130 años del gigante de La Corredera: La historia del mercado que transformó la vida comercial de Córdoba

El 2 de agosto de 1896 se inauguraba el mercado de abastos que ocupó el centro de la conocida plaza, un edificio tan singular como curioso su proceso de construcción

Exterior del mercado central de la CorrederaArchivo Municipal Córdoba

«Con asistencia del Ayuntamiento, de representaciones del Clero, de la milicia, de todo el elemento oficial, de la prensa local y los corresponsales de algunos periódicos madrileños, tuvo efecto ayer, á las once de la mañana, el solemne acto de bendición y apertura oficial del magnífico edificio construido en la plaza Mayor de bastos, destinado á mercado público». Así rezaba el 'Diario de Córdoba de comercio, industria, administración, noticias y avisos' del 3 de agosto de 1896. El día anterior, 2 de agosto, hace justo 130 años, tenía lugar la apertura del mercado central de la Plaza de la Corredera, que se mantuvo en este conocido rincón hasta su demolición en 1959.

El mercado era una construcción en el centro mismo de la plaza, que quedaba, por tanto, ocupado. La Corredera perdía, gran parte de su superficie, abierta de 5.500 metros cuadrados, como veremos de inmediato. En concreto, y como sigue narrando el periódico de aquel día, el rectángulo contaba con 91 metros de largo por 36 de ancho, para una superficie total de 3.276 metros cuadrados. Albergaba nada más y nada menos que 400 puestos de hierro, madera y mármol dispuestos en cuatro calles de cinco metros de ancho. que daban a arcos « (...) de cuatro metros de luz por 8 de altura».

Exterior del mercado central de la CorrederaArchivo Municipal Córdoba

Para la ocasión, los altos hornos de Bilbao habían construido las mayores columnas de fundición que dicha factoría había fabricado hasta la fecha. En ellas descansaba una nave central de 22'5 metros de luz, es decir, de ancho interior sin ningún pilar por medio. Todo ello con el sistema llamado Polonceau, una armadura o cercha metálica para cubiertas, inventada en el siglo XIX por el ingeniero francés Camille Polonceau. También fue conocida como triángulo francés. Servía para sostener techos anchos pero de forma ligera y segura.

Armadura tipo Polonceauamgorriz

«Las naves laterales tienen cada una 5 metros y 1/2 de luz. Sobre la armadura de la nave central se apoya un lucernario de cristal raspado, que cubre toda la longitud del Mercado», continuaba el 'Diario Córdoba'. El edificio, en suma destacó por una cuidada combinación de materiales y un marcado estilo neoclásico de inspiración grecorromana. Para garantizar la máxima durabilidad e higiene en un entorno de gran tránsito, sus muros se levantaron sobre un zócalo de piedra caliza negra combinada con ladrillo visto y mampostería, reservando la piedra caliza franca para esculpir los detalles ornamentales, tales como molduras, cornisas, impostas y las archivoltas de sus arcos. En el exterior, sus dos fachadas principales alcanzan una imponente altura de 24 metros hasta el vértice del frontón, en cuya coronación lucía el escudo de Córdoba. Por su parte, el interior fue diseñado pensando en la funcionalidad: se instaló un pavimento de resistente granito y un moderno sistema de limpieza dotado de cuatro fuentes y diversas bocas de riego para facilitar el baldeo diario del recinto.

Interior del mercadoArchivo Municipal Córdoba

Hablamos, como vemos, de un enorme mercado. Y por tanto había que resolver otro punto importante, la conservación de algunos alimentos, fundamentalmente carne, pescados, frutas y hortalizas. Para ello se construyeron sótanos de 226 metros de largo por cinco de ancho.

Un mini-ferrocarril a través de la ciudad

Pero si este edificio ya resultaba sorprendente por su tamaño y dimensiones, no fue menos llamativo su proceso de construcción. Lo recoge el periodista de esta casa, Jesús Cabrera, en el capítulo dedicado a San Pedro en un libro editado por la Real Academia de Córdoba en 2024, 'El callejero cordobés, reflejo de nuestra historia'. Y, en concreto, en su tomo segundo, 'Callejeando por los barrios del casco histórico'.

