Álvaro García de Luján
Álvaro García de Luján, historiador y columnista canalla
«Franco le vaciló al presidente Lyndon Johnson»
La editorial Almuzara publica «Esto no estaba en mi libro de la guerra del Vietnam»
La guerra del Vietnam finalizó cuando Álvaro García de Luján (Madrid, 1975) nacía en una España que despedía al Caudillo y que olía a tabaco negro e incertidumbre. No conoció, por tanto, un conflicto que sí le acompañaría culturalmente mientras crecía en un país que cambió a un ritmo vertiginoso y tuvo unos espectaculares índices de bienestar y tolerancia ahora dilapidados por el sanchismo.
Quiere esto decir que García de Luján escribe de la guerra en este escenario patrio de conflicto interior avivado por intereses transnacionales, mirando con los ojos del historiador que es y plasmando sobre el papel datos, acontecimientos y fuentes sin abandonar el aire canalla de sus crónicas, avivado por el desengaño y la resignación de quien ve desmoronarse un mundo que ya no es ni volverá a ser.
Parte de ese universo desaparecido está guardado en un sótano espectacular de la calle Yeso, un refugio nuclear contra estos tiempos de idiocia, repleto de libros, tebeos, soldaditos de plomo, carteles de boxeo y Semana Santa, obras de arte de pintores amigos y muebles antiguos. Un espacio en el que nos recibe y del que cuesta salir porque afuera sí que hay un Vietnam verdadero que dispara el napalm hipnótico y tóxico de los manipuladores.
Álvaro García de Luján también escribe aquí. Es por tanto uno di noi. No solo porque colabora (entre otros medios) con La Voz de Córdoba, sino porque no le teme a la cancelación, ese torquemadismo woke . Por eso ha parido un libro sobre la guerra del Vietnam en estos tiempos del pacifismo de goma y las acampadas couché.
Viste sahariana, y fuma tabaco liado . Falta una grabadora analógica que haga 'click', pero todos acabamos pagando el tributo de esta época. Se enciende el iPhone...
Álvaro García de Luján
- «Eso no estaba en mi libro de la guerra de Vietnam». ¿Qué plan estatal de estudios le tocó a usted para tal carencia?
- Pues a mí me tocaron las últimas promociones de la EGB, del BUP y del COU. Y, además, me tocó por partida doble, porque repetí un par de cursos. Siendo un medio historiador canalla, la verdad es que suspendí varias asignaturas. Historia no, por cierto.
- Uno no puede ejercer de canalla si no ha sido repetidor, ¿no?
- Totalmente. Como bien sabe, lo repetimos una y otra vez en mis artículos del periódico La Voz de Córdoba.
- En la introducción no queda claro si le encargaron el libro o usted lo propuso porque ya andaba metido en la jungla.
- Andaba en la jungla y, además, llevaba dos o tres días tragándome varias películas de serie B relacionadas con la guerra de Vietnam. Entonces, en una reunión con Antonio Cuesta, mi querido editor, me preguntó acerca de qué quería escribir. Le dije que de la guerra de Vietnam y así salió.
- Pero sentarse a escribir sobre la guerra de Vietnam significa que uno ya sale poco de noche, ¿no?
- Poco. Sin embargo, ahora salgo mucho a los bares de parroquianos al mediodía. Me gustan mucho los bares con el sonido de las tragaperras, el sonido de las fichas de dominó golpeando las mesas… Ese es un poco mi Saigón actualmente.
- Todavía se oye el sonido de un mundo que está desapareciendo.
- Exactamente. Por eso quiero ser testigo de ello mientras se desmorona.
Álvaro García de Luján
- Comienza hablando del cine en el libro, pero ¿a qué fuentes académicas acude un historiador para documentarse sobre la guerra de Vietnam?
- Principalmente he acudido a fuentes abiertas, que hay muchísimas. He consultado antiguos archivos del Pentágono por internet y muchísima bibliografía con testimonios directos. También testimonios de españoles que estuvieron relacionados indirectamente con esta guerra. Por ejemplo, un tío mío, que por entonces estaba enrolado en un barco mercante, trasladó a soldados norteamericanos hasta África. Recordemos que eran también los tiempos de Sidi Ifni, de la inminente Marcha Verde y del Sáhara español. Eran tiempos apasionantes.
- El conflicto acabó cuando usted nació. Sin embargo, pertenece a una generación que, también en España, ha crecido culturalmente con esta guerra.
- Es es cierto. Yo sigo pensando que toda generación necesita una guerra: una guerra cultural, un concepto, un mito de guerra. Para mi generación, la de los ochenta y noventa, la Guerra Civil española estaba más que superada, pero culturalmente pertenecemos a la órbita norteamericana. Esa fue nuestra guerra, fueron nuestras películas. Por ejemplo, ¿quién no ha visto El equipo A? Eran unos veteranos, unos mercenarios que habían luchado en Vietnam. Y tantas y tantas series y películas… Incluso nuestra forma de vestir, los tres cuartos verdes que llevábamos, con los galones que nos cosíamos en las chaquetas. Para impresionar a las chicas también, por supuesto.
- También tuvo su peso en la música. El rock y el pop de los sesenta y setenta en España recibieron la influencia de una música que creció al albur del propio conflicto. No se puede separar determinada subcultura musical de la guerra de Vietnam.
- Para nada, porque es la banda sonora. Pero cuidado con eso, porque, como siempre, los mitos tienen doble cara. La música que se relaciona con esta guerra siempre ha sido la de la Motown, la psicodelia, los cantautores. Sin embargo, la soldadesca, la tropa que estaba en Vietnam, el noventa por ciento de lo que escuchaba era western y rockabilly. Es curioso cómo se ha modificado todo eso, o manipulado, sobre todo por el cine. Es verdad que todo estaba en ebullición, con los festivales, el movimiento hippie, el pacifismo… Pero al mismo tiempo estaban los rockers, que seguían todavía con lo de los años cincuenta. Curiosamente, el rockabilly y el sonido western eran lo que sonaba en los barracones de Vietnam.
Álvaro García de Luján, durante la entrevista
- Volvemos a 1975, el año en el que murió el Caudillo. Hay un detalle del libro que creo que es muy desconocido: Franco dijo no a la guerra de Vietnam, impidió que soldados españoles fueran a aquel conflicto.
- Así es. Fue algo muy curioso porque el presidente norteamericano de entonces, Lyndon B. Johnson, le envió una carta animándole, como a otros aliados, a participar. Aliados que lucharon junto a Estados Unidos de una forma muy potente fueron los australianos, los neozelandeses, los alemanes incluso, los surcoreanos y los tailandeses. En el caso de España, le envió una carta invitándole a participar junto a Estados Unidos. Franco le vaciló, porque no hizo otra cosa que responderle, creo recordar que al mes o a los dos meses, con una carta muy sesuda que, curiosamente, desprende un sentido del humor gallego, muy gallego. Viene a decirle que salga de allí pitando, que España no va a participar, pero que salga de allí porque le iría muy mal, como al final le fue.
- Eso se lo diría como militar.
- Como militar, sí. Es una parte muy desconocida, igual que la presencia española allí, que consta desde el siglo XIX. Los españoles fueron con los franceses para apoyarlos en la ocupación de Vietnam, dado que todavía tenían Filipinas, que está razonablemente cerca. Hablamos de mediados del siglo XIX, aproximadamente. Los españoles participaron en esa guerra con el mítico coronel Palanca, desconocido como tantos héroes españoles, que al final fue postergado. Las tropas españolas se fueron de allí, pero los franceses se quedaron. Ese fue el comienzo de la colonización francesa en toda la zona.
- Escribiendo este libro, ¿qué ha descubierto del conflicto, de sus orígenes y de sus consecuencias que no conociera?
- No conocía, por ejemplo, la importancia que tuvieron las drogas en esta guerra, su alcance. Es verdad que en el imaginario colectivo, en la cultura popular, tantas películas reflejan el uso de las drogas. Pero estamos hablando de que, probablemente, cerca del treinta o cuarenta por ciento de los soldados que combatieron en Vietnam, al volver, estaban enganchados a la heroína. No solamente a la marihuana, sino que también se traficaba. Era muy conocido que en las bolsas de los cadáveres de los soldados norteamericanos enviados a Estados Unidos colocaban fardos de droga para traficar allí. Por otra parte, el alcance de la Guerra Fría, cómo participaron China y la Unión Soviética, porque no deja de ser una guerra que fue medio proxy. El lado norvietnamita, comunista, para entendernos, pero fuertemente nacionalista —quizás algún comunista también debería aprender de esto—, fue apoyado tanto por China como por la Unión Soviética. Y Vietnam del Sur, por Estados Unidos. Pero, al terminar la guerra, hubo una pequeña guerra entre China y Vietnam que, curiosamente, ganó Vietnam. Y contra Camboya igualmente, con el infausto Pol Pot.
