Manuel Pimentel

Manuel PimentelJesús Caparrós

Manuel Pimentel, editor

«Nuestro negocio consiste en buscar buenos autores que sepan leer la sociedad actual y que la cuenten de forma especialmente hermosa»

La editorial cordobesa Almuzara cumple veinte años

En la planta superior de las instalaciones de la editorial Almuzara en el Parque Logístico de Córdoba se respira oxígeno con olor a papel y cierto sosiego literario. Supone un lujo estar rodeado de libros aunque no se sea lector. Los anaqueles desprenden sabiduría, conocimiento, historias. Todos ellos son una promesa, como un amor por descubrir. También produce vértigo saber que no tenemos vida suficiente para leerlos y que muchos se quedarán sin abrir. Es un vértigo similar al que provocan las naves gigantescas que justo debajo de las cálidas estanterías, albergan toneladas de publicaciones prestas para ser repartidas por el mundo.
Manuel Pimentel (Sevilla, 1961) se mueve por ambos escenarios, arriba y abajo, con esa soltura juvenil que mantiene a pesar de los años vividos intensamente en la política y en el mundo empresarial. Su editorial Almuzara cumple veinte años y ese es un aniversario feliz porque significa que ha sido un tiempo productivo, el que más, ya que su esfuerzo, tiempo e inversión se han dedicado a la cultura. Puede que a Pimentel se le siga recordando como el ministro de Trabajo que fue, pero lo que no cabe duda es que el legado de Almuzara ya es y seguirá siendo infinitamente más importante que el paso fugaz entre dos fechas por un gabinete determinado de unas siglas concretas.
A él se le ve contento en el cumpleaños y con la agenda repleta de retos y nuevos libros.
Manuel Pimentel

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- En veinte años han ocurrido muchas cosas. ¿Cuál ha sido el hito o los cambios más importantes en ese periodo?
- En el mundo veinte años dan para mucho. Nosotros empezamos en un momento que era realmente bueno para el mundo editorial. Se alcanzaron los máximos históricos, que fue en el 2007. También tuvimos uno o varios superventas en aquel momento. Después vino la crisis, y nosotros también la pasamos. Desde entonces fue cambiando el mercado editorial. y actualmente hay diferencias importantes. Los editoriales no estamos por los grandes best sellers, sino que funcionamos mucho más por nichos, por colecciones. Arqueología, historia, ciencia, matemáticas, o poesía. Y eso ha hecho que tengamos una elaboración editorial más compleja, pero al mismo tiempo algo más segura.
- Pero en esos veinte años, por ejemplo, hemos visto cómo Internet se implantó definitivamente.
- También hemos visto la aparición del e-book y del audiolibro. Pero en esencia, el negocio sigue siendo muy parecido. En la distribución de librería ha hecho irrupción Amazon, pero de cara al editor sigue siendo lo mismo, buscar autores de calidad que hagan una propuesta de valor a través de su libro. Sea este un valor de calidad literaria o de conocimiento. Y lo que han ido cambiando son los canales de distribución y los formatos. El formato papel, el audiolibro y el e-book. También está el pódcast asociado y otro tipo de instrumentos, aunque el pódcast no entra dentro de nuestros objetivos. En todo caso, es una herramienta de apoyo para la promoción. Pero el negocio, insisto, ha cambiado poco. Consiste en buscar buenos autores que sepan leer la sociedad actual y que sepan contarla de forma especialmente hermosa.
- ¿Cómo y por qué decidió montar una editorial?
- Bueno, yo había publicado ya con Planeta. Era autor de varios libros con esa y otras editoriales. Me gustan los libros y me gusta el mundo de la empresa. Y decidí que de mayor quería ser editor. [Ríe]
- ¿Y echa de menos a la política?
- No, nunca. La sigo de manera intelectual. Publicamos mucho de pensamiento político, a autores diversos. Fue una etapa bonita mientras duró. Para mí fue una experiencia muy gratificante, pero no volveré.
-Usted se dio de baja precisamente en el Partido Popular por no estar de acuerdo con la participación de España en la guerra de Irak. Aquello parece algo menor comparado con los vientos de guerra que ahora amenazan a Europa, ¿no?
- Sí, van unidos. Aquello yo creo que fue un error que se cometió,pero bueno, en todo caso un error en un contexto muy distinto. Ahora estamos entrando en guerra. La sociedad parece que quiere guerra, que está en el inconsciente colectivo. Y entre todos vamos dando pasos ciertos hacia ella.No es un contexto que afecte solo a España sino que nuestros vecinos europeos están con un aire más belicoso que nosotros todavía. No sé lo puede pasar, pero en otras etapas históricas donde el incremento de armamento, el rearme tan masivo que estamos viviendo, de confrontación y bloque, había subido también de la misma forma. Esperemos que en este caso por lo menos sean guerras parciales, fraccionadas y no una confrontación total. Pero a día de hoy los vientos de guerra soplan con fuerza.

Para mí la política fue una experiencia muy gratificante, pero no volveré.

