Una de las calles más transitadas del casco histórico compostelano.Turismo Santiago

Así se disfruta Galicia en septiembre como un gallego: los planes que no aparecen en las guías turísticas

No consiste únicamente en visitar sus lugares más conocidos sino realizar planes sencillos, que son los que permiten conocer una Galicia mucho más cotidiana

Septiembre es uno de los mejores momentos para descubrir Galicia. El verano comienza a despedirse, pero todavía quedan días para acercarse a la playa, pasear junto al mar o sentarse en una terraza sin las aglomeraciones de los meses de julio y agosto. Al mismo tiempo, el calendario festivo continúa llenando pueblos y ciudades de música, gastronomía y tradiciones.

Pero disfrutar de Galicia como un gallego no consiste únicamente en visitar sus lugares más conocidos. También implica saber dónde comprar el pescado, recorrer una calle de bares, sentarse a tomar un café sin mirar el reloj o acercarse a una fiesta popular. Son planes sencillos, pero permiten conocer una Galicia mucho más cotidiana.

Fiestas, mercados y sabores

Septiembre mantiene algunas de las celebraciones más singulares del calendario gallego y ofrece una buena oportunidad para acercarse a tradiciones que siguen formando parte de la vida de sus pueblos. En Muxía, la Virgen de la Barca vuelve a reunir a vecinos y visitantes alrededor de una de las grandes romerías de la Costa de la Muerte. En Rianxo, las fiestas de la Guadalupe convierten la localidad en escenario de una celebración profundamente vinculada al mar, mientras que en La Puebla del Caramiñal el Nazareno conserva una de las tradiciones más llamativas de Galicia.

La mejor manera de vivir estas fiestas no es limitarse a contemplar el programa. Hay que mezclarse con la gente, probar algo en los puestos, escuchar la música y, si se puede, quedarse hasta la verbena. Porque una de las mejores formas de conocer Galicia es hacer durante unos días lo mismo que hacen sus vecinos.

Y de una fiesta a otra, también hay una costumbre que no necesita calendario: salir a comer. En Santiago de Compostela, una parada casi obligatoria es la Rúa do Franco, una de las calles más conocidas de la capital gallega para ir de bares. El plan es sencillo: caminar, entrar en un establecimiento, pedir una tapa, tomar un vino y continuar el recorrido. Para los amantes de la tortilla siempre queda, además, la posibilidad de acercarse a A Tita, uno de los locales más populares de Santiago.

La gastronomía también se descubre antes de sentarse a la mesa. Las plazas de abastos permiten acercarse a una Galicia mucho más cotidiana que la de los grandes monumentos. Merece la pena acudir por la mañana y observar cómo se compra el género que después termina en las cocinas de las casas y restaurantes. Pescado, marisco, carne, quesos, verduras, frutas, flores y productos de temporada llenan estos mercados, presentes en ciudades como Santiago, Vigo, La Coruña o Pontevedra.

Muy relacionado con esa cultura gastronómica está el mar. Para descubrir otra de las caras de Galicia merece la pena madrugar y acercarse a un puerto pesquero para observar cómo comienza la jornada. La llegada de las embarcaciones, la descarga del pescado y el movimiento alrededor de las lonjas muestran una Galicia muy diferente de la que aparece en las postales. No es necesario entrar en las instalaciones si el acceso no está permitido: basta con observar la actividad desde los espacios habilitados.

Y hay otra costumbre aparentemente sencilla que permite descubrir una parte muy auténtica de Galicia: entrar en una panadería y comprar una pieza de pan recién hecho. En San Cristóbal de Cea, en Orense, se puede probar además uno de los más conocidos, el Pan de Cea, elaborado artesanalmente y protegido por una Indicación Geográfica Protegida. La experiencia consiste en llevárselo todavía fresco y acompañarlo después de queso, embutido, conservas o de cualquier buen plato.

Senderos y planes para cuando llueve

Después de comer toca caminar. Galicia también se disfruta a pie y septiembre ofrece una buena oportunidad para recorrer sus paisajes antes de que llegue el otoño. Hay opciones para todos los gustos, desde los bosques de las Fragas do Eume hasta los caminos de la Ribeira Sacra o las rutas que recorren la costa.

También queda tiempo para acercarse al mar. El final del verano no significa que haya que guardar todavía la toalla y septiembre permite disfrutar de algunas playas gallegas con una atmósfera diferente. Las Catedrales, en Ribadeo, es uno de los grandes ejemplos, aunque siempre hay que tener en cuenta el estado de la marea y las condiciones de acceso. A Lanzada o Carnota ofrecen otras posibilidades para quienes quieran combinar playa y paisaje atlántico.

Y si se quiere viajar todavía más atrás en el tiempo, basta con acercarse hasta el castro de Baroña, en Porto do Son. El antiguo poblado fortificado, situado junto al océano, permite combinar en una misma visita patrimonio, arqueología y naturaleza.

Pero Galicia también tiene planes para los días en los que el cielo se pone gris. De hecho, la lluvia puede convertirse en la excusa perfecta para hacer uno de los más reconfortantes: sentarse ante un buen cocido gallego. Lacón, grelos, patatas, chorizo, garbanzos y diferentes carnes llenan la mesa y convierten la comida en un acontecimiento que difícilmente se resuelve con prisas.

Después, café y sobremesa. Porque si algo hay que aprender para disfrutar de Galicia como un gallego es que una comida no termina cuando se recoge el plato. Un café, una conversación y un rato sin mirar el reloj pueden ser el mejor final para un día de lluvia.

Y, si no apetece comer, siempre quedan otras alternativas: visitar un museo, acercarse a una bodega, recorrer una plaza de abastos o refugiarse en alguna de las cafeterías tradicionales de sus ciudades. Al fin y al cabo, en Galicia la lluvia no tiene por qué cancelar el plan: simplemente cambia el plan.