Avión Douglas DC-7, en el Balcón del Guadalquivir (Córdoba)
Cuando un capricho político se convierte en un dolor de cabeza para el Ayuntamiento de Córdoba
La retirada del avión del Balcón del Guadalquivir no es tan fácil -ni tan rápida- como se preveía
Corrían los años en los que la ciudad navegaba en la cresta de la ola provocada por la efervescencia de la candidatura a la Capitalidad Cultura de 2016. A todo había que buscarle una vertiente cultural, incluso a un avión.
Todo ocurría en 2011, un año en el que la ciudad se veía fuerte para alcanzar ese objetivo en el que se había conseguido implicar a casi todos los sectores culturales de la capital. Pero 2011 era también un año electoral, ya que los cordobeses tenían en marzo una cita con las urnas para decidir quién iba a gobernar la ciudad en los siguientes cuatro año y una cabalgata por las calles de Córdoba con un avión desguazado era una puesta en escena que nadie se había permitido hasta entonces.
Si en una coctelera se mezcla la Capitalidad Cultural, un gobierno municipal de IU, con unas elecciones municipales y el regalo de un avión que nadie esperaba ni había pedido el resultado es un rosario de frustraciones que acaba con el anuncio más que esperado de la retirada de la aeronave del Balcón de Gualdaquivir.
Allí llegó a sólo dos meses de las elecciones con la promesa de ser un contenedor cultural de primer orden. Hace 15 años estaba de moda el término contenedor, que servía sobre todo para dar un exclusivo barniz de modernidad a lo que toda la vida había sido una sala de exposiciones o un salón de conferencias.
¿Qué se hace con el avión?
De aquellas elecciones salió un gobierno municipal del PP que, en verdad, no sabía qué hacer con el avión. La solución que buscó fue la de vincularlo en la adjudicación del establecimiento hostelero situado bajo sus alas llamado El Mirador del Río. La fórmula tampoco funcionó y en 2022 se rescindió la adjudicación al no dar uso al Douglas DC-7.
En agosto de 2024 se anunció la retirada del avión de los jardines del Balcón del Guadalquivir, ya que no sólo había sido vandalizado, sino que también había sufrido algún incendio y hubo quien le echó valor y vivió dentro. En ese momento, el alcalde, José María Bellido, expresó lo que muchos pensaban, que aquello «fue una ocurrencia más que un proyecto» y anunció que «la experiencia ha demostrado que es inútil», por lo que «lo que toca es quitarlo».
El avión llega al Pleno
Este jueves, la portavoz de Vox, Paula Badanelli, intervenía en el Pleno para preguntar que al cabo de casi dos años qué hay de ese anuncio. Fue el delegado de Urbanismo, Miguel Ángel Torrico, quien le explicó todo lo que se ha hecho en este tiempo, como «ponerse en contacto con el propietario, que estaba prácticamente desaparecido y ha sido complicado de localizar, pero era un paso jurídico necesario para seguir con cualquier otro trámite».
El dueño, Francisco Agulló, vive en Suiza y aprovecha su tiempo en recorrer los paises más lejanos, por lo que la comunicación con él no fue nada fácil. Finalmente, «una vez que nos contestó de forma fehaciente y legal, se procedió a desafectar el bien para poder quitarlo», trámites que ya se han hecho, según Torrico.
Retirada a coste cero
Ahora, para desmontarlo y para evitar que este paso le vuelva otra vez a costar el dinero al Consistorio, el delegado de Urbanismo expuso que «como los técnicos del Ayuntamiento no tienen conocimiento de cuánto vale un avión en proceso de chatarra hemos tenido que pedir un informe a un ingeniero aeronáutico para que evalúe el coste de retirada del avión".
Con este dato en poder el Ayuntamiento, ya que puede "hacer un pliego, que se está redactando ahora mismo y a punto de terminar, para licitar de tal forma que no le cueste al Ayuntamiento su retirada al tiempo que el licitador que lo consiga pueda quedarselo a modo de chatarra y poder resarcir sus gastos», según el edil.
Esta explicación no convenció a Badanelli, quien le reprochó a Torrico que «esto sería creible si hubiera traído datos, fechas y documentación» y le advirtió de la ligereza con que utilizaron el termino «inminente» al anunciar su retirada, para que «la próxima vez, antes de cacarear, comprueben que son capaces de cumplir sus compromisos».