Marcha del 8M en Córdoba
Vecinos y hosteleros discrepan sobre el ruido en Córdoba un año después de la nueva normativa andaluza
El tráfico sigue siendo el principal foco mientras la regulación sobre terrazas y eventos genera dudas sobre su aplicación
El Día Internacional de Concienciación sobre el Ruido llega este año a Córdoba con el inicio de la fiesta de las Cruces de Mayo y con una pregunta encima de la mesa: ¿se está aplicando de verdad la nueva normativa andaluza de calidad acústica? Poco más de un año después de su entrada en vigor, la sensación no es la misma para todos.
Este periódico ha tratado de recabar la versión del Ayuntamiento, sin obtener respuesta, pese a que la norma obliga a adaptar ordenanzas y controlar el impacto acústico de actividades, eventos o terrazas.
Los datos oficiales sí son claros. El Plan de Acción contra el Ruido de Córdoba apunta directamente al tráfico como el gran responsable. Más de 319.000 cordobeses viven en la zona analizada y, según el documento, más de 224.000 soportan niveles elevados de ruido por los vehículos. Ni el tren ni la industria se acercan a esas cifras.
Sin embargo, la sensación en la calle va por otro lado. Desde el Consejo del Movimiento Ciudadano, su presidente, Juan Andrés de Gracia, cree que Córdoba no es «especialmente ruidosa», pero sí reconoce puntos donde la situación se dispara. El principal, el casco histórico: «Se pervierte su esencia por el exceso de ruido», advierte.
Para De Gracia, el problema no es tanto la falta de normas como su aplicación. «Todos los ayuntamientos están obligados a cumplirla», recuerda, pero considera que «el Ayuntamiento se ha puesto de perfil».
Con la celebración de las Cruces, el debate se intensifica. «La normativa también afecta a las fiestas populares», insiste De Gracia. Puede haber excepciones, admite, pero «hay que justificarlas» y, sobre todo, «bajar el sonido por la tarde y por la noche». «No es normal que en las cruces no se pueda hablar», resume.
La hostelería no lo ve igual. El presidente de Hostecor, Jesús Guerrero, no discute la necesidad de regular, pero sí cómo se está planteando. «Primero habrá que ver cómo se mide», señala. Y no es una cuestión menor: «Los propios peritos no saben cómo hacerlo».
Guerrero pone ejemplos muy concretos: «Si una terraza está vacía y pasa un autobús o una moto, la medición se dispara». Por eso pide lógica antes de aplicar sanciones o restricciones.
El responsable de Hostecor pide no centrar el problema únicamente en el sector: «No puede ser que siempre se señale a lo mismo», afirma, y recuerda que «el tráfico rodado es más importante», en línea con los datos del plan municipal. Aun así, asegura que «más del 90% de la hostelería cumple» y añade que «por unos pocos no puede pagar todo el mundo».
Una normativa que no acaba de aterrizar
Guerrero introduce además un aspecto ligado a los hábitos sociales: «Estamos en Andalucía: en agosto, a las ocho de la tarde, nadie se sienta en una terraza». A partir de ahí, plantea la necesidad de equilibrio: «Tenemos que llegar a acuerdos con lógica. Vivimos de nuestros vecinos».
Hay un punto en el que todos coinciden: lo importante es qué se hace a partir de ahora. «El plan contra el ruido puede ayudar, pero hay que aplicarlo», advierte De Gracia. «Si se queda en un cajón, no servirá para nada».
Guerrero subraya además que, pese al tiempo transcurrido desde la entrada en vigor de la norma, «ni el Ayuntamiento ni la Junta se han dirigido a Hostecor para medir los decibelios de las terrazas», y apunta a que el trabajo se está canalizando a través de la patronal andaluza para definir cómo debe aplicarse en la práctica.