El cine permitió a una madre de Córdoba reunirse con su hijo desaparecido 22 años atrás
Isabel Monroy asistía a la proyección de la película Del mismo barro, producción hablada en español de la productora Fox Films, cuando reconoció a su hijo Rafael en pantalla
Rafael Valverde abraza a su madre
Pongámonos en situación. Antes de llegar al climax de nuestra historia retrocedamos a la primera década del siglo XX. Rafael Valverde Monroy es un joven inquieto de 19 años al que parece que Córdoba le viene pequeña. Su vida fue una aventura desde que se embarcó para hacer las Américas y la peripecia de su regreso a Córdoba es una de esas cosas que pasan solo una vez en muchas vidas.
La revista Film Selectos, en su número del 2 de mayo de 1931 titulaba «La mejor obra del cine hablado» la crónica de este particular «suceso». ”Acudió doña Isabel Monroy a un salón de cine de Córdoba, más que por divertirse por acompañar a algunos de sus familiares y, al proyectarse la película Del mismo barro, reconoció en uno de sus personajes a su hijo. No le valió a éste ir caracterizado: la madre oyó su voz, se fijó bien, gritó un ¡hijo mío! Y cayó, presa de un síncope”.
No quedó en mera anécdota esta noticia del soponcio de la señora en plena proyección, ya que se hizo eco toda la prensa nacional de punta a punta del país (Diario de la Marina, El Adelanto, El Heraldo de Madrid, El Luchador, El Sur…) e incluso llegó a la República Dominicana merced a la difusión de la noticia en Listín Diario, aunque como cebo para promocionar el estreno de la película en varias salas. Doña Isabel había reconocido a su hijo, del que no tenía noticias desde hacía 22 años.
Foto de estudio de Rafael Valverde Monroy
La película Del mismo barro (1931) formaba parte de la política de la productora norteamericana Fox Pictures de conquistar el mercado hispano mediante películas habladas en español con intérpretes tanto españoles como de países donde el español era el idioma oficial.
Fue un auténtico bombazo que estuvo más de un año en cartel en las pantallas de España y uno de los mayores éxitos del cine de su época a lo largo y ancho del mundo. Un dramón en el que Elena, doncella en casa de la familia Fullerton, es asediada por todos sus miembros y se queda embarazada del señorito Jorge. Protagonizada por Mona Maris, Juan Torena, Carlos Villarías (actor cordobés que al año siguiente encarnaría a Drácula en la versión en español que llevó al celuloide el estudio Universal Pictures) y nuestro otro cordobés en el reparto, Rafael Valverde Monroy, dando vida a Edwards, el mayordomo de la casa.
Versión novelada de la película Del mismo barro
La familia hizo indagaciones a través de la Embajada y Consulado de Estados Unidos y como no lograron tener noticias de su paradero, escribieron directamente a la Fox en Los Ángeles. La carta llegó a manos de Rafael Valverde, que contestó a la misiva anunciando una próxima visita a Córdoba. Valverde creía que sus padres habían fallecido y pudo reencontrarse con su anciana madre y sus hermanos, algunos de los cuales no le conocían. Su madre ya no pasaría más fatigas económicas porque su hijo había triunfado y así lo hizo saber.
Rafael Valverde Monroy abraza a su madre en el domicilio materno
El actor y también director artístico declaró a los periodistas que nunca creyó poder volver a ver España y menos reencontrarse con su madre. Fue informado de que tanto su padre, que llegó a ser interventor del Banco de España, como algunos de sus hermanos habían pasado a mejor vida años atrás y a los periodistas que le recibieron en Córdoba les relató sus azares y su posterior triunfo en el mundo del cine. Es de destacar la relación profesional que mantuvo con un director reputado de la época como era Raoul Walsh, que le dio la oportunidad de actuar como secundario en la película Los amores de Carmen (1927), basado en la obra de Prosper Mérimée, junto a un actor emergente como Victor McLaglen, encarnando nuestro Rafael el papel de Miguel.
