Juego tradicional de GaliciaXunta de Galicia

La porca, entre el hockey y el golf: el juego tradicional gallego que incluso muchos gallegos desconocen

Con un palo, una bola de madera y varios agujeros en el suelo, este antiguo entretenimiento sobrevivió especialmente en el sur de Galicia y guarda sorprendentes similitudes con dos deportes actuales

Antes de que el hockey y el golf se popularizaran como deportes, en algunas zonas de Galicia ya existía un juego que utilizaba un palo y una bola y que se desarrollaba alrededor de varios agujeros excavados en el terreno. Se llama a porca y, aunque hoy es prácticamente desconocido para buena parte de los gallegos, forma parte del patrimonio lúdico tradicional de la comunidad.

No era un juego sofisticado. Al contrario. Bastaban un espacio abierto, una pieza de madera y un palo. Pero detrás de esa sencillez había unas reglas, estrategias y movimientos que recuerdan inevitablemente a deportes mucho más conocidos en la actualidad. Algunas fuentes especializadas lo relacionan por sus características con el hockey y el golf.

De los montes gallegos a las aulas

La porca se jugaba fundamentalmente al aire libre y existen referencias que la sitúan especialmente durante el invierno, incluso mientras los jóvenes cuidaban del ganado. El funcionamiento resulta sorprendentemente sencillo. Cada participante disponía de un pequeño agujero o 'nicho' en el terreno. En el centro había otro agujero, de mayor tamaño, denominado 'cortello' (cortejo, en castellano), que debía defender el jugador que ejercía de porqueiro.

La misión de este jugador era introducir en el agujero central la bola de madera, conocida como a porca. Los demás trataban de impedirlo y alejarla con sus palos. Cuando el porqueiro conseguía meterla en el cortello, debía gritar '¡Hai trocos!' (Hay cambios, en castellano) y todos los jugadores tenían que cambiar rápidamente de nicho. En ese momento comenzaba una nueva disputa por ocupar uno de los agujeros.

El material también era completamente artesanal. El palo podía recibir nombres como moca, cachouna o caneira y tradicionalmente se fabricaba con madera de uz. La bola era de madera dura, preparada para soportar los golpes durante la partida.

Con el paso del tiempo fue perdiendo presencia en la vida cotidiana, pero diferentes iniciativas de recuperación del patrimonio lúdico gallego han seguido enseñando sus reglas. Y es que la porca no tuvo exactamente la misma presencia en todo el territorio gallego y su práctica estuvo especialmente vinculada al sur y, de manera destacada, a la provincia de Orense. Además, tenía distintos nombres dependiendo del lugar. Podía conocerse como porca, pino o cachona, entre otras denominaciones, una diversidad que refleja la riqueza de los juegos tradicionales gallegos y las variantes que surgían entre unas comarcas y otras.

Hoy cuesta encontrar a alguien que conozca sus reglas, incluso en Galicia. Es por esto, por lo que recuperar la porca supone, en cierto modo, recuperar una pequeña parte de esa Galicia que se jugaba en las calles y en los campos antes de que los deportes modernos ocuparan su lugar. Un patrimonio sin vitrinas ni monumentos, pero que todavía puede volver a la vida allí donde alguien recuerde cómo se jugaba.