- La historia es precisamente una de las líneas de publicación que más éxito tiene en Almuzara. ¿Aprendemos de la historia o se sigue cayendo en los mismos errores?
- Siempre se aprende de la historia. Todos hemos ido acumulando conocimiento. Uno aprende de la historia y sobre todo acumula conocimiento. Es decir, hoy en día sabemos muchas más cosas. Tenemos mucho más cacharros, más tecnología. Comprendemos mejor la vida, el universo. Pero el conocimiento no es sabiduría.Creo que hemos avanzado mucho en conocimiento, que acumulamos mucho más, pero la sabiduría es otra cosa.Eso es constante a lo largo de la historia y va por pulsos.
- Como editorial, ¿qué retos han superado en estos años y a cuáles se enfrentan a partir de ahora?
- Hemos superado muchos. Logramos superar la crisis del 2008, que en el mundo editorial fue muy fuerte. Pero cada día hay nuevos retos para nosotros.Como organización ahora somos una editorial media, con diversos sellos, con cierta complejidad interna. Uno de los retos es seguir creciendo sin disminuir en calidad. Internamente nuestra estructura hace que podamos responder como una organización que quiere todavía incorporar más sellos en su catálogo. Y para mí muy importante es la expansión por América. Ya tenemos distribución en la mayoría de los países. Creo que todavía se puede mejorar y algún día empezar también con una distribución propia, sin olvidar los retos propiamente digitales, que también es un mundo en donde estamos.
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- Vamos a seguir hablando de retos porque en su último libro La venganza del campo presenta amenazas tan importantes como la escasez de alimentos o un brutal encarecimiento de los productos. ¿Esto va a ser así?
- Dependerá de todos. Pero mi tesis es muy simple.En Europa hemos decidido autolimitarnos, restringirnos, encarecer los alimentos. Unos alimentos que eran tan baratos porque teníamos una globalización perfecta y la distribución se concentraba. Como hemos hablado antes hay vientos de guerra, hay desconfianza recíproca, nos estamos desglobalizando. La comida que venga de fuera va a ser más cara con toda seguridad.Aquí producimos menos y eso en el mercado lo pagas con subida de precios. Hemos olvidado que tenemos un campo no solamente para pasear, sino para producir los alimentos que precisamos y el campo se va a vengar con subida de precios. Ya se ha producido, de hecho. Un carro de la compra está al doble que antes de la pandemia. Y me temo que si seguimos así va a seguir subiendo.
- Pudiendo como hemos podido ser, y de hecho fue en su momento, la despensa de Europa, ¿no?
- Sí, esto es un fenómeno europeo. España es un país que tiene una potencia agrícola y agroindustrial tremenda, toda una potencia alimentaria que además genera mucha riqueza para toda la sociedad. Por lo tanto, es algo que tenemos que cuidar especialmente. Eso hace que a España no le interese las fronteras cerradas, sino un mundo de fronteras abiertas, con las mismas reglas de juego para todos, es decir, con transparencia. Y tienen razón los agricultores cuando protestan porque vienen productos a los cuales no se les exige lo mismo que aquí, pero también nos interesa. Si la sociedad europea no se toma en serio su agricultura, al final la venganza del campo llegará en forma de comida prohibitiva y frutos y hortalizas con precios solo para ricos. Nosotros mismos tenemos que decidir qué queremos.

Hemos olvidado que tenemos un campo no solamente para pasear, sino para producir los alimentos que precisamos y el campo se va a vengar con subida de precios.

- ¿Qué supone para usted esa rara avis televisiva que es ‘Arqueomanía’?
- A mí me gusta mucho la arqueología desde muy pequeño. Soy un apasionado de la divulgación y el poder conocer los yacimientos, atender los debates arqueológicos, conocer a los grandes arqueólogos me da mucho placer intelectual. Para mí es una auténtica fiesta. Yo tengo pocas vacaciones y casi que me lo tomo así con el placer de ir a entrevistar, de ver sitios nuevos. Es sorprendente todo lo que tenemos que aprender de nuestro propio pasado, la cantidad de civilizaciones, de ritos, de culturas que aún no conocemos ni le ponemos nombre y que están bajo nuestro cielo, muy cerca de nosotros.
- Pero además se ha mostrado usted como un gran divulgador.
- A mí me gusta mucho. Si logro transmitir la mitad de la pasión que siento, eso me hace muy feliz.
- ¿Qué libro está leyendo ahora mismo Manuel Pimentel?
- Acabo de terminar un libro de poesía. Es que yo leo mucho manuscrito y libros de papel. Es un libro de poesía de, curiosamente, Marcos de Quinto, que me lo ha pasado, y que leí ayer. Y en papel El candidato del Kremlin, uno que hemos sacado de espías del mismo autor de Gorrión Rojo, Jason Matthews.
- Almuzara cumple veinte años en un momento relativamente dulce de la lectura en España. Se lee cada vez más, afortunadamente. Quién lo diría.
- Sí, el mundo editorial de libros se ha demostrado muy tenaz. Es un mundo que mantiene ventas ligeramente al alza y por lo tanto, es estable. Es un sector maduro, pero todavía con cierto crecimiento que creo que vamos a tener estos próximos años, lo cual, en principio, es bueno. El asunto es que si como editorial queremos crecer, y el mercado crece muy poco, tenemos que hacerlo adquiriendo sellos o que nuestros libros cojan cuota de mercado, ganando más lectores que otros. Y ese es un reto grande.
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