Miguel Ángel Perera saliendo a hombros por la puerta de Los CalifasDavid Mediavilla

Barata puerta grande para Perera

La presidencia estuvo desacertada, como la tarde anterior, en la concesión de los trofeos y el encierro de El Pilar resultó muy deslucido

Son muchos los detalles que definen la excelencia en un acontecimiento tan complejo como la corrida de toros. En el embudo emocional que se construye en una plaza de toros intervienen sutilezas, evidencias y análisis que, impregnados de una estética muy particular razona sobre elementos incontrolables que aluden a violencia, caos y brutalidad. Esos equilibrios tan delicados se ven alterados y aún rotos, cuando no se tienen en cuenta detalles que persiguen esa búsqueda inicial de la excelencia. Por ejemplo, la música en los Califas suena porque han venido y han de intervenir, sin el más mínimo criterio. El ejercicio de razonamiento que un espectador realiza cuando se sienta en su tendido se ve alterado con el martilleo inmisericorde de las notas musicales que suenan no para premiar y animar lo que se ve. Comienzan y acaban porque se ha de comenzar y se ha de acabar en algún momento. No se tienen en cuenta desarmes, calidad de lo que está sucediendo en la arena. Un despropósito absoluto.

Otro de los elementos que contribuyen a la persecución de esa excelencia es el edificio, que en nuestro caso es el que es. El coso cordobés es cómodo, pero estéticamente, lo queramos o no reconocer, no es la Maestranza. Pero si al menos estuviera limpia y adecentada, la cosa cambiaría. Pero no, los asientos y aún la plaza entera, presenta un aspecto muy descuidado, con butacas en los que cuesta la vida sentarse con riesgo cierto de tener de tirar a la basura el pantalón y la camisa de esa tarde. No sé a quién corresponde este menester, si a la propiedad o al arrendatario, pero no es de recibo tener que acudir a los toros con desinfectante y toallitas sanitarias.

En la búsqueda de la excelencia de la que venimos hablando desde el principio, hay otro actor imprescindible. La presidencia. Si en otros años, esta misma presidencia obró con el criterio correspondiente a una plaza de primera categoría, en esta feria ha mudado el juicio entrando en una espiral de transigencia y premio al por mayor que no es propio de los Califas. El parte fundamental en la vigilancia de la tradición, de la cordura y del nivel de Córdoba. De verdad que no doy crédito a las orejas que se están concediendo sobre faenas anodinas e insulsas sin valor artístico o emocional. Preocupante.

Así las cosas, en lo puramente taurino, el festejo de ayer resultó deslucido por el escaso juego que ofrecieron unos toros de El Pilar justitos de presencia, pero sobre todo, descastados, sin acometividad ni fuerza, que hicieron que todo lo que allí sucedió, a pesar de la apertura de la puerta grande, tuviera poco valor.

Perera en su primero se topó con un toro desrazado y un tanto incierto con el que empleó oficio, sobándolo y cambiándole los terrenos hasta conseguir arrancarle alguna tanda de mérito por el derecho. A su segundo lo saludó por verónicas con calidad, llegando a la muleta como sus hermanos, noblote y sin raza. Tampoco se podía achacar nada al matador que se exprimió consiguiendo algún muletazo de calidad y un arrimón final que, increíblemente, fue premiado ¡con una puerta grande en una plaza de primera!, cuando lo únicamente meritorio fue la extraordinaria estocada que le propinó a este segundo de su lote.

Emilio de Justo transitó por el mismo camino que Perera porque el material que tuvo enfrente fue un calco. Labor de enfermero a su primero, sosteniéndolo a media alturita, sin acometividad, saliendo suelto de los lances, sin hacer nada feo… Una lástima que un artista de la calidad y el potencial de Justo no pueda verse por las condiciones de sus rivales. De su segundo pocas notas hay reseñadas en la libreta de apuntes. Tiró del toro sin conexión con los tendidos por la falta de casta del toro.

Borja Jiménez también se estrelló con el mismo material. Saludó muy toreramente a su primero por verónicas, en tanto que en la muleta tiró del animal lo que pudo intercalando pasajes de más valor con otros en los que se situaba fuera de cacho. El final de esta faena, con ayudados por alto, fue lo mejor. Con su segundo repitió guion aunque un punto más acelerado, resultando su labor más turbia por la falta de reposo y el exceso de enganchones.

Con todo y visto lo visto, es tontería hablar de estructura de faena, medida, compromiso, emoción y todas esas cosas que se dan cita cuando se encuentran toro y torero en el escenario de una plaza de toros. Si no hay toro y si trocamos excelencias por naderías… mal vamos.

Ficha de la corrida de toros

- Coso de Los Califas. Un tercio de entrada en tarde calurosa.
- Toros de El Pilar de presentación justa, sin fuerza, ni raza que, en su mayoría, fueron pitados en el arrastre.
- Miguel Ángel Perera (De grana y oro). Estocada trasera. Aviso. (Palmas). Estoconazo (Dos orejas).
- Emilio de Justo (De catafalco y oro). Estocada (Silencio). Pinchazo y estocada trasera (Palmas).
- Borja Jiménez (De gris perla y oro). Dos bajonazos (Vuelta al ruedo). Tres pinchazos y descabello. Aviso (Silencio).