La tarde que no fue
Víctor Hernández, presenta un concepto artístico elevado, elegante y firme en su planteamiento. El encierro de Núñez de Tarifa no propició el triunfo de los actuantes
Borja Jiménez
Sí, pero no. La corrida de ayer, tercera de abono, transcurrió en un querer y no poder en el que el deseo de triunfo de los espadas y de un público agradecido y complaciente, se enfrentó con la realidad que dictaba la falta de fuerza, mansedumbre y poca clase de un encierro, otro, que no embistió. Es el toreo moderno. Toritos con la fuerza y la agresividad medidas para poder estar sin demasiado aprieto. Faenitas que van y vienen, rozando la orejita, el buen ratito, el poderlo contar luego sin más estrecheces y lejos, muy lejos de esa funesta manía del pensar, que es lo que debería suponer una corrida de toros con independencia de su creación artística. La relación del hombre con el toro, es decir, una corrida de toros en formato moderno, no debería ser o no ser una cosa común, un sí pero no, un comentario dulce que no resiste una discusión de pareceres o ideas sobre conceptos complejos. Todo se reduce a eso, a la faenita al torito.
Planteado el escenario en el que se desarrolló lo conceptual, en lo concreto de la lidia, los tres actuantes mostraron credenciales diferenciadas en dos grupos. Por un lado la decisión, el deseo cierto de querer ser torero, personificado en la realidad que ya es Borja Jiménez y en la no menos consolidada apuesta de Marco Pérez. Por otro lado, la vertiente más inspirada en lo artístico por parte de Víctor Hernández. Cualquiera de las dos apuestas podía haber triunfado, ninguna lo hizo a carta cabal. Todo transcurrió en sonrisa complaciente que huye de la inquietud del juicio, no sea que la razón nos demuestre que no nos divertimos tanto como dijimos al llegar a la feria.
Así las cosas, Borja Jiménez manejó con soltura y despaciosidad el capote en el recibo a su primero, que salía suelto de las suertes, como todo el encierro. Con la muleta se mostró poderoso, con mano baja y trazo confuso. No conectó con el tendido. Ese trazo confuso que aparentaba calidad desconocía el temple.
A su segundo, que llegó frenándose en el capote, le recetó una faena de similar concepto. Muleta transformada en látigo para un toro mansote. Ni izquierda ni derecha. Ese poder sometedor si no tiene enfrente un poder susceptible de ser sometido, se transforma en ridículo.
Víctor Hernández
Víctor Hernández, por su parte, presenta un concepto artístico elevado. Elegante y firme en su planteamiento, en su primero, otro toro sin fijeza que, como buen cobarde, atacaba cuando se sentía ganador, con el banderillero corriendo hacia las tablas, en tanto que huía de los escenarios de conflicto cuando se sentía vencido. A la altura de la segunda serie por la derecha la faena comenzó a alcanzar vuelo. Buen trazo, mano baja que remata atrás de la cadera y copia de modelo por el otro pitón. Un sí.
Intentó el torero madrileño repetir modelo en su segundo oponente, pero la contundencia no fue la misma. Antes de la muleta, el animal iba y venía como si tal cosa, tan pronto soltaba la cara como miraba para toriles buscando la puerta de salida. Inició el trasteo por estatuarios, perdidos del repertorio actual por sabe Dios qué designios. Así, en derechura y verticalidad ejecutó dos series por el pitón derecho con peso, hasta que se terminó de aburrir el animal obligando al matador a tomar el camino de la cercanía y el desplante, tan premiado por el público que gusta de la forma y evita el fondo, no sea que allí habite alguna idea que deba ser analizada.
Marco Pérez está decidido a ser torero. Presentó sus credenciales sin mediar trámite administrativo. Su faena de muleta al primero la inició a dos manos rodilla en tierra, pero las cortas embestidas de su oponente, a pesar de su intento por la izquierda de llevarlo largo y alguna mirada de compromiso, le convencieron de que el camino para conseguir el ineludible triunfo era sacrificar calidad de la arquitectura de las series por las salidas de cacho, adornos de martinetes y vaivenes de muleta pasando al toro en rectitud al resultar inviable la curvatura de la embestida por la flojedad.
La labor a su segundo resultó una porfía en el que el mayor logro resultó la acumulación de pases a media altura sin sentido ni emoción.
La tarde… un sí, pero no.
Ficha técnica
•Cinco toros de Núñez de Tarifa, de presentación justa, que se taparon por las caras en varios ejemplares. Sin fuerza y sin raza que, en su mayoría fueron al desolladero sin pronunciación del respetable en el arrastre. Algún pito, alguna palmita. Un sexto toro de La Palmosilla, que saltó al ruedo al partirse un pitón el titular del encierro. Sin fuerza, distraído y mansurrón.
•Borja Jiménez (De azul Soraya y oro). Estocada caída. (Ovación). Pinchazo y estocada. (Saludos desde el tercio).
•Víctor Hernández (De blanco y oro). Estocada tendida y trasera. (Oreja). Tres pinchazos y media (Saludos).
•Marco Pérez (De barquillo y oro). Estocada (Oreja). Media estocada (Vuelta al ruedo tras petición).