Grupo de pelotaris

Cuando Córdoba vibraba en el frontón con las pelotaris

Otro de los atractivos era la posibilidad de jugar en unas quinielas, lo que en la práctica suponía la realización de apuestas de bajo impacto

Sí, en Córdoba hubo un frontón, que aún recuerdan los más mayores, y que durante unos años fomentó la afición al juego de pelota. En la actualidad no queda rastro alguno de dicho frontón, salvo algunas fotografías antiguas, y algún retazo en la memoria de un deporte exótico por estas latitudes que durante algunos años llegó a contar con seguidores.

El Frontón Córdoba abrió sus puertas en diciembre de 1945 en la plaza de las Tendillas, justo en el lugar en el que años más tarde se construiría el Palacio de Cine. Esta amplia cancha contaba con todas las comodidades propias de la época: gradas y palcos, dos bares-cafeterías, una amplia montera de cristal para favorecer la luz natural sobre la cancha y hasta un servicio médico atendido por el doctor Octavio Ruiz Santaella y el practicante Francisco de la Cruz Pabón.

Ante la lógica falta de afición a este deporte en la Córdoba de 1945 la fórmula era la programación de espectáculos a mano y a cesta, aunque lo que mantenía el negocio era la práctica de la pelota en la modalidad femenina de raqueta, con pelotaris que ofrecían sus habilidades a diario. Esporádicamente ocupaban los hombres la cancha y también se ofrecían otros espectáculos, como la lucha libre, tan en boga en aquellos años.

Plaza de las Tendillas, con el Frontón Córdoba junto al edificio Colomera

Además de ver las evoluciones de las pelotaris en el frontón, otro de los atractivos que tenía el Frontón Córdoba era la posibilidad de jugar en unas quinielas, lo que en la práctica suponía la realización de apuestas de bajo impacto en una época en que el juego estaba prohibido.

Una empresa catalana

Pese a ser un deporte de origen vasco, la empresa que gestionó el Frontón Córdoba perteneció sucesivamente a tres empresarios netamente catalanes, los señores Cuscó Pujol, Baró Puig y Sans Canet. Ellos conocían la fórmula del negocio, ya que desde principios del siglo XX se habían extendido los frontones por toda la región catalana y en Barcelona había un buen número de ellos, como los Sol y Sombra, Condal, Nuevo Mundo, Logroño, Palas y Sabadell, entre otros muchos.

El hecho de que quienes practicaran este deporte en Córdoba fuesen mayoritariamente mujeres no es una casualidad. Desde que en 1910 se comienza a jugar a la pelota con raqueta el número de féminas crece considerablemente. Un dato: en 1943, dos años antes de que abriera el Frontón Córdoba, la Delegación Nacional de Deportes tenía registrados 1.432 pelotaris en toda España, de los que 734, la mitad, eran mujeres.

Las pelotaris

Estas pelotaris se hicieron muy populares en la Córdoba de los años 40, con sus largas faldas pantalón y sus brazos al aire. La prensa recogía las informaciones de los partidos como si de cualquier otro deporte se tratara y esto dio el salto a la fama a jugadoras como Manoli, Felisa, Olguita, Paquita I, Marujita, Maruchi, Lolita, Victoria y otras muchas que no necesitaban de apellido para ser reconocidas por la afición. No todas ellas tenía procedencia vasca, pues había jugadoras de diversas provincias españolas, como Albira, que era de Huesca; Bolchita, de Sevilla, o Elisa, de Logroño, por lo que la afición por este deporte no conocía fronteras.

La plantilla del Frontón Córdoba rondaba la veintena de raquetas. Los partidos se anunciaban con los nombres de las pelotaris, algo que atraía sobremanera al público, que ya había aprendido a paladear el buen hacer de las zagueras, la habilidad de las delanteras o los saques fulminantes que desconcertaban a las rivales.

Las apuestas eran el otro atractivo de este deporte. El despacho abría pronto los días de partido, a las 09:00, y a la vista de las combinaciones de pelotaris que iba a disputarse los partidos se iban comprando los boletos. Los premios eran importantes y podía llegar a las 1.000 pesetas.

De vez en cuando, la empresa contrataba un pelotari que se enfrentaba en la cancha a una pareja femenina. Fueron muchos los que pasaron por el Frontón Córdoba, donde unos ganaron y otros perdieron. Uno de los jugadores que más expectativas levantó fue Ángel, considerado como «el mago de la raqueta», de quien se afirmaba que «además de ser un jugador de gran efectividad, une a su juego una vistosidad incomparable». Muy sonado fue su enfrentamiento a la pareja formada por Marita y Lina en el otoño de 1947.

El fin del frontón

El apogeo del juego de pelota en Córdoba duró muy poco. En algo más de dos año se diluyeron el frontón, las pelotaris y la afición que acudía a diario a la plaza de las Tendillas para ver los partidos, tomar algo mientras tanto y hacer alguna que otra apuesta. El fútbol, quizás, tendría algo que ver. La última actividad está registrada en la primavera de 1948 y poco después cierra sus puertas para su demolición.

Inmediatamente se levantaría en aquel solar el Palacio del Cine, con diseño del arquitecto Víctor Escribano, estrenado en diciembre de 1949. De la cancha a la gran pantalla, de las pelotaris a los actores y todo ello con aire acondicionado, una novedad que ahí se conoció por primera vez y que, lógicamente, contó con el aplauso de los cordobeses.