Ángel García Seoane, alcalde de OleirosAYUNTAMIENTO DE OLEIROS

Ángel García Seoane, el alcalde comunista que tocó para Julio Iglesias y entró en el radar de la CIA

El regidor de Oleiros es todo un superviviente político gracias a unos vecinos que le perdonan en las elecciones sus habituales salidas de tono y tener que vivir en un callejero que rinde homenaje a figuras como el Che Guevara

Resulta bastante paradójico que lo primero que se encuentre en el municipio más rico de Galicia sea el rostro de Ernesto Che Guevara a tamaño gigante subido a lomos de una rotonda. La figura del revolucionario se alza ocho metros sobre los jardines de los chalés de los grandes directivos y las mayores fortunas de La Coruña. Es la carta de presentación de Oleiros, el gran cortijo del incombustible Ángel García Seoane y el único feudo que le queda actualmente a Alternativa dos Veciños, el partido independiente que él mismo fundó.

Decir únicamente que Seoane es el alcalde de Oleiros sería quedarse muy corto porque es un fenómeno político único en Galicia. Maneja el Ayuntamiento con mano de hierro desde 1985 —a excepción de un parón por inhabilitación de seis años y un día por un polémico derribo en la playa de Santa Cristina— y con un estilo personalista que no deja indiferente a nadie.

Es todo un superviviente político gracias a unos vecinos que le perdonan en las elecciones sus habituales salidas de tono y tener que vivir en un callejero que rinde homenaje a figuras como Sandino, Salvador Allende, Simón Bolívar o Antonio José de Sucre. Porque, ante todo, el regidor, es un castrista de la vieja guardia y un infatigable embajador de la revolución comunista de Cuba. Una estrecha vinculación con la isla que —según ha relatado el propio regidor— le llevó a estar controlado y fichado por la CIA.

Estatua de Che Guevara en Oleiros

Los insultos y amenazas a una agente de la Policía Local después de que la grúa le llevase su coche en Mera (que acaban de ser desvelados por El Debate) no son más que su último sonado escándalo. Pero ni con esas se niega a dejar su cargo de alcalde. La escena recuerda irremediablemente a los graves improperios proferidos en un pleno al edil socialista Jesús Fernández, cuando este aludió a las pujas de parcelas públicas que había realizado la mujer del regidor en la urbanización de Xaz. «Me cago en la madre que te parió, hijo de puta, hijo de puta, cerdo que eres un cerdo», le espetó a gritos entre otras lindezas. Una volcánica incontinencia verbal que, lejos de ser un arrebato puntual, forma parte de su habitual proceder.

Gusto por la provocación

Un sello personal que también se traslada a la calle. El regidor ha convertido los soportes publicitarios municipales en su trinchera política, instalando vallas institucionales para cargar contra todo líder internacional ajeno a su órbita ideológica. El enemigo más recurrente en la diana de Seoane ha sido Donald Trump, del que ha llegado a decir que «debían matarlo, porque si no va a matar a todos», tras haber empapelado el municipio con un cartel de «se busca terrorista» y ofrecer una recompensa de 50 céntimos. O el que comparte cartel con Hitler y Mussolini.

Un gusto por la provocación que a menudo convive con sus visitas a los juzgados. Sin ir más lejos la pasada semana, la Audiencia Provincial de La Coruña reabrió la causa por injurias contra el alcalde de Oleiros y su partido por sus ataques a tres concejales tránsfugas que votaron a favor de la moción de censura que arrebató la alcaldía de Alternativa dos Veciños en Carral. «No sabemos lo que le costaron los gorrinos al PP. Ojo, se venden como pata negra cuando son gorrinos de cochiquera», llegó a decir el propio alcalde de Oleiros.

La «burrocracia» autonómica

Cuando las cosas no salen como le gustan, Gelo tiene su propia manera de hacer las cosas. Capaz de saltarse cualquier formalismo institucional, el regidor llegó a acampar durante varios días dentro de una furgoneta en plena carretera para exigir el desbloqueo de unas obras viarias. Una espectacular puesta en escena que elevó a la categoría de parodia en 2018, cuando se plantó a las puertas del edificio administrativo de la Xunta, en Monelos, secundado por tres burros y sus cuidadores para protestar de forma literal contra la «burrocracia» autonómica.

Detrás de ese uniforme ideológico, se esconde un romántico empedernido. Y devoto de Julio Iglesias, del que llegó a ser su telonero. Toca la batería y el acordeón. De hecho, su primera batería la ganó faenando como mariscador en la ría de O Burgo. Su sueño frustrado siempre ha sido dedicarse por entero a la música, una vocación por la que sentía auténtica pasión pero que a su familia no le hacía mucha gracia. Es más que probable que no hubiera dado tanta guerra con las baquetas como en su faceta política: a sus 74 años, Gelo ya ha anunciado que volverá a encabezar las listas en las próximas elecciones municipales de 2027.