La obra indica textualmente: «El elemento más llamativo mientras se alzaba la mole de piedra, hierro y ladrillo fue la construcción de un trazado ferroviario en miniatura desde la Corredera hasta las afueras de la ciudad. Por sus raíles, como en las minas, circularon trenes de vagonetas por un trazado hoy inimaginable: Carlos Rubio, Mucho Trigo, Paseo de la Ribera, Campo Madre de Dios y Cuesta de la Pólvora, donde se encontraba el almacén de materiales». Debemos imaginar entonces el peculiar trasiego ferroviario, con las vagoneta llevando a las afueras la tierra del vacie, y luego volviendo a la plaza, ya bien pertrechadas con los elementos y materiales que hicieran falta para continuar con un proyecto que si no faraónico, al menos tuvo una considerable ambición y complejidad. Y un coste nada despreciable: 409.460 pesetas de entonces. Una pequeña fortuna. Y es que, como indicaba el 'Diario Córdoba' «Según la opinión general, este Mercado compite en proporciones y lujo con los mejores de España y hasta del extranjero»

Inauguración del mercado central de la corredera en 1896Archivo Municipal Córdoba

Para inaugurar el edificio hubo una procesión y una bendición a cargo de Manuel Enríquez y Rivas, quien fuera párroco de San Pedro y, para entonces, canónigo de la Santa Iglesia de Córdoba. Tras la ceremonia religiosa, las autoridades fueron invitadas a la casa del principal impulsor, José Sánchez Muñoz. El aperitivo estuvo a cargo de los hermanos Puzini o Puzzini. Estos hermanos de origen suizo fueron conocidísimos en la ciudad por sus negocios, cuyos nombres todavía resuenan, como el Café Suizo y el Hotel Suizo. En concreto, Muñoz fundó la sociedad 'Sánchez, Loubinoux, Laliaux y Cía' para poder afrontar semejante tarea, que queda reflejada en un agradecimiento del periódico: «La obra ha sido proyectada y dirigida por el arquitecto don Pedro Alonso y Gutiérrez, siendo socios fundadores los señores don Luis Loubinoux, don José Sánchez Muñoz, don Juan Brandón y don Eduardo Laliaux, debiéndose principalmente la construcción de este edificio á los acaudalados é inteligentes industriales don Luis Loubinoux y don Julio Mathieu, los cuales han hecho todo género de sacrificios para llevar á cabo esta importante obra».

El adiós al mercado

El mercado funcionó durante más de medio siglo, pero sufrió un lento e inexorable proceso de deterioro y abandono ya denunciado a principio de los años 50 del siglo XX. En 1956, el pleno del Ayuntamiento de Córdoba, con Antonio Cruz Conde a la cabeza, decide recuperar el aspecto original de la Corredera. El presupuesto de la demolición ascendió a 530.255 pesetas y se llevó a cabo en 1959 tras 63 años de historia. En su lugar se construyó un mercado subterráneo, encontrándose valiosos mosaicos romanos que se pueden contemplar hoy día en el Alcázar de los Reyes Cristianos.

Interior del mercado central de la Corredera, con su vida diariaArchivo Municipal Córdoba

Quedémonos con la vida del mercado, algo que podemos hacer gracias a un artículo de prensa del célebre poeta Ricardo Molina, referido en el comentado trabajo de Jesús Cabrera. Aquel artículo nos transporta directamente, cual máquina del tiempo, al quehacer cotidiano de aquel lugar ya perdido: «A las seis y media de la mañana en invierno; a las cinco y media en verano, empieza a despertarse el ruido de las bocinas de los camiones del pescado y de los carros de las hortalizas. A tal hora reina densa oscuridad rota sólo débilmente por pálidas bombillas eléctricas. Bajo los arcos y en torno al mercado, los peroles de los jeringos animan la sombra del amanecer con sus fuegos y sus humos aceitosos. Ábrense los bares a los que afluyen los vendedores para tomar café o la clásica ‘chicuela’ de aguardiente antes de las siete, hora ritual de la subasta del pescado».

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