Plaza de Santa Bárbara, en La CoruñaEl Ideal Gallego (Carlota Blanco)

Un remanso de piedra y silencio en el corazón de La Coruña: la plaza de Santa Bárbara

Este espacio fue declarado conjunto histórico-artístico en 1971 mediante un decreto firmado por el entonces jefe del Estado, Francisco Franco

Escondida del bullicio urbano y ajena a las prisas del siglo XXI, la plaza de Santa Bárbara, más conocida por los vecinos como plazuela de las Bárbaras, es uno de los lugares más bellos de La Coruña. Está situada en la zona alta de la Ciudad Vieja y posee un encanto especial gracias a su diseño recogido, los árboles y el crucero, además de colindar con el convento de las Madres Clarisas. Cruzar sus umbrales es dejar atrás el ruido del tráfico y adentrarse en un escenario de película histórica.

Fue declarada conjunto histórico-artístico en 1971 mediante un decreto firmado por el jefe del Estado, Francisco Franco. «Resulta así un evocador conjunto en el que la arquitectura popular que flanquea su costado norte contrasta con la solemne severidad de los muros conventuales. Para evitar que conjunto tan valioso pueda sufrir innovaciones o reformas que perjudiquen los elementos que lo integran se hace necesario colocarlo bajo la protección estatal, mediante la oportuna declaración», recoge la orden que le otorgó protección.

Además, el decreto obligó a la Corporación Municipal, así como los propietarios de los inmuebles afectados por esta declaración, «a la más estricta observancia de las Leyes del Tesoro Artístico, Municipal y del Suelo y de Ordenación Urbana».

El nombre de este recóndito enclave evoca los orígenes devotos del lugar. El convento de Santa Bárbara, que da nombre a la plaza, fue fundado en la segunda mitad del siglo XV y sirvió de base para ello la existencia de una antigua ermita. Se amplió su edificación en los siglos XVII y XVIII, y en él se conservan dos bellos e importantes relieves de época gótica, uno en la fachada sobre la puerta y otro en el vestíbulo de la iglesia. El primero es representación del juicio final y el segundo consiste en un tímpano en el que figura la Virgen Sedente con el Niño entre Santa Bárbara y Santa Catalina.

Visitar la plaza de Santa Bárbara es, en definitiva, un ejercicio de pausa obligada. Es descubrir el alma medieval y silenciosa de La Coruña, un recordatorio de que, en medio de la vorágine contemporánea, aún quedan reductos donde la historia respira en paz.