Cartel americano de Los amores de Carmen
Reparto de Los amores de Carmen. Nótese la errata en el nombre de Valverde
Rafael Valverde (izda.) junto a Victor McLaglen en Los amores de Carmen
Rafael, que había estudiado en el Colegio de los Salesianos y que ya desde niño demostró ser un culo inquieto con ganas de aventuras y viajes, emigró el 13 de junio de 1909 con destino a Cuba con el anhelo de volver rico, según su propio relato, aunque los inicios no fueron nada fáciles. Tomó parte en varias becerradas en Cuba y el afán de mejorar lo llevó a Méjico buscando nuevos horizontes, donde residió cerca de dos años, trabajando como bracero y minero. Cruzó la frontera y arribó primero a Arizona, donde también tuvo trabajos eventuales y de ahí se dirigió a California, donde ya se había instalado una importante colonia española.
Consiguió un trabajo en una fábrica, logrando reunir algún dinero. Logró que lo contrataran como extra en una casa productora de películas mudas, recibiendo un sueldo de un dólar diario, del que había que descontar diez centavos por el uso del teléfono. actuando como extra durante dos años, con exiguos sueldos que apenas le permitían vivir. Posteriormente, la Fox llamó a su puerta, ya que Walsh se había fijado en él y, al comenzar el cine hablado, destacó tanto como actor como director artístico en producciones realizadas en el idioma de Cervantes.
A sus 42 años (nació en 1889) Valverde volvía a la ciudad que le vio nacer con un sueldo semanal de cuatrocientos dólares y con un permiso de la Fox para permanecer un año en España, con la encomienda de realizar trabajos para preparar películas habladas en español para dicho estudio, trabajos que ya había desempeñado en films como El cuerpo del delito, La gran pelea, la mencionada Del mismo barro, El precio de un beso o Ladrón de amor, ya fuera apareciendo en pantalla o como director artístico y redactor-traductor de la Fox.
Visitó a su madre, visitó la iglesia de San Rafael y se reunió con su amigo de la infancia Antonio Estévez en la Taberna del Bolillo, donde departió con conocidos y parroquianos que querían saber de las andanzas de este triunfador en tierras americanas. Se le ofreció el 23 de octubre de aquel 1931 un banquete en la Hostería El Laurel al que asistieron veinte comensales y las películas en las que él intervenía se reponían en el Teatro Duque de Rivas de Córdoba. Cuestionado por los periodistas sobre porqué era tan frecuente ver en muchas películas rodadas «las eternas españoladas que tanto nos ridiculizan», Valverde respondió que la explicación era bien lógica, ya que «los norteamericanos producen para sus ciento y pico millones de súbditos, que conocen España a través de ridículas novelas de ladrones, toreros y majas con navaja en la liga y todo lo que se aparte de esto no es la España que ellos imaginan».
Rafael Valverde junto a varios amigos en la Taberna El Bolillo
Tras reunirse con su familia, sus amigos entrañables y disfrutar de una Córdoba que había cambiado lo suyo en más de cuatro lustros, en mayo de 1933, una vez cumplido el permiso otorgado por el estudio, Rafael Valverde Monroy regresó a Estados Unidos.
No sería su última visita en aquellos años a nuestro país, ya que en junio de 1935, tras recibir un nuevo agasajo en el Restaurant Múnich de la capital cordobesa, partió hacia Gibraltar con destino a Nueva York a cumplir el nuevo contrato que había firmado Con la Fox y con Paramount para desempeñar sus funciones en películas hechas en inglés con reparto americano.
Rafael Valverde, un cordobés que fue uno de los primeros españoles pioneros en Hollywood y cuya figura ha quedado algo velada por el paso del tiempo. Cosas que pasan. A veces desapercibidas. Como esta, una historia que podría haber servido de base para escribir un guión en el Hollywood clásico.