Naranjo del patio de la Mezquita CatedralRG

Los naranjos más antiguos de la Mezquita-Catedral de Córdoba rondan los 150 años

Los 97 cítricos del patio almacenan 98 toneladas de CO₂, producen tres millones de litros de oxígeno al año y filtran contaminantes

Los naranjos más antiguos del patio de la Mezquita-Catedral podrían rondar los 150 años. La estimación forma parte de los primeros resultados de un estudio desarrollado por la Universidad de Córdoba (UCO), que ha analizado uno a uno los 97 cítricos del recinto para conocer su edad, estado de conservación, diversidad genética y aportación ambiental.

El trabajo ha identificado 55 árboles viejos, ocho de ellos en estado de decrepitud, además de 31 ejemplares adultos y otros once jóvenes. Del total, 96 son naranjos agrios y solo uno pertenece a la especie dulce, Citrus sinensis, incorporada al patio en algún momento que no ha podido precisarse.

Los resultados preliminares han sido presentados este martes por el canónigo portavoz del Cabildo Catedral, José Juan Jiménez Güeto; la presidenta de CUCO, Carmen de Prado Ruiz-Santaella, y el doctor en Ciencias Biológicas del Departamento de Ingeniería Forestal de la UCO Ángel Lora González, coordinador de la investigación.

Carmen de Prado, Ángel Lora y José Juan Jiménez

El proyecto abarca dos campañas de cosecha y se desarrollan entre 2025 y 2027. La primera campaña ya ha concluido y la segunda se realizará durante el próximo invierno, por lo que algunas conclusiones deberán confirmarse mediante nuevos análisis. La investigación ha sido financiada por el XI Plan Propio de Investigación de la UCO, dentro de la modalidad UCOtransfiere.

Una edad calculada sin dañar los árboles

Determinar con exactitud la edad de los ejemplares más antiguos exigiría utilizar métodos invasivos que podrían causarles daños. El equipo ha renunciado a esa posibilidad y ha recurrido a una comparación con naranjos de las calles Torrijos y San Fernando cuya plantación está documentada en 1925.

El diámetro de aquellos ejemplares ha permitido establecer una referencia y calcular que los árboles más veteranos del patio tienen aproximadamente entre 140 y 150 años. La vida media de un naranjo se sitúa, según ha explicado Lora, alrededor de los 130, 140 o 150 años.

Los investigadores han medido el diámetro de los troncos, la altura hasta la primera rama y las dimensiones de las copas. También han registrado los daños existentes en cada pie. El estado medio del conjunto ha obtenido una puntuación de 3,58 sobre cinco.

Los jóvenes se han aproximado a la máxima calificación, mientras que los ocho ejemplares decrépitos han quedado en el nivel más bajo. «¿Cuándo deben sustituirse? Cuando se mueran. Se podrían quitar antes, pero ¿por qué?», ha respondido Lora.

Tres millones de litros de oxígeno

El estudio ha cifrado la aportación ambiental de la colección de cítricos en toneladas de CO₂ almacenado y millones de litros de oxígeno producidos cada año. Los árboles evapotranspiran además 28.000 litros de agua, un proceso que contribuye a regular la temperatura del recinto.

«Para hacerse una idea de la dimensión de estos datos, las más de 98,5 toneladas de CO₂ que almacena el arbolado del Patio equivalen aproximadamente al CO₂ que se liberaría al quemar unos 42.000 litros de gasolina. Además, los naranjos producen cada año más de tres millones de litros de oxígeno, una cantidad similar al oxígeno que consumirían en reposo unas 23 personas durante todo un año», ha explicado el canónigo portavoz del Cabildo Catedral, José Juan Jiménez Güeto.

«Eso es un termostato, un regulador de la temperatura de primer nivel», ha explicado Lora sobre la evapotranspiración del arbolado. El investigador ha resumido la producción de oxígeno recurriendo a otra comparación: «Están muy bien las electrolineras y las gasolineras, pero nosotros necesitamos «oxigenolineras» para vivir».

