Embalse de Buenas Hierbas de Cardeña, entre Conquista y Azuel (Córdoba)Guardia Civil

Leonardo pone en evidencia la falta de inversión en infraestructuras hidráulicas

Agricultores y regantes de Córdoba reclaman acabar con la parálisis de 15 años en obra hidráulica, desbloquear las balsas y mantener los cauces limpios

La borrasca Leonardo ha vuelto a exponer las carencias estructurales de la gestión del agua en Córdoba y el conjunto de Andalucía. Mientras miles de litros se precipitan al mar y las parcelas agrícolas quedan anegadas por arroyos desbordados, el sector primario y los expertos coinciden en señalar una realidad que se repite cada década: las infraestructuras hidráulicas llevan años abandonadas y las soluciones siguen bloqueadas por la burocracia y la falta de voluntad política.

Pedro Parias, secretario general de Feragua, es tajante: «Ha habido una parálisis de obra hidráulica y, en particular, de las obras de regulación desde hace más de quince años. En toda Andalucía no se inicia una nueva obra». La última importante, explica, fue La Breña, que se cerró en 2009 o 2010. «Ninguna de las obras previstas en los planes hidrológicos —tanto de la cuenca del Guadalquivir como en las cuencas litorales andaluzas— está ahora en marcha», lamenta.

El mismo patrón cada década

Esta situación no es nueva. Los ciclos se repiten con precisión casi matemática. «Después de la tremenda sequía del 92 al 95 hubo periodos de lluvias intensas en el 96, 97 y 98, con situaciones como las que estamos viviendo ahora. Lo mismo volvió a ocurrir en 2010 y 2011, después de la sequía de 2006 a 2008», recuerda Parias. Para el responsable de Feragua, la solución es clara: «Los embalses son la mejor medida coste-beneficio para hacer frente a los retos del cambio climático, que son las sequías y las inundaciones».

Beatriz Sánchez, ingeniera superior de Caminos, Canales y Puertos por la Universidad de Granada y experta universitaria en control y explotación de estaciones depuradoras, es concejal y portavoz de Vox en el Ayuntamiento de Granada. Su formación política ha convertido el plan hidrológico nacional en uno de los ejes vertebrales de su programa desde su fundación. Sánchez comparte el diagnóstico aunque pone primero en valor lo que ya existe: «¿Qué hubiera ocurrido en este episodio sin la red que tenemos actualmente de presas y encauzamientos?». Pero reconoce que las decisiones políticas están fallando: «Es necesario y urgente un plan nacional del agua con interconexión entre cuencas, mejorar muchísimo los embalses de regulación, tuberías, riego... En España tenemos un régimen de precipitaciones muy irregular y por eso hay que regular nuestros ríos».

Agua que se pierde camino del Atlántico

La paradoja del agua que se pierde mientras los embalses siguen parados resulta especialmente dolorosa estos días. «Nuestro clima es así: cuando llueve, llueve con mucha fuerza y con mucha intensidad, y cuando hay sequía también lo hace con mucha intensidad», explica Parias, quien no esconde su frustración: «Aprobamos planes hidrológicos que nosotros apoyamos, confiando en que se van a hacer, y plan tras plan no se acomete ninguna de estas obras».

De las tres actuaciones planificadas en la cuenca del Guadalquivir, una —la ampliación de El Agrio— está redactando el proyecto. Las otras dos, las nuevas presas de Cerrada de la Puerta y San Calixto, apenas han iniciado los trámites para aprobar el pliego de condiciones. Los plazos son largos: entre diez y quince años. Mientras tanto, el agua sigue su curso hacia el Atlántico.

Las balsas reclamadas

Ante esta realidad, el sector agrario reclama una solución intermedia que podría ejecutarse con mayor rapidez: las balsas. Fernando Adell, presidente de Asaja Córdoba, lo planteaba días antes de que Leonardo golpeara la provincia: «Deberían permitirse bombeos directos a balsas de aguas de escorrentía invernales y eliminar las trabas administrativas que actualmente dificultan la construcción de balsas y microembalses».

Parias coincide plenamente y añade argumentos: «Las balsas también hacen función de decantación y permiten regar con riego localizado con mayor eficacia. Además, por muchas balsas que se puedan hacer, si hubiera un plan importante se podrían construir cientos, y al final ayudarían a bajar esa punta de las avenidas». El secretario general de Feragua hace un llamamiento directo a las administraciones: «Que agilice los trámites administrativos, técnicos y medioambientales, que son muy complejos. A veces hay mucha burocracia que desincentiva la inversión».

La queja sobre las trabas burocráticas es unánime. Desde Asaja señalan que «muchos de los problemas existentes derivan de la falta de coordinación entre la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir y las consejerías competentes en agricultura y medio ambiente». La organización agraria considera prioritario facilitar las autorizaciones de microembalses y balsas para regadíos y ganado, especialmente en la sierra cordobesa, donde «en determinadas épocas sufren problemas muy graves de abastecimiento». Actualmente no se permiten por estar en cauces públicos, ni tampoco se autorizan pozos alternativos.