- ¿Se puede publicar un libro así en una época tan pacifista y escandalizable como la nuestra? Igual le intentan cancelar.
- La verdad es que me encantaría que me cancelaran. Rezo por ello, porque creo que todo está virando. Todo es un péndulo, la ley del péndulo. Me gustaría que me cancelaran en varios medios; estaría encantadísimo, porque sé que triunfaría por otro lado. Estoy plenamente seguro de eso. Además, si esos medios me cancelaran, se retratarían ellos mismos. Con lo cual, rezo por ello, lo imploro.
Álvaro García de Luján
- ¿Qué eco resuena en la actualidad de aquel conflicto que nos parece tan lejano? Además de su influencia en el cine, que creo que ha sido la más evidente en el terreno cultural.
- Creo que resuena en la geopolítica, si se refiere usted al tema más estratégico. Curiosamente, ahora Estados Unidos es un aliado de Vietnam, que tiene una cocina excelente, por cierto. Yo no he estado, pero la he copiado. ¿Cuáles son los ecos de Vietnam? Insisto en todas las referencias culturales que le he comentado: los cómics, los tebeos, la literatura de bolsillo, el cine, por supuesto, y la música.
- ¿Y en los medios de comunicación?
- En los medios de comunicación, claro que sí. Además, según mi punto de vista, estamos asistiendo actualmente a un proceso bélico mundial con varios focos, que es apasionante y va a ser dramático. Probablemente estamos a las puertas de un gran conflicto mundial, focalizado, de forma distinta, pero sin duda será así. ¿Por qué? Porque nos encontramos con dos grandes superpotencias, China y Estados Unidos, que están jugando al Risk, básicamente.
- Eso le quería preguntar: ¿qué lectura se saca de ese conflicto para la situación geopolítica actual?
- No olvidemos que Estados Unidos venía de perder otra guerra, la de Corea. Es otra guerra que ha pasado totalmente desapercibida, porque ahí los norteamericanos no hicieron tanta propaganda. No fue una guerra tan mediática, tan televisada, tan apasionante como la de Vietnam. Pero es verdad que de ahí salieron pitando. Probablemente el futuro se va a jugar en Asia, o se está jugando ya. En Europa está claro: tendrá una bonita y larga decadencia, en la que desaparecerán probablemente, si no han desaparecido ya, las clases medias y su autonomía.
- Respecto a esa decadencia europea, aparece un paquete de tabaco en la portada de su libro. ¿No ha saltado la alarma todavía en ningún ministerio o consejería?
- Todavía no, pero insisto, lo estoy deseando. Yo hubiera puesto un paquete de Ducados, pero es Marlboro porque es norteamericano. El tabaco, en aquellas guerras, era un factor decisivo también para la moral de la tropa. En las raciones que se entregaban a los soldados siempre estaba el tabaco: Winston, Marlboro, Camel… Formaba parte de su compañía en las largas noches en la selva.
Álvaro García de Luján, visto por Samira Ouf
- Al final, los hombres que luchan en la guerra son los más olvidados por quienes los llevan a ella.
- Sin duda. Y aquí tenemos un gran ejemplo. Es verdad que los norteamericanos fueron los perdedores de esta guerra, pero no olvidemos que probablemente sea una de las pocas guerras de la historia de la humanidad en las que los guerreros, los héroes, derrotados o victoriosos, al regresar al hogar fueron repudiados. No solamente repudiados, sino que tenían prohibido, por ejemplo, vestir el uniforme militar, porque les escupían por las calles, les pegaban… Hubo una generación perdida muy importante, gran parte de la cual se hizo hippie, por cierto. Curiosamente. Pero otros no.