La casa gallega que esconde 500 años de historia: un poderoso linaje, las Cortes de Cádiz y santo Tomás de Aquino

La casa gallega que esconde 500 años de historia: un poderoso linaje, las Cortes de Cádiz y santo Tomás de AquinoAyuntamiento La Estrada

La casa gallega que esconde 500 años de historia: un linaje ligado a Santo Tomás de Aquino y las Cortes de Cádiz

Hoy apenas quedan vestigios de lo que fue, pero esos restos permiten reconstruir una historia que une la Galicia de hace cinco siglos con dos nombres que parecen pertenecer a mundos completamente distintos

Hay casas que forman parte del paisaje y otras que, detrás de sus muros, conservan una historia capaz de atravesar siglos. En Galicia, donde todavía sobreviven antiguos pazos, casas solariegas y residencias de familias hidalgas, algunas pasan completamente desapercibidas pese al pasado que esconden. No hace falta que un edificio conserve todo su esplendor para contar quiénes vivieron allí. A veces basta un escudo, una fachada, unos muros entre la vegetación o los restos de una antigua construcción para seguir el rastro de familias que durante generaciones acumularon tierras, títulos y relaciones con algunos de los personajes y acontecimientos más importantes de España.

Con más de cinco siglos de historia estuvo vinculada a uno de los linajes hidalgos más importantes de la comarca. Por sus muros pasaron generaciones de una familia que llegó a administrar varios señoríos, que tuvo conexiones con la aristocracia gallega y que terminó dando a España figuras relacionadas con la Armada y las Cortes de Cádiz. Pero su historia es todavía más sorprendente: entre sus antiguos moradores hubo una mujer cuya genealogía estaba relacionada con la familia de Santo Tomás de Aquino. Hoy apenas quedan vestigios de lo que fue, pero esos restos permiten reconstruir una historia que une la Galicia de hace cinco siglos con dos nombres que parecen pertenecer a mundos completamente distintos.

La más antigua del lugar: 500 años

Se trata de la Casa Grande de Figueroa, también conocida como Casa de Sangro, en La Estrada (Pontevedra). El edificio, cuyos orígenes se remontan al siglo XVI, ha llegado hasta nuestros días muy lejos del esplendor que tuvo en el pasado. Parte de la construcción permanece en ruinas, aunque todavía conserva elementos que permiten reconocer la importancia que llegó a tener esta casa. Y es precisamente su historia familiar la que convierte este lugar en algo mucho más singular.

Uno de los primeros detalles que sorprenden al conocer la historia de esta casa está precisamente en su apellido. Sangro no es un apellido de origen gallego, sino que llegó a Galicia desde Italia, concretamente desde Nápoles, de la mano de un linaje que acabaría vinculándose con familias de la nobleza gallega. La casa quedó vinculada al apellido Sangro a través de Tomasa de Armesto y Sangro, que contrajo matrimonio en el siglo XVII con Juan Antonio Bermúdez de Castro, señor de la Casa Grande de Figueroa. Los Sangro procedían de Nápoles y terminaron incorporándose a la nobleza gallega. Su apellido quedó ligado desde entonces a diferentes familias y casas de Galicia.

Pero el origen italiano de la familia es solo el primer detalle llamativo. Entre las conexiones genealógicas atribuidas a este linaje aparece una especialmente llamativa: su parentesco con la familia de Santo Tomás de Aquino. Es uno de esos detalles que cuesta imaginar cuando se contempla hoy la antigua casa. Un edificio rural gallego aparentemente escondido entre el paisaje conserva la memoria de una familia cuya genealogía lleva hasta una de las figuras más conocidas de la Europa medieval.

Pero todavía queda otra conexión mucho más cercana en el tiempo. Varias generaciones después, el linaje relacionado con la Casa de Sangro volvería a aparecer en un momento fundamental de la historia española. Se trata de Francisco Bermúdez de Castro y Sangro, militar y marino nacido en 1768. En 1813 fue elegido diputado por Betanzos para las Cortes, en plena Guerra de la Independencia. Su nombre quedó así ligado a las Cortes de Cádiz, uno de los episodios políticos más importantes de la España del siglo XIX.

La curiosidad está precisamente en ese salto: la misma familia vinculada a una antigua casa solariega de La Estrada acabó teniendo representación en las Cortes en uno de los momentos más convulsos de la historia española.

La Casa de Sangro es, en definitiva, uno de esos lugares que pasan desapercibidos hasta que se conoce lo que esconden y que permite descubrir esa historia sin necesidad de recorrer un gran palacio perfectamente conservado. Sus restos, su escudo y su ubicación recuerdan el pasado de una construcción que estuvo vinculada durante siglos a familias de la hidalguía gallega.

Cuando el esplendor desaparece

Pero ninguna casa permanece eternamente en la cima. Como sucedió con muchas otras familias hidalgas gallegas, el patrimonio comenzó a cambiar de manos y el antiguo poder de los Bermúdez de Castro fue desapareciendo. El paso del tiempo hizo el resto.

Hoy, la Casa Grande de Figueiroa pasa inadvertida para quien no conozca su historia. Una parte del inmueble permanece integrada en una vivienda posterior, mientras que la construcción principal se encuentra en un estado ruinoso, rodeada de maleza. El escudo heráldico continúa, sin embargo, en una de las paredes como uno de los últimos grandes testigos del pasado.

La protección patrimonial del conjunto tampoco facilita su recuperación. Su catalogación como Bien de Interés Cultural condiciona cualquier intervención y hace especialmente compleja la rehabilitación de unas ruinas que necesitan algo más que una simple reforma.

Y ahí permanece la paradoja de la Casa de Sangro: una construcción que durante siglos simbolizó poder, riqueza y posición social y que hoy sobrevive casi escondida junto a una carretera. Más de cinco siglos después, apenas quedan piedras. Pero el escudo sigue ahí. Y también la historia.

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