José Matador
José Matador, DJ y productor musical
«Sé si una canción me gusta o no, aunque la mitad de los nuevos estilos ya ni los conozco»
Con más de 30 años de profesión, este cordobés ha puesto a bailar a la gente en Londres, Ibiza, Budapest, Praga o Ciudad del Cabo. Ha vuelto a Córdoba, aunque se escapa cada semana unos días a Marbella para seguir pinchando música a la vida.
A cinco minutos de la plaza de Las Tendillas, José Escribano (Córdoba, 1972) nos recibe en la casa familiar. Su apellido tiene un peso dentro de la tradición joyera de la ciudad. Su padre Rafael además fue una de las figuras importantes en la promoción del fútbol local , fundador del Zoco CF y directivo del Córdoba CF. Un póster del equipo preside la charla con su hijo, que no siguió los pasos familiares del oficio ni del balompié para abrirse un camino propio y muy diferente.
No tuvo que ser fácil para Escribano esa ruptura, aunque no lo dice abiertamente en esta entrevista. Se adivina en algunos silencios mientras clava la vista en los recuerdos de esos primeros años. Siguió una pasión personal y artística comenzando desde abajo, desde lo más humilde. Y en ello permanece. Su amor por la música le ha llevado por distintos paises, escenarios absolutamente envidiables para todo aquel que se dedica al oficio de hacer que la gente baile. O que sencillamente disfrute con la selección y la habilidad del mago que se parapeta tras una cabina.
Su nombre artístico es José Matador y también firma en ocasiones como Josei Es bajo la faceta de productor. Pincha fundamentalmente con discos de vinilo porque de esa manera reivindica sus orígenes y rinde tributo a una época que no merece ser olvidada. Es una forma de trabajar más honesta y valiente, sin trucos ni atajos digitales. Ahora pasa algunos días de la semana en la marbellí Nosso. Con el mar en el horizonte y ante un público venido de todas partes, da cuenta de una de las profesiones más bellas del mundo.
José Matador
- Usted comienza a pinchar en Córdoba a finales de los ochenta, ¿no?
- Sí, a finales de 1989.
- ¿Dónde fue la primera vez que se puso delante de una cabina y qué recuerda de aquella noche?
- Trabajaba recogiendo vasos en el KSI500. Cada día, antes de empezar mi turno, como todavía no había nadie, me metía en la cabina con el DJ y me quedaba viéndolo pinchar. Un día hubo un problema y el DJ dejó de ir. Era un viernes por la noche, y en la sala estaban agobiados: no sabían a quién llamar para pinchar al día siguiente. Yo dije que podía hacerlo. Me contestaron que yo nunca había pinchado, y les respondí que llevaba todos los días viendo cómo se hacía. Al final, como no había otra opción, me dijeron que sí. El primer día repetí siete veces la misma canción, la que estaba de moda aquel verano, pero salí adelante. Y seguí, y seguí, hasta hoy.
- ¿De dónde salió el nombre de José Matador?
- Yo estaba en Inglaterra fregando platos, todavía no pinchaba. Fui a celebrar allí mi cumpleaños por primera vez. Decidí celebrarlo en un sitio donde no hubiera gente, un lunes. Hablé con el dueño, le dije que quería celebrar mi cumpleaños ese día, y aceptó porque era una noche floja. Al final, negociándolo todo, le puse una condición: tenía que pinchar yo. Esa noche llevaba puesta una camiseta de una marca que existía entonces y que se llamaba Matador. Me puse a pinchar delante de mis amigos y, de repente, empezaron a gritar «Matadór, Matador», y me quedé con el nombre. Además, como era un nombre muy español, me gustaba: quería que la gente supiera que venía de España.
- ¿Cómo era la noche cordobesa a finales de los ochenta y en los primeros años noventa?
- Era totalmente distinta. Lo que más destaco de esa época es que si querías escuchar música española ibas a un sitio, si querías inglesa a otro, si querías flamenco a otro. Pero luego todo el mundo se juntaba en la discoteca, y allí lo que sonaba era house. Nadie se quejaba, todos bailábamos y todos nos conocíamos.
