El sacerdote Francisco Jesús Granados, ante el Centro Cívico Poniente Sur de CórdobaSamira Ouf Calero

«Nunca he visto tanto dolor concentrado en tan poco espacio»

El sacerdote Francisco Jesús Granados ha prestado atención espiritual a las familias de las víctimas del accidente de Adamuz

El Centro Cívico Poniente Sur ha sido desde la mañana del pasado lunes el epicentro del dolor y de la incertidumbre. Allí es donde las familias han esperado durante horas, incluso días, noticias de sus parientes que viajaban en los trenes siniestrados en Adamuz y que, en la práctica totalidad de los casos, han confirmado un fallecimiento del que se iban mentalizando conforme pasaba el tiempo.

Los primeros en llegar fueron los familiares que en la noche del domingo llegaron a Adamuz en busca de noticias sobre sus familiares al poco de ocurrir el accidente. En la mañana del lunes fueron trasladados en autobús desde dicha localidad hasta el Centro Cívico, donde han estado hasta la noche, momento en el que se dejaba de ofrecer información.

Dos párrocos

Todas han sido familias de otras provincias y en este punto de información han contado con atención sanitaria, de psicólogos, de Cruz Roja Española y también de dos sacerdotes que se han turnado en horario de mañana y de tarde para acompañarlos en lo que espiritualmente pudieran necesitar.

La idea partió de Manuel Sánchez, párroco de Virgen del Camino, a cuya feligresía pertenece el Centro Cívico Poniente Sur. Este llamó a Francisco Jesús Granados, párroco de la Inmaculada y San Alberto Magno, para participarle la idea por ser vecino cercano de esta zona de la capital cordobesa. Granados no se lo pensó dos veces y ha pasado las tardes en estas dependencias, dispuesto a dar lo mejor de sí a estas personas.

Francisco Jesús Granados, ante el Centro Cívico de Poniente Sur en CórdobaSamira Ouf Calero

Las familias se han repartido entre el salón de actos y algunas salas que se han habilitado para que tuvieran una mayor intimidad. Este sacerdote explica que su objetivo ha sido «estar presentes, hacernos visibles, llevar, en la medida de lo posible, un abrazo de consuelo, un apretón de manos, es estar con ellos en silencio, rezar con aquellos que nos lo piden y que perciban que la Iglesia siente su dolor».

La expresión del dolor

Esto, que es tan fácil de decir, no es en absoluto cómodo a la hora de practicarlo. Granados, con 25 años de sacerdocio a sus espaldas, ha pasado seis años de su vida en el Amazonas, por lo que nadie le tiene que explicar lo que es vivir en condiciones extremas. Por esto, su testimonio cobra más sentido cuando afirma con rotundidad que «nunca he visto tanto dolor concentrado en tan poco espacio».

Su misión estos días ha sido la de estar y ha visto cómo dentro del Centro Cívico las reacciones son variadas: «Hay de todo y cada uno lo expresa a su modo, porque unos tienen ganas de hablar y otros sólo de recibir un apretón de manos; otros, en la medida de lo posible porque son ya tres días, sí expresan ese dolor».

La falta de información

Aunque «ponerse en su pellejo es terrible» sabe que su sola presencia ya conforta de por sí. Además, al sufrimiento por la pérdida de un familiar, o varios, se ha sumado la desinformación sobre su paradero. «Ése es el punto más doloroso de todos, cuando tienes esa incertidumbre de si lo han identificado, que es terrible, muy dolorosa y crea un ambiente muy tenso que acrecienta el dolor», describe con el recuerdo de los rostros que quedan «quebrantados» por esta situación.

Familiares en el Centro Cívico Poniente Sur de Córdoba, el pasado lunesLuis A. Navarro

Francisco Jesús Granados reconoce el trabajo que en el Centro Cívico han desarrollado los psicólogos, los médicos y todos los que han prestado su ayuda a estas familias. Además, hay políticos que han acudido sin hacerse fotos y sin publicitarlo en sus redes sociales, como es el caso del consejero de Justicia, José Antonio Nieto, quien acudió a última hora del martes y les explicó a las familias cómo iba el proceso de identificación de los cadáveres.

En la tarde de ayer miércoles estuvo este sacerdote por última vez en el Centro Cívico de Poniente Sur. Sólo quedaban dos familias en el mismo, por lo que es más que probable que no vuelva este jueves. En estos tres días ha conocido de cerca las escalas más altas del sufrimiento humano y no olvidará haber visto por allí a los padres que han perdido a su hijo de 39 años, tripulante de uno de los trenes, o Cristina, la niña de Punta Umbría que se ha quedado no sólo sin sus padres, sino sin su hermano Pepe y su primo Félix.

Ahora, con la misión cumplida, Granados duda de si su labor ha sido efectiva, porque «la efectividad es cosa de profesionales y lo nuestro es ser afectivo, estar cerca, ponerse en su pellejo y dar un apretón de manos».