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Zahara: «Me bajaré del escenario para bailar con el público de Córdoba»

La artista presenta este viernes en Impala «ZAHARAVE:lite», una fiesta electrónica que remezcla sus canciones en directo

Zahara regresa este viernes 6 de noviembre a Córdoba con una propuesta muy diferente a la que presentó hace aproximadamente un año. La artista de Úbeda llevará a la sala 2 de Impala «ZAHARAVE:lite», la versión de club del espectáculo con el que ha recorrido los festivales durante el verano. Una fiesta en la que sus canciones se remezclan en directo, con la electrónica como protagonista, y que se alarga hasta bien entrada la madrugada.

La cantante no descarta incluso abandonar el escenario para mezclarse con los asistentes y bailar junto a ellos. «A veces estoy como artista, pero otras veces me bajaré al público para ser una más de ellos y bailar juntos, dándolo todo», explica a La Voz de Córdoba. Esa cercanía define esta nueva versión, pensada para salas de pