Bizcochos de SamosREDES SOCIALES

El secreto mejor guardado de los monjes de Samos: el dulce de Lugo que triunfa desde hace más de 250 años

Su elaboración prescinde por completo de grasas como el aceite o la mantequilla, así como de levaduras

La gastronomía de Galicia es mundialmente reconocida por la excelencia de sus mariscos, carnes y vinos. Más allá de los platos principales que conquistan los paladares salados, los postres gallegos custodian recetas centenarias ligadas a la historia de sus pueblos y monasterios, donde la sencillez de los ingredientes se transforma en bocados legendarios.

Dentro de este repertorio azucarado, existen elaboraciones que han traspasado fronteras y son sinónimo de la identidad gallega, como la icónica Tarta de Santiago con su inconfundible aroma a almendra, las crujientes orejas de Carnaval o los tradicionales filloas que endulzan los hogares de toda la comunidad. Sin embargo, el mapa dulce de la región esconde también tesoros mucho menos conocidos por el gran público; recetas locales celosamente guardadas que solo se descubren al adentrarse en sus municipios.

Uno de los mejores ejemplos de estos tesoros ocultos de la repostería gallega son los bizcochos de Samos, una joya cuya receta secreta salió entre los muros del imponente Monasterio de San Julián hace más de 250 años. Este dulce monacal, nacido en pleno Camino de Santiago Francés, se caracteriza por una masa de bizcochón tradicional extremadamente esponjosa y ligera.

Sorprendentemente, su elaboración prescinde por completo de grasas como el aceite o la mantequilla, así como de levaduras; toda su estructura se confía al aireado paciente del huevo, el azúcar y la harina. Una fórmula ancestral que ha sobrevivido de generación en generación y que hoy en día se ha convertido en una parada obligatoria y casi mística para los peregrinos y golosos que visitan la provincia de Lugo

Para comprender la magnitud de este dulce, hay que adentrarse en la historia de la Casa Manxarín, la legendaria saga familiar que custodia la receta y elaboración exclusiva de los bizcochos desde 1740. Antes de esa fecha, el postre se preparaba únicamente en las cocinas del propio monasterio. Sin embargo, a mediados del siglo XVIII, la receta pasó a manos de esta familia de Samos, que desde entonces mantiene viva la tradición a lo largo de cuatro generaciones.

Su venta se realiza de manera casi mística: no los encontrarás en grandes supermercados ni cadenas de distribución, ya que se comercializan únicamente en su tienda física, el Autoservicio Manxarín. Es este halo de exclusividad y resistencia al paso del tiempo lo que convierte a cada caja en un codiciado objeto de deseo para cualquiera que cruce las tierras de Lugo.