- Ha pasado por salas como Kachao, la nombrada KSI500 y otras de Córdoba. ¿Cuál fue la más importante para su carrera?
- Yo creo que todas. Todas me han enseñado algo, todas han sido diferentes, y entre todas han hecho al DJ que soy: uno que no pincha solo lo que le gusta, como he escuchado decir de otros muchas veces. No es que no me guste lo que pincho, es que soy muy ecléctico, y eso es una cosa positiva y, a la vez, en contra. Es un oficio muy amplio. Lo más importante es mirar a la gente, saber si algo no les gusta, cambiar, tirar por otro lado y conseguir que la sala disfrute.
José Matador
- En el año 2000 decidió marcharse al Reino Unido. ¿Se fue porque Córdoba se le había quedado pequeña o porque resultaba difícil vivir de la música?
- Porque resultaba difícil vivir solo de la música. Yo ya llevaba muchos años pinchando y no me faltaba trabajo, pero quería vivir de esto, y me fui. Hay otra cosa: ahora hay cuarenta mil empresas de DJs para bodas, para eventos... Yo fui el primero que empezó con lo de las bodas, con mi amigo Manolo Gutiérrez, de Melody. Él ponía la música y yo llevaba el plato y los vinilos. Empecé casando a las amigas de mi hermana. En aquella época lo que había eran orquestas, y una buena orquesta costaba un millón de pesetas. Pero el noventa por ciento de lo que cantaban era en español. Yo defendía otra cosa: aunque tenía repertorio de orquesta, también tenía mi influencia de la música inglesa de los ochenta, y la gente flipaba. Estaba pinchando, por ejemplo, la Sopa de Caracol, que sonaba en todas las bodas de la época, y de repente metía Faith, de George Michael, seguía con Kiss, de Prince, y la gente flipaba con la música en inglés. Era todo con vinilo, no había CD ni nada.
- ¿Con cuánto dinero, cuántos discos y cuánto inglés llegó a Bournemouth?
- Discos, prácticamente ninguno. Tenía algunos aquí, pero no muchos. Dinero, el justito; mi madre me ayudó mucho. Llegué con un trabajo de friegaplatos. Lo bueno es que la economía inglesa es totalmente distinta a la española: si ven que estás moviendo dinero, entrando y saliendo, te dan lo que quieras, hasta una tarjeta de crédito, aunque yo no la pedí. ¿Y el inglés? El del colegio, que entonces no servía para nada. Sabía decir poco más que mi nombre y mi oficio, y encima no me entendían.
- Fue una decisión muy valiente, ¿no?
- Sí. Y no me lo pensé. Cuando decido algo, lo hago. Me encontré por la calle a un amigo que trabajaba en un periódico de Córdoba y le comenté que no sabía qué hacer, si moverme o no. Me dijo que había un anuncio de una empresa que llevaba a gente a Inglaterra con trabajo ya conseguido desde aquí. Llamé, me hicieron una entrevista, me dijeron que para camarero todavía no tenía el nivel de inglés, pero sí para friegaplatos, y acepté. Llegué a casa y le dije a mi madre: «Mamá, me voy a Inglaterra». Me dijo que me lo pensara. Le contesté que ya había dicho que sí, que me iba dentro de dos semanas.
- Su primera residencia británica como DJ fue el Café de Paris. ¿Cómo consiguió abrirse paso en una escena en la que era un completo desconocido?
- Fue lo del cumpleaños que te he contado. Celebré mi cumpleaños allí y me escucharon; el dueño me preguntó si quería ir la semana siguiente, y le dije que sí. Ese fue el punto de partida. Pero luego hay que abrirse paso de verdad, claro. Yo era totalmente distinto a los DJs de aquel momento, que eran muy lineales: empezaban una sesión de soulful house y, dos horas después, seguían en la misma línea, la misma tonalidad, la misma velocidad. Yo era muy ecléctico, cambiaba de estilo, subía y bajaba el ritmo, lo mismo que hago ahora. Aquello era una nota totalmente distinta a lo que veía la gente. Los volví un poco locos.
José Matador
- En Reading crea la fiesta ‘Loco’, casi de casualidad. ¿En qué consistía y por qué funcionó después en distintas ciudades británicas?
- La fiesta Loco nació porque falló un DJ y pinché yo toda la noche sin que nadie se diera cuenta de la sustitución. Yo era ecléctico, me gustaban varios estilos, y sabía que se podían enlazar unos con otros, aunque era complicado y nadie lo hacía. Se llamaba ‘Loco’ porque no había una política musical definida. Empezaba con latin house, que era el estilo que arrancaba en aquel momento, seguía con deep house, después ponía clásicos, cambiaba a trance, a veces me iba un poco más y pinchaba drum and bass antiguo -toda la música antigua es mucho mejor que la nueva-, volvía a los clásicos y acababa la noche con ellos. Y la gente se volvía loca.
- Después del Reino Unido se marcha a Punta Cana.
- No directamente. Yo estaba en el Reino Unido, vine a Córdoba,Me pillé una vacaciones me fui a Madrid en coche. Había quedado con dos amigas para comer en El Escorial. El viaje resultó muy incómodo porque me dolía muchísimo la barriga. Pensé que eran gases, del refresco, de ir bebiendo en el trayecto. Pero no se me quitaba. Fui al hospital, pensaron que era apendicitis porque tenía una infección, y me metieron en quirófano por la mañana. Cuando me abrió la doctora, muy joven, vio que tenía el colon perforado y un cáncer, y me lo quitó. Normalmente, en un caso así, te cierran, te mandan a un hospital de referencia y allí que se busque uno la vida. Ella fue valiente: siguió adelante, me quitó el trozo de colon y ya está. Me quedé ingresado; estuve en Madrid un mes, porque tuve una infección después, y además soy alérgico a la penicilina.
-¿Pero se recupera de la enfermedad en Córdoba y se va a Punta Cana después?
- Sí. Mi madre me decía que estaba loco, porque la quimioterapia eran tres semanas y luego una semana de pastillas. Cuando pasó un poco de tiempo, en esa semana de descanso de la quimio -la semana de «vacaciones», como yo la llamaba-, empecé a ir a pinchar. La primera semana que volví pinché cuatro o cinco días; la siguiente, cuatro; luego tres, cada vez menos, porque la gente tiene su DJ y hay que dejarle seguir. En ese tiempo también estuve dando cursos de DJ aquí en Córdoba, enseñando a la gente. Al cabo de cinco años en Córdoba, decidí irme otra vez. Un amigo que había estado en Punta Cana me dijo que allí se ganaba dinero, y me fui.
- ¿Qué tal fue la experiencia en el Caribe?
- Al principio muy buena, pero como todo, cansa. No es todo tan bonito como la gente piensa cuando dice «ay, Punta Cana». Hay mucha soledad. Lo que yo echaba de menos era salir de casa y encontrarme con gente, tiendas, bares. Allí normalmente vives en residenciales y lo que ves es una fila de dos kilómetros de hoteles; de vez en cuando, alguna tiendecita. Apenas hay vida fuera del turismo.
Pero, en realidad, fue una buena etapa. Al principio empecé a pinchar casi de forma gratuita, porque la gente que va de vacaciones piensa «aprovechemos estos diez o quince días». Cuando se dieron cuenta de que yo me quedaba, me dejaron un poco de lado y tuve que buscarme la vida.
Empecé en la discoteca de un hotel, el único cinco estrellas de Punta Cana, de una empresa española, que fue mi primer jefe allí y me dio mucho trabajo. Cuando la empresa organizaba su fiesta de Ron Barceló, iban miles de españoles; las fiestas oficiales las montaban ellos, pero luego había after hours, y a las tres o las cuatro de la mañana toda esa gente acababa en la discoteca donde yo estaba, que tenía una parte de música dominicana y otra de electrónica. El dueño vio que yo funcionaba y, cuando se le rompió el ordenador de la parte dominicana y nadie sabía pinchar allí con CDJ, me preguntó si podía hacerlo. Dije que sí, y lo hice. Vio que le resolvía problemas, y entre eso conseguí trabajo y alojamiento. Después empecé a dar días en otras discotecas y en hoteles: Hard Rock, Paladium, Meliá...
José Matador, durante la entrevista
Hubo una época, nueve meses, en la que pinchaba las siete noches de la semana: lunes, martes y miércoles en una sala, jueves y domingo en otra, viernes y sábado en otra. En esa etapa solo trabajaba, comía y dormía, ni iba a la playa. Luego bajé el ritmo, llegó el confinamiento y volví a Córdoba. Después regresé un tiempo más a Punta Cana, pero ya estaba cansado. Cuando volví definitivamente en 2024, llevaba ya dos años agotado. Allí el trato es que todos quieren sacarte algo. Yo soy de los amigos de siempre; puedo conseguir más, pero mis amigos son los de aquí. Seguía yendo porque tenía mucho trabajo en invierno: allí pinchaba cuatro o cinco noches entre semana, y aquí, si tenía suerte, el viernes y el sábado, y encima los pagos aquí estaban bastante mal. Aguanté así dos años, hasta que se murió un amigo mío y decidí no aguantar más. A la semana siguiente cogí un vuelo y me vine.
- Ahora trabaja principalmente en la Costa del Sol, con un público que procede de distintos países. ¿Hay que preparar una sesión distinta cuando el público no es homogéneo?
- No. Lo bueno de Marbella, que es donde estoy pinchando ahora, es que la gente va predispuesta a la música que vas a poner. Hay que tener cierta calidad, claro; sé de gente que ha ido allí a hacer el oso y no la han vuelto a llamar. Pero tienes tu sitio. Yo, por ejemplo, ahora pincho mucho afrohouse, pero dentro de eso hay melodic house, un poco de progressive... Antiguamente había tres o cuatro estilos de música electrónica; ahora hay cuatrocientos y la mitad ni los conozco. Sé si me gusta una canción o no, pero no conozco todos los estilos. Me han dicho cosas muy bonitas, sobre todo por pinchar con vinilo: veo a la gente moverse, hacerme gestos con la mano, y luego me acerco a hablar con ellos y les dejo una tarjeta. Hubo un grupo de belgas jóvenes, tres parejas de unos treinta años, que me dijeron, en inglés, que llevaban quince días en Marbella, habían estado en todos lados, y que mi música era la mejor que habían escuchado, y encima en vinilo.
- Sigue defendiendo las sesiones cien por cien en vinilo. ¿Es una elección musical, una forma de trabajar o también una declaración de principios?
- Primero, es una declaración de principios. Luego, me gusta tocar la música físicamente; eso me encanta, no ir a lo fácil. Lo fácil sería llevar un ordenador o un pendrive, como hacen muchos que dicen que pinchan con vinilo pero no siempre lo hacen. Quiero aclarar que yo tampoco pincho siempre con vinilo: lo hago una vez a la semana. Si pincho el domingo, el lunes y el miércoles en un sitio y en otro, y encima tengo que llevar los platos, montarlos y desmontarlos, acabo reventado. Hay días que pincho con una controladora buena, pero no paso las canciones por Rekordbox, el programa de Pioneer que sincroniza incluso con los CDJ. A veces llega alguien y me pide poner un tema desde su móvil, y le digo que no, porque no sale bien: ni la onda de la canción, ni la velocidad, ni lo que le queda. Bueno, el tiempo restante a veces sí sale, pero después de que ya lleva dos minutos sonando.
- ¿Qué parte de su trabajo consiste en elegir música y qué parte en observar a quiénes tiene delante?
- Las dos cosas son importantes. Como decía antes, hay quien dice que pincha solo lo que le gusta; eso puedes hacerlo cuando ya eres de los grandes, cuando estás arriba. Pero lo bonito, lo perfecto -y a mí me pasa mucho- es que la música que eliges y la observación de la gente vayan entrelazadas: que la música que eliges, antes de pincharla, ya sepas que le va a gustar a la gente.
- ¿Ha visto alguna vez vaciarse una pista y ha tenido que recuperarla?
- Sí, claro.
- ¿Cómo se hace eso?
- Con mucha dedicación, con tiempo. La vez que más me ha pasado fue en la Feria, que es un estilo totalmente distinto: llegar a una caseta vacía y decidir qué hacer. Empezaba a pinchar música de los ochenta, que entonces en la Feria casi nadie pinchaba -hablo de hace quince años-, y poco a poco iba llegando más gente hasta llenarla. En pistas de baile, en discotecas, es más complicado: si la gente se va, hace falta un cambio de registro muy grande para volver a llenarla, y hay que tener en cuenta que desde fuera la gente no escucha la música.
José Matador
- ¿Hay canciones que se niega a pinchar aunque el público se lo pida?
- Sí. Pero ahí estamos hablando más de cosas del tipo Feria.
- En su oficio, ¿importa más el talento, los contactos, la imagen o estar en el lugar adecuado?
- Antiguamente era mucho más importante estar en el sitio adecuado. En Inglaterra siempre daba el ciento veinte, ciento cincuenta, doscientos por cien en cada sesión, porque nunca sabías si podía haber un promotor importante escuchándote en la sala. Los contactos son muy importantes, ahora más que antes. Ya no basta con ser bueno: si miramos quiénes son los DJs importantes, los que cobran mucho dinero y están arriba, son casi los mismos que hace quince años. Salen muy pocos nuevos. La única forma de destacar es que uno de esos te fiche y te lleve con él, o hacer una producción, una canción que triunfe, y entonces empiezan a llamarte. Ya no es que seas buen disc jockey y por eso te llamen y vayas subiendo poco a poco. La última vez que pinché en Pachá, en Londres, los encargados quedaron encantados, y me llamaron poco después, cuando ya estaba empezando a cambiar la escena. Ahora lo que buscan son promotores: si puedes llenar la sala, metes al DJ que quieras. Ha cambiado mucho.
- También tiene una faceta de productor. ¿Por qué necesita uno producir su propia música?
- Escuchas canciones y empiezas a querer crear las tuyas. Yo empecé sin tener ni idea, con algún programa muy básico. Luego busqué más calidad en la producción y acabé aprendiendo con Logic, uno de los mejores programas, que también me enseñó mi amigo Manolo Gutiérrez. Quieres plasmar tu idea y hacer cosas que le gusten a la gente. Es muy complicado si no sabes tocar instrumentos; cuando estás produciendo, la canción te va llevando por una línea o por otra, y sabes si te gusta lo que estás poniendo -se usan mucho los samples-. Va cogiendo una dirección hasta que acaba la canción, que es un proceso bastante complicado.
José Matador, visto por Samira Ouf
- ¿Ha pensado en la retirada, o morirá con los vinilos puestos?
Una vez una amiga me preguntó por qué no me buscaba un trabajo de verdad, que no iba a dejar de pinchar nunca. Le dije que lo que más deseaba en la vida -esto fue hace muchos años- era llegar a los cincuenta -ahora tengo cincuenta y cuatro- y seguir poniendo música que la gente baile. La retirada, supongo, llegará cuando yo ya no pueda. Todos tenemos altibajos en el trabajo, momentos en los que cuesta más y otros en los que nos venimos un poco abajo. Nunca se me ha ido la cabeza con eso de «lo vendo todo», como ha hecho mucha gente; al final te arrepientes, sí o sí. No pienso dejarlo. Me gusta, es lo que me llena, gane más dinero o gane menos.
Por suerte o por desgracia -más bien podría ser desgracia-, por el tipo de vida que he llevado, hoy no tengo pareja, no tengo hijos, no me he casado nunca. Pero no es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita. Me gustaría tener más, claro que sí, pero no soy un tío ansioso ni voy pidiendo más de la cuenta. Muchas veces me han dicho: «Matador, con lo que has hecho, tendrías que estar exigiendo». Pero yo no soy así, soy más humilde que todo eso.