«Ni ellos tocan ni nos dejan tocar»

Pero si hay un problema que Leonardo ha puesto de manifiesto con especial crudeza es el abandono de los cauces. David Corredera, encargado de una explotación agrícola en Palma del Río, describe la situación como «catastrófica»: «Fincas rotas con el río cruzando por medio, fruta que se pierde, arboleda que dentro de un mes posiblemente se seque, sistemas de riego que se han perdido... Y todo viene dado por una falta de mantenimiento de la Confederación».

Su queja es demoledora: «Ni ellos tocan ni nos dejan tocar». Corredera explica que hasta hace un par de años había vegetación que estaba prohibido quitar, algo que se ha modificado, «pero vamos tarde». Cuando solicitan permiso para limpiar, la respuesta es limitada: «Te dan un permiso para que tú puedas limpiar tu parte, no la parte del vecino de enfrente, solo tu parte, con lo cual no sirve de nada. Si el vecino no la limpia, no hemos hecho nada».

Las consecuencias son evidentes sobre el terreno: «Hoy día los arroyos no desembalsan por el cauce, desembalsan por las parcelas colindantes. Ya en medio de los arroyos hay cepas de eucalipto, cepas de olivo, cepas de todo, con lo cual están ciegos». El coste económico de abordar esta limpieza de forma individual resulta inasumible: «La economía de la agricultura no soporta ese coste. Hoy día no hay medios económicos para poder mantener una obra de ese tipo».

Obras «a medias» en los arroyos

En el arroyo Madre de Fuentes, donde el año pasado comenzó una obra de limpieza, Corredera es escéptico: «La limpieza no es tal cual, es un 'chapú' sobre el terreno. No se ha vuelto a poner la caja del arroyo, solamente se está limpiando lo que está por encima. Son obras a medias que sí va a sonar que se ha hecho, pero la función no es real».

Beatriz Sánchez coincide en la gravedad del problema: «La limpieza de cauces fluviales es muy necesaria. En Córdoba tenéis una necesidad muy importante de cuidar todos esos arroyos y ríos de la zona norte. Hay que evitar esas riadas, esas inundaciones, y algo que ocurre es que nos acordamos cuando diluvia de la limpieza de los cauces». La ingeniera de Vox subraya que «hay que fomentar los planes de actuaciones locales, porque se les exige a los municipios actuaciones para las que, a lo mejor, no tienen medios suficientes».

Presas antiguas sin revisión

El mantenimiento no solo afecta a los cauces. Parias recuerda que los ingenieros de Caminos vienen advirtiendo sobre el estado de las presas: «Hay muchas infraestructuras de presas que tienen muchos años y que necesitan revisión de los órganos de desagüe». Aunque reconoce que en los planes de ambas administraciones «hay paquetes de inversiones fuertes en mantenimiento», la pregunta es la misma de siempre: «¿Se ejecutarán o no se ejecutarán? En los planes están, en los presupuestos están...».

Sánchez lo expresa claramente en una moción que Vox presentó en noviembre de 2024 en el Parlamento andaluz, donde solicitaba «incrementar dotaciones presupuestarias» y «el presupuesto en mantenimiento, en mejora de infraestructuras hidráulicas de todo tipo: de suministro, de presas, de embalses y, cómo no, de limpieza de cauces». La moción incluía actuaciones específicas para Córdoba como «la mejora de cauces y creación de depósitos de retención para evitar inundaciones». Fue rechazada por el PP.

¿Quién tiene la responsabilidad?

Sobre dónde están los obstáculos, las respuestas apuntan en varias direcciones. Parias señala dos administraciones hidráulicas en Andalucía: «La estatal en el Guadalquivir, a través de la Confederación Hidrográfica, y la Junta de Andalucía en las cuencas litorales». Y añade: «A veces se escudan en Europa, pero tenemos que hacerles ver a los europeos que estamos en una zona, en un clima, que necesita el agua». Su conclusión es clara: «El Ministerio para la Transición Ecológica, desde hace ocho años, está absolutamente en contra de las presas, y casi no tiene ninguna en marcha en España».

Sánchez es igualmente crítica con las directrices europeas: «Las imposiciones que nos vienen con el Pacto Verde priorizan el caudal ecológico de los ríos sobre la prioridad de la vida humana. Esa seguridad pública debería ser prioritaria, no solo satisfacer la demanda, sino también garantizar la seguridad pública». Para la ingeniera, el problema de fondo es que «en Europa no se para a ver eso, no se diseña según cada tipo de territorio ni cada circunstancia».

El llamamiento final es unánime: hay que actuar. Asaja Córdoba reclama «medidas urgentes y coordinadas que permitan aprovechar mejor los recursos hídricos disponibles y garantizar la viabilidad del sector agrario y ganadero». Parias lo resume con una frase contundente: «Los usuarios estamos encantados de colaborar en eso, porque es que nos va la vida en ello: en tener garantía de agua para desarrollar nuestra actividad». Y Sánchez, desde su experiencia técnica, concluye: «Las decisiones políticas erróneas pueden acabar con un territorio, con su economía, con la población. Los políticos deberíamos ser más conscientes de lo que suponen nuestras decisiones».