El actual equipo de Teatro AvantiAvanti

Veinte años de resistencia cultural en Córdoba: el pulso inquebrantable de Teatro Avanti

Daniel Ceballos y Paco Santofimia recuerdan cómo un grupo de «locos» ha mantenido viva la escena alternativa con pasión, sacrificio y una apuesta firme por la formación artística

Teatro Avanti celebra este 2025 dos décadas de vida y lo ha hecho con la presentación de su programación de otoño, en una cita que ha servido también para mirar atrás y valorar el esfuerzo que ha supuesto mantener abierta una sala independiente en Córdoba durante veinte años. Dos de sus miembros fundadores, Daniel Ceballos y Paco Santofimia, han definido la trayectoria como una labor «de sacrificio, de pasión y de mucho trabajo», nacida de la convicción de que la ciudad necesitaba un espacio alternativo al Gran Teatro y a los equipamientos públicos, algo que no existía cuando empezaron.

Avanti nació, como ellos mismos contaron, «de la locura de unos cuantos» que se empeñaron en abrir un lugar para la creación escénica. «Si no fuera por el gusto y la pasión que sentimos por esto, hace tiempo que habríamos cerrado», ha admitido Ceballos, subrayando que el proyecto se ha sostenido sobre tres pilares: programación, formación y producción propia. Hoy, Avanti es referencia no solo en Córdoba, sino también en otros puntos de España, con giras que han llevado sus montajes a escenarios de otras provincias.

El esfuerzo, recalcan, ha sido permanente. «Esto es veinticuatro horas, trescientos sesenta y cinco días al año», ha señalado Santofimia, convencido de que el teatro cumple además una función educativa esencial. Con más de 300 alumnos anuales en su escuela y una demanda creciente, Avanti se ha consolidado como un espacio donde los jóvenes «descubren la experiencia de las artes, desarrollan confianza y combaten la inseguridad que marca el mundo actual».

Educación, terapia y cambio social

El teatro ha desempeñado también un papel inesperado: el terapéutico. «Ahora que se habla mucho de la salud mental, somos una alternativa», ha explicado Ceballos, subrayando que la práctica escénica contribuye a la desinhibición, la confianza y el equilibrio personal. Técnicas como el psicodrama, el sociodrama o la expresión corporal convierten a Avanti en un espacio donde niños y adolescentes encuentran herramientas para afrontar la vida cotidiana. «Los chavales vienen con ilusión y con ganas, porque aquí se sienten vistos, escuchados y queridos», ha añadido Santofimia.

En estas dos décadas también observaron cómo ha cambiado el público infantil. «Hace veinte o treinta años, un niño de comunión pedía payasos; hoy prefiere una pantalla de videojuegos o TikTok», explicaron, convencidos de que esa transformación se relaciona con la educación y con el peso de la tecnología. En los primeros años reservaban siempre las primeras filas de la sala a los niños, en un intento por fomentar su autonomía y acercarlos a la experiencia teatral. Eso ya no se hace porque el perfil de los niños (y de los padres) también ha cambiado.

El equipo actual de Teatro Avanti, en la entrada a la sala.Avanti

El apoyo decisivo de los Salesianos

Nada de todo esto se entiende sin el papel de los Salesianos, que cedieron a Avanti el espacio en el que hoy desarrolla su actividad. Los fundadores recordaron que, tras tocar muchas puertas sin éxito, fue el director del colegio salesiano, Paco Ruiz, quien apostó por abrirles las puertas del antiguo cine-club. Desde entonces, el teatro se comparte en una convivencia que ha permitido modernizar la sala, dotarla de infraestructura técnica y mantenerla como un equipamiento vivo. «Sin los Salesianos, estos veinte años no habrían sido posibles», han reconocido.

La historia de Avanti está llena de anécdotas, como cuando, al iniciar la aventura, presentaron el proyecto en un puesto del mercado de la Corredera con gorros de pescaderos, o cuando se toparon con una reja que no podían abrir al llegar por primera vez al teatro. «Esa metáfora es bonita: no podíamos abrir la reja del teatro, y llevamos veinte años abriendo el teatro para la ciudad».

Veinte años después, el espíritu de aquellos «locos» sigue intacto. Avanti no solo ha resistido, sino que ha crecido como escuela, como compañía y como motor cultural. «El teatro nunca se acabará mientras un niño se disfrace», ha dicho Ceballos, convencido de que la clave de este viaje ha sido hacer del teatro un espacio de encuentro, de formación y de equilibrio personal.