Cadetes de la Academia de Toledo en el puente de Alcolea
¿Por qué en el escudo de Córdoba está el título de Muy Hospitalaria?
La concesión fue una iniciativa personal que despertó una polémica en la ciudad
Desde la Edad Media existe la costumbre de ornamentar los escudos de los municipios con títulos concedidos por los reyes de cada momento y que sirven de timbre de gloria para cada uno de ellos así como también de reflejos de su propia historia. En el caso de Córdoba, sus armas han lucido desde siempre los títulos de Muy Noble y Muy Leal a los que más recientemente se incorporó, concretamente en 1911, el de Muy Hospitalaria que despierta más de una pregunta sobre su origen.
Lo reciente de esta concesión, hace poco más de un siglo, permite conocer los pormenores de la misma, así como la polémica que despertó en su momento por el método seguido para conseguirlo, que respondió más a un capricho personal que a un deseo de la ciudad mostrado por sus representantes legítimos.
Los cadetes de la Academia de Toledo
El origen está en la visita que realizaron a Córdoba los cadetes de la Academia de Infantería de Toledo. Aquello, que hoy día no pasaría de ser una noticia más, supuso todo un acontecimiento para la Córdoba de la época. Casi todos los estamentos se volcaron tanto en la organización de actividades de todo tipo como en los agasajos imprescindibles para hacer inolvidable su estancia.
La ciudad decidió salir de su letargo, aunque fuese el festivo mes de mayo, y se volcó en el recibimiento a los cadetes, así como en los numerosos actos y agasajos organizados durante estos dos días. Los militares fijaron Córdoba como una etapa de las rutas que periódicamente llevaban a cabo por distintos lugares de España en las que aprovechaban para hacer ejercicios y maniobras de todo tipo, además de para conocer 'in situ' la geografía nacional.
Desfile de los cadetes de la Academia de Toledo por la calle de la Feria
Por este motivo, las autoridades locales se dispusieron en Puerta Nueva para recibir la comitiva que llegaba andando desde Alcolea, que había sido la etapa precedente y donde habían recordados los dos hechos de armas por los que su puente ha pasado a la historia. Hasta allí se desplazo el Regimiento de la Reina, con sus 600 hombres, para acompañarlos en su entrada en Córdoba.
A partir de ese momento se sucedieron casi sin interrupción los almuerzos, conciertos, desfiles y bailes. Tampoco faltó la preceptiva visita a la Mezquita Catedral ni la becerrada organizada en la vieja plaza de toros de los Tejares.
Almuerzo de los cadetes de la Academia de Toledo
Córdoba era el punto final de ruta y desde aquí volvieron a Toledo, pero no lo hicieron andando sino en tren. La despedida de los cadetes en la estación de Cercadilla fue toda una muestra de tristeza por poner fin a dos días de diversión, tanto para unos como para otros.
José Osuna hace la petición
Esta visita de la Academia de Toledo podía quedar registrada en los anales de la ciudad como un hecho más, pero a los dos días de su despedida, el gerente del Diario de Córdoba, José Osuna, cuñado a su vez del director del mismo, Manuel García Lovera, publicaba un artículo en su periódico en el que decía que este hecho no podía quedar en el olvido. Por esto, pedía «a los poderes públicos, con toda nuestra alma, una distinción que sirva de imborrable recuerdo, a la vez que de imperecedero testimonio, de la admirable manera» con que los cordobeses habían recibido a los cadetes.
En concreto, Osuna pedía «una Gran Cruz en el pecho de su alcalde y un adjetivo encomiástico en el escudo de la ciudad [que] pudieran ser la expresión de gratitud que España diera a Córdoba». El gerente del Diario de Córdoba invitaba a otros medios de comunicación y a las entidades sociales para que se sumaran a la causa.
En aquella época, la solidaridad entre los dos grandes periódicos de la ciudad, el Diario de Córdoba y El Defensor de Córdoba, era muy estrecha y con bastante asiduidad colaboraban en causas comunes. en este caso no fue así y El Defensor no secundó la iniciativa de su colega como tampoco lo hicieron las denominadas entidades sociales.
La respuesta de Daniel Aguilera
Desde El Defensor respondió con rapidez su director, Daniel Aguilera, quien en un artículo titulado 'Hablemos de recompensas' dejaba claro la improcedencia de la iniciativa de José Osuna. En aquel momento había pasado poco más de una década del desastre de Cuba y Puerto Rico, del que muchos de los heridos eran desembarcados en Cádiz y trasladados al Hospital Militar de Córdoba. Lo mismo sucedió en 1908 con la masacre del barranco del Lobo.
Despedida en Cercadilla a los cadetes de la Academia de Toledo
Aguilera hace una lista con los que se volcaron en atender a las víctimas de la campaña de Melilla y nombra al obispo, al Cabildo Catedral, a la condesa de Hornachuelos, a Polonia López de Obregón, a Rafael Amigo «y tantos otros que merecieron recompensas por su comportamiento».
El director de El Defensor de Córdoba pone de relieve que los cadetes han tenido igual recibimiento en todos los lugares por los que han pasado y resalta «algunos de esos pueblos que se tenga en cuenta lo que han hecho con los escasos medios de que disponen». Así ocurrió en Villa del Río, donde en 15 minutos se alojaron a mil militares en 400 domicilios.
José Osuna siguió en solitario la batalla emprendida y a la vista de que la ciudad no se sumaba a su llamamiento decidió mover los hilos necesarios en Madrid a través de cordobeses influyentes en la Corte, como Antonio Barroso y Ricardo Aparicio, quienes lograron que Alfonso XIII firmara la concesión del título de Muy Hospitalaria a la ciudad de Córdoba el 23 de junio de ese mismo año.