El festival que convierte Santiago en un imán internacional
El festival que convierte Santiago en un imán internacional: sus visitantes llegan a gastar hasta 1.500 euros
El WOS Festival cierra este domingo su novena edición después de atraer a la capital gallega a un público procedente de fuera de Galicia que viaja expresamente por su programación de vanguardia
Santiago de Compostela despide este domingo una cita que durante varios días ha llevado hasta la capital gallega a visitantes llegados de distintos puntos de España y del extranjero. No todos han viajado hasta la ciudad para hacer el Camino, visitar su catedral o conocer su gastronomía: algunos lo han hecho expresamente para asistir a uno de los festivales de música de vanguardia que forman parte del circuito internacional.
Se trata del WOS Festival, que este domingo pone fin a su novena edición después de convertir durante todo el fin de semana distintos espacios de Santiago en escenarios de una programación especializada en música contemporánea, electrónica y propuestas experimentales.
Un festival repartido por toda la ciudad
Una de las principales características del WOS es precisamente su relación con Santiago. El festival no se concentra en un único recinto, sino que utiliza teatros, iglesias, parques, salas de conciertos y otros espacios de la capital gallega.
Esta distribución permite que los asistentes recorran la ciudad mientras siguen una programación que combina diferentes formatos y propuestas musicales. La experiencia se aleja así de la imagen habitual de los grandes festivales, en los que el público permanece durante horas dentro de un mismo recinto. Para su director, Iván Arias, esta característica fue precisamente uno de los motivos para apostar por Santiago. La concentración de espacios culturales y patrimoniales en distancias relativamente cortas convierte a la ciudad en un escenario especialmente adecuado para un festival multiespacio.
La dimensión turística de esta cita queda reflejada en el origen de sus asistentes. Más de la mitad del público procede de fuera de Galicia y, según explica Arias, algunos de estos visitantes pueden llegar a gastar entre 1.000 y 1.500 euros durante su estancia, sumando transporte, alojamiento, restauración y las entradas al festival. La cifra muestra cómo una propuesta cultural muy especializada puede acabar generando también un importante impacto en la ciudad. El público no llega únicamente para asistir a un concierto, sino que permanece varios días en Santiago y consume otros servicios durante su estancia.
El resultado es una experiencia en la que música, patrimonio y turismo urbano se mezclan durante varios días, con un público que llega a Santiago atraído específicamente por la programación.
Reconocimiento internacional
El WOS inició en 2016 una transformación hacia la electrónica y la música de vanguardia. El cambio redujo parte de su público inicial, pero permitió al festival construir una identidad mucho más definida y acercarse a una comunidad internacional de aficionados a este tipo de propuestas. Con el paso de los años, Santiago ha ido entrando en el mapa de los festivales especializados junto a citas internacionales como Rewire, en La Haya; MUTEK, en Montreal; Unsound, en Cracovia; o CTM y Atonal, en Berlín.
Según explica su director, buena parte de su público comparte una cultura muy concreta: personas que viajan habitualmente para descubrir nuevos artistas y que pueden acudir a seis o siete festivales internacionales cada año. La consolidación internacional del WOS también se refleja en la relación con los propios artistas. Arias señala que algunos músicos contactan actualmente con el festival para presentar sus trabajos en Santiago, algo que años atrás resultaba menos habitual.
La cita ha recibido además distintos reconocimientos. Entre ellos figura el premio al Mejor Festival Indoor de Europa en los European Festival Awards de 2018, además de varios galardones en los Iberian Festival Awards, incluido el de Mejor Festival Indoor Nacional por su edición de 2022.
Así, cuando el festival cierra este domingo su novena edición, deja detrás algo más que varios días de conciertos. Durante un fin de semana, Santiago se convierte en destino para un público que viaja expresamente por la música, se aloja en la ciudad, come en sus restaurantes y recorre sus calles y espacios patrimoniales.
Una fórmula que demuestra que incluso un festival especializado y dirigido a un público de nicho puede convertirse en un nuevo atractivo turístico para una ciudad acostumbrada a recibir visitantes de todo el mundo.