedan volver a ganar población.

El proceso, admiten, no será inmediato. «Será un cambio estructural» que puede necesitar entre diez y quince años, apunta Diéguez. El objetivo no es únicamente detener la pérdida de habitantes, sino conseguir que algunos de estos municipios vuelvan progresivamente a crecer.

«No será algo que se perciba de un día para otro», reconoce el regidor. Pero detrás de todas estas iniciativas existe una misma idea: que el futuro del rural no tiene por qué estar escrito por la despoblación.

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