Almudena Villegas, en la presentación de uno de sus librosSamira Ouf Calero

Almudena Villegas, o cómo esquivar dos catástrofes ferroviarias

La historiadora cordobesa estuvo a punto de viajar en los trenes accidentados de Adamuz y Toledo y denuncia el deterioro de un servicio que usa cada semana

«Nací una vez, pero hoy he vuelto a nacer». La historiadora, académica y escritora cordobesa Almudena Villegas todavía trataba de asimilar este miércoles lo ocurrido. En menos de un año ha estado a punto de viajar en dos trenes implicados en sendas catástrofes ferroviarias, la de Adamuz, el pasado enero, y la ocurrida esta mañana en la provincia de Toledo. En ambas ocasiones, una decisión de última hora la ha mantenido alejada de la tragedia. Ella lo atribuye a la «divina providencia».

En el caso de Adamuz, tenía previsto desplazarse a Madrid para asistir a una reunión importante, pero llevaba semanas sin ganas de hacer aquel viaje. «Me encanta ir a Madrid, donde trabajo, pero me estaba costando salir de casa», recuerda. Al final decidió quedarse. «Dije,mira, yo no me voy. Mañana ya diré que no podía por algo, pero no quiero ir en este tren». Aquella decisión le impidió encontrarse entre los pasajeros del convoy siniestrado.

Lo de este miércoles lo ha vivido aún más de cerca. Villegas estaba en la estación de Córdoba cuando vio pasar el tren que después sufriría el accidente. «Ha pasado delante de nosotros y ha parado. He tenido oportunidad hasta de tocarlo», relata. Incluso pensó en subirse para disponer de algo más de tiempo en Madrid. «No me he decidido, y lo han cerrado justo cuando iba a subirme», explica.

Tomó el siguiente, que quedó detenido en Ciudad Real tras conocerse el accidente. «Cuando la tragedia está tan cerca y hay tanto dolor, impacta todavía más», reconoce.

Una viajera habitual que ha perdido la confianza

Villegas viaja a Madrid al menos dos veces por semana y lo habitual es que vuelva a Córdoba en el día. Allí trabaja en la Universidad Pontificia Comillas, además de atender otros compromisos profesionales y sus responsabilidades académicas. Aunque Madrid le gusta mucho, admite que tanto viaje acaba cansando. «Después de dos veces, a uno se le quitan las ganas y apetece coger el coche».

Como usuaria habitual de la alta velocidad, asegura además que lleva años viendo cómo empeora el servicio. «Desde hace cuatro o cinco años ya se notaba una diferencia grande, y cada vez está peor», afirma. La escritora ya no puede trabajar en sus textos durante el trayecto. «No puedo escribir en el tren; casi ni teclear, porque se mueve mucho».

También señala deficiencias en los vagones. «Los aseos funcionan mal. El tren no es higiénico, está sucio, deteriorado, viejo», enumera. Si eso está así, añade, puede imaginar cómo estarán la maquinaria y las infraestructuras. Del personal de los trenes, en cambio, solo tiene buenas palabras. «Siguen siendo encantadores y son tan esclavos de un sistema podrido como los propios pasajeros», dice.

El miedo y las lágrimas en Ciudad Real

En el tren en el que viajaba este miércoles iban numerosos agricultores cordobeses camino de Madrid para participar en la protesta convocada por las organizaciones agrarias. Villegas recuerda que el grupo había salido de Córdoba con mucha alegría y que ella misma había pensado sumarse a la manifestación.

El ambiente cambió cuando el convoy quedó detenido y los pasajeros empezaron a saber lo sucedido. En Ciudad Real, donde pudieron bajar del tren, hubo llanto y nervios. «Al salir del tren, la gente lloraba y algunos estaban en shock, no por nosotros, que no nos ha pasado nada, sino pensando en las pobres personas», relata.

La tragedia de Adamuz estaba muy presente en las conversaciones. «Otra vez Adamuz, otra vez Adamuz», repetían algunos viajeros. Cuenta también que muchos mostraron su indignación con el Gobierno y que se escucharon gritos de «¡Fuera Sánchez!». «La gente estaba indignada. «Es que nos está matando», decían», asegura la historiadora, que sostiene que esas reacciones son la expresión de un malestar que va más allá de los problemas ya habituales ferroviarios.

A su juicio, los accidentes han puesto de manifiesto la necesidad de exigir responsabilidades políticas y de revisar el mantenimiento de las infraestructuras. «Eso es muy grave, tan grave que nos lleva a perder la vida», sostiene.

«El inepto debe salir de su puesto»

Villegas denuncia que lo ocurrido daña también la imagen de España. Durante toda la jornada ha atendido llamadas de medios de comunicación, algunos de ellos internacionales. «Yo creo que España entera está en shock. Lo que ocurre aquí tiene repercusión en todo el mundo, y nuestro escaparate está siendo muy negativo», afirma.

La historiadora pide que se investigue lo sucedido y que asuman responsabilidades quienes gestionan el sistema ferroviario. «Aquí nadie dimite. El inepto debe salir de su puesto».Ella es la segunda vez que se libra. «Hoy podría no estar haciendo esta entrevista, porque podría haber estado debajo de una vía, en el tren que iba a Madrid».

El peor rato de la jornada, con todo, no lo pasó ella, sino su marido. Cuando le llamó, el ruido y las voces de los pasajeros impidieron que él la reconociera. «Como había tanto ruido y tanta gente, no me ha reconocido la voz y ha creído que le llamaban para decirle que había habido un accidente y que yo iba en ese tren», explica. Durante unos instantes, su esposo pensó que Almudena viajaba en el tren accidentado. «Yo creo que ha pasado uno de los peores días de su vida», concluye.