Un gran desconocido de la repostería gallega con siglos de historiaTurismo Pontedeume (Confitería Obradoiro)

El gran desconocido de la repostería tradicional de Galicia: un pan dulce con siglos de historia

Este dulce típico sorprende por su sabor, su esponjosidad y por su elaboración que desafía las normas convencionales de la panadería

Pontedeume, una localidad costera del norte de la provincia de La Coruña, esconde entre sus tradiciones gastronómicas un dulce con siglos de historia que, sin embargo, sigue siendo un gran desconocido fuera de su comarca.

Se trata de un pan dulce con un sabor característico a anís y manteca, cuya textura esponjosa y preparación poco convencional la convierten en una joya de la repostería gallega.

Un dulce con raíces humildes

Se trata de la proia que nació como una receta de aprovechamiento y que terminó por convertirse en uno de los postres más emblemáticos de Pontedeume. Antiguamente, los panaderos utilizaban los restos de masa de pan para elaborar este dulce, al que se le añadía azúcar y manteca antes de llevarlo al horno.

Con el paso del tiempo, la receta fue ganando entidad propia y actualmente se prepara desde cero, con ingredientes seleccionados y una elaboración cuidada. Su preparación comienza con la mezcla de harina, manteca, levadura, azúcar y anís, que se amasan hasta conseguir una masa suave.

Esta se hornea cubierta de azúcar, y en algunas ocasiones se le añade canela para dar un toque especial. Una vez cocida, se rocía con anís y se introduce nuevamente en el horno, donde el azúcar se funde y el anís se quema, dándole su característico sabor.

El consumo de este dulce se mantiene en la zona de Pontedeume y alrededores, y no ha logrado alcanzar la proyección de otros postres gallegos como la tarta de Santiago o la bica.

El secreto está en la técnica de trabajo

Uno de los elementos más distintivos de la proia es su sabor, dominado por el anís y la manteca de vaca cocida, dos ingredientes clave en la repostería tradicional gallega. Y es que la clave de este dulce está en la calidad de los ingredientes y en respetar el método tradicional de elaboración.

Otra particularidad técnica es la temperatura de trabajo de la masa. A diferencia de otras elaboraciones en las que se recomienda no superar los 26-28 °C durante el amasado, en el caso de la proia se necesita que la masa no baje de los 35 °C. Esto supone un reto incluso para los profesionales más experimentados, ya que trabajar con estas condiciones altera la forma habitual de tratar las masas.

La forma característica de la proia es rectangular y es más bien fina. El resultado final es un dulce con una textura esponjosa, con un interior húmedo que contrasta con su superficie dorada. Su sabor, aunque es predominantemente dulce, tiene un toque aromático gracias a la presencia destacada del anís.

Más allá de su sabor, la proia de Pontedeume es un producto tradicional, resultado de la combinación entre prácticas heredadas, el uso de ingredientes sencillos y el saber hacer.