La investigación ha calculado también la absorción de monóxido de carbono, ozono y óxidos de nitrógeno y azufre, así como la cantidad de partículas filtradas. A medida que aumenta la edad y el volumen de los árboles, también crece su capacidad para prestar estos servicios ambientales.

«Conforme van ganando edad, ponen a disposición del entorno servicios ambientales que son fundamentales», ha indicado Lora. Los naranjos jóvenes apenas han comenzado a fijar carbono, mientras que los viejos y decrépitos han acumulado cantidades mucho mayores.

El equipo también ha estudiado el peso y la composición química de las naranjas. Los ejemplares adultos y viejos han producido los frutos de mayor tamaño. En algunos de los árboles decrépitos apenas se ha localizado una naranja y, en algún caso, ni siquiera ha sido posible recogerla por encontrarse en un punto inaccesible.

Contaminantes acumulados en los frutos

Uno de los resultados más llamativos procede del análisis de contaminantes presentes en las naranjas. El equipo ha examinado, entre otros compuestos, el benzopireno y diferentes hidrocarburos aromáticos policíclicos de cadena larga, considerados especialmente nocivos.

Los frutos recogidos en el Patio de los Naranjos han presentado concentraciones superiores a las encontradas en ejemplares del Alcázar, situado a unos 300 metros y también alejado de las zonas con tráfico intenso. Para los investigadores, la diferencia podría deberse a las características de ambos espacios.

El patio está rodeado por muros y tiene una ventilación menor, mientras que el Alcázar constituye un recinto más abierto. Los contaminantes suspendidos en el aire entrarían en el patio y serían retenidos por los naranjos, principalmente en sus frutos y, previsiblemente, también en las hojas, aunque estas últimas no se han analizado.

«Los árboles los están retirando, filtrando y acumulando», ha señalado Lora. La conclusión, no obstante, deberá contrastarse mediante la segunda campaña de recogida y análisis.

La comparación se ampliará a otros puntos de Córdoba. El Ayuntamiento ha facilitado al equipo las intensidades medias diarias de tráfico de distintas calles y plazas. A partir de estos datos, los investigadores han seleccionado zonas con diferente circulación para estudiar cómo se comportan sus naranjos frente a los del conjunto monumental.

La presencia de unos 25.000 naranjos repartidos por la ciudad permitirá disponer de una red amplia de muestras y comprobar la relación entre tráfico, ventilación y concentración de contaminantes.

Reponerlos con descendientes del patio

El análisis genético ha encontrado hasta ahora una elevada homogeneidad entre los naranjos. La principal excepción ha sido el único ejemplar dulce. Además de los 97 árboles del patio, se han enviado muestras de cuatro ejemplares antiguos de la calle Torrijos al Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias (IVIA), donde se encuentra el banco de germoplasma de cítricos.

La siguiente fase incluirá la secuenciación completa del genoma de algunos árboles. El propósito es averiguar si existe alguna particularidad genética y seleccionar los ejemplares con mayor interés para su reproducción.

El Cabildo mantiene un acuerdo con el Imgema para que el Jardín Botánico pueda multiplicar vegetativamente los naranjos escogidos. Los nuevos árboles crecerían allí hasta alcanzar el desarrollo necesario para ocupar las bajas que se produzcan en el patio.

«Cuando tengamos que hacer la sustitución de cualquier árbol, lo haremos por sus descendientes», ha explicado Jiménez Güeto. El objetivo no pasa por retirar anticipadamente los ocho ejemplares decrépitos, sino por preparar con tiempo sus futuros reemplazos y mantener la continuidad genética del conjunto.

Para el equipo investigador, el valor de los naranjos va más allá de su función ornamental. «La conservación y la renovación se deben planificar conjuntamente para el futuro del patio», ha concluido Lora.