Javier Luque
Javier Luque, librero
« El papel ha demostrado su fortaleza como vehículo de transmisión de conocimiento y así seguirá en el futuro»
En septiembre del pasado año, la Librería Luque cumplía 103 años de vida en una nueva ubicación en la calle Fray Luis de Granada. Sería, si las cuentas no nos salen mal, el sexto emplazamiento en su centenaria existencia. Desde la primera librería de la calle de La Plata en 1919 hasta esta nueva sede cercana a Los Patos y próxima a la nueva biblioteca pública ‘Grupo Cántico’ hay un recorrido lleno de vicisitudes, acontecimientos y circunstancias que no han podido ni con el apellido que da nombre a la firma ni con el amor que el negocio librero merece. Javier Luque (Córdoba, 1964) es nieto del fundador y un hombre que sabe lo que es la resistencia, eso que los nuevos gurús - que son los de siempre- llaman resiliencia en la neolengua para iletrados. La gente que lee libros resiste. Lo que los venden, a pesar del metaverso, también. En estos tiempos de zozobra ética e intelectual, donde prima la vanidad de la imagen y la nada como elemento común del poder político, conviene tener una librería cerca como un puerto seguro en el que refugiarse. Javier Luque nos acoge como solo un buen librero sabe hacerlo, con el refugio que los anaqueles aportan, con el olor humano del papel, con la sonrisa del que humildemente sabe que tiene el mejor oficio del mundo.
Javier Luque
- ¿Cómo ha ido la Feria del Libro?
- Muy bien. La verdad es que la Feria del Libro para nosotros es todo un acontecimiento y la esperamos con muchísimas ganas por la proyección que supone de cara al público y sobre todo por las ventas.Este año se han incrementado respecto al año pasado.
- ¿La venta de libros es un medidor de cómo puede ir una crisis económica?
- Yo creo que sí. Puede servir para ver cómo transcurre una crisis porque al fin y al cabo, a l no ser un artículo de primera necesidad la gente, si está más apurada, comprará menos o leerá en otros formatos o recurrirá más al préstamo de la biblioteca.
- ¿El confinamiento le vino bien al libro?
- Pues parece ser que sí, que sirvió para que la gente, al disponer de más tiempo, se reencontrara o encontrase con los libros. Creo que fue un gran estímulo para la lectura.
- ¿Recuerda cuál fue el primer libro que leyó entero?
- ¡Uy, ni idea! Yo me recuerdo siempre con un libro entre las manos. Date cuenta que nosotros vivíamos encima de la librería de la calle Gondomar. Nuestro paso para entrar y salir de casa no era el portal del edificio sino a través de la librería, que comunicaba con el portal.
- Se tiene una cierta imagen romántica del librero de la creo que usted huye.
- Sí, porque para saber de lo que se habla hay que estar en el oficio. Quizás antes podría tenerse esa visión más romántica, cuando la producción editorial era más limitada y el librero podría estar al tanto de lo que entraba, y cuáles eran los autores que tenía en la librería. Pero a partir de los años 80 estamos sufriendo una superproducción editorial que hace que sea muy difícil estar al día de todo. Por oficio sabes lo que entra, o qué merece la pena y qué no, pero se pierde ese vínculo directo con el libro. Ahora el trabajo del librero es muy pesado en el sentido de que hay que trastear con muchas cajas de novedades y de devoluciones que tienes que hacerle llegar otra vez al distribuidor. Hay gente que piensa que estamos todo el día leyendo libros, meditando y tratando con el cliente, pero la verdad es que no, sino que es bastante distinto.
- ¿Qué ha perdido y qué ha ganado la librería Luque en cada mudanza?
- Vamos ganando experiencia en el sentido de que cada mudanza nos viene dada porque nos tenemos que ir adaptando a las circunstancias sociales, económicas o del propio sector del libro. En cada cambio nos vamos quedando con lo mejor que hemos aprendido y nos sirve para proyectarlo al futuro. Las mudanzas son muy higiénicas en el sentido de que te desprendes de mucho lastre y te quedas con lo mejor.
En cada cambio nos vamos quedando con lo mejor que hemos aprendido y nos sirve para proyectarlo al futuro.
- ¿El que resiste vence?
- Sí, por supuesto . Esa es una máxima que tengo muy interiorizada.
- ¿Y el papel va a resistir?
- Sí, sin duda. El papel ha demostrado ya su fortaleza como vehículo de transmisión de conocimiento, para acceder al ocio o al entretenimiento. Creo que en el futuro seguirá siendo así porque independientemente de que haya otros formatos para aprender o entretenerse, nos nutrimos, como personas que somos, a través de nuestros sentidos y de las experiencias que vivimos. No es lo mismo leer en una pantalla que la experiencia de coger un libro, tenerlo en las manos y que te entre por varios sentidos; la vista, el tacto, el olor…
Javier Luque
- Usted es procurador ¿Pensaba que acabaría al frente de una librería?
- No. Además yo no estaba llamado a continuar el negocio familiar. De hecho mi hermano Antonio, que tristemente falleció muy joven, con 25 años, era el que se había formado estudiando empresariales y el que estaba más involucrado en el negocio de la librería. Yo opté por la carrera de derecho, empecé a trabajar como procurador y no me veía aquí. Las circunstancias mandan y parece que se repite el patrón, porque mi padre también era abogado y después de estar unos años ejerciendo, terminó en el negocio familiar, con mi abuela y mi tío. Al cabo de los años yo he seguido el mismo camino.
Yo no estaba llamado a continuar el negocio familiar.
- ¿Un libro que le haya emocionado especialmente?
- A mí me marcó Cien años de soledad. Cuando descubrí esa literatura nueva para mí fue darme cuenta de que, en efecto, en los libros hay mucho más de lo que estás acostumbrado a leer.
- ¿Y qué tiene ahora en la mesita de noche?
- Pues tengo a Laura Ferrero, que precisamente va a venir a la librería a presentar su último libro Los astronautas, y alguna guía turística, porque tenemos en mente un viaje y, aunque la información que pueda recabar por otros medios es muy útil, me gusta anticiparme no solo con la guía sino con alguna otra obra que me permita conocer antes lo que me voy a encontrar.
- ¿Los talleres de animación a la lectura sirven para animar a leer?
- Nosotros en la librería no hacemos talleres. En esta nueva ubicación en Fray Luis de Granada, al tener más espacio, estamos potenciando las actividades relacionadas con el libro de manera externalizada, como la gestión de las redes sociales, porque cada uno es especialista en lo que es y llega hasta donde llega. Hay una persona que se encarga de coordinar todas nuestras actividades, y sí es cierto que los cuentacuentos o actividades que tenemos para niños sirven para que los chavales desde chiquititos vengan a la librería, cojan los libros, los abran, los miren y los trasteen. Si los padres, cuando van con ellos a una librería les dicen que los libros no se tocan, nosotros les decimos todo lo contrario (ríe). También tenemos clubes de lectura y creo que la gente, al compartir la lectura, se motiva más para seguir leyendo. Por supuesto también seguimos con las presentaciones de libros, que hacen que venga gente que quizá, si no fuese por eso, no irían a una librería.Nos alegra ver que se sorprenden del fondo que tiene la librería, con materias para todos los gustos, y alguno sale con algún otro libro distinto del que viene a ver.
- Decía Sánchez Dragó que no necesariamente salen hijos lectores de padres lectores.
- Pero es cierto que viendo ese hábito en casa, se interioriza y se ve como algo normal. A veces se produce lo contrario, el efecto rebote, o bien el chaval o la chaval llegan al libro a través de otros canales y se hacen grandes lectores.
Javier Luque
- Por su profesión habrá conocido personalmente a muchos autores ¿Qué mito como lector se le ha caído como librero?
- No te podría decir. Preferiría darle la vuelta a la pregunta y hablarte de qué autor me ha marcado especialmente a la hora de conocerlo, por su sencillez, por su calidez y humanidad. Y ese fue Antonio Gala. Aprovechando que hicimos un trabajo para las redes sociales, que consistió en grabar a los cuarenta poetas principales de Córdoba, el primero de la lista, junto con Pablo García Baena, era Antonio Gala. Y nos recibió en su fundación, en su casa, donde le pedimos que leyera algunos de sus poemas para charlar después un rato con él. La verdad es que me dejó impresionado.
- Lo que sí está claro, recordando el dicho, es que en la Córdoba bravía sigue habiendo más tabernas que librerías.
- Sí (ríe) Pero no son incompatibles, todo lo contrario. Hace poco me encontré en la Ribera a una pareja de turistas sentados en una terraza leyendo un libro cada uno. Las vistas allí son las del Puente Romano y la Mezquita, todo un casco histórico en frente. Y estaban leyendo ensimismados mientras se tomaban un vino. Les hice una foto para una iniciativa que llevamos a cabo en redes sobre leer en Córdoba. Quiero decir con esto que leer y salir de cañas no es incompatible, sino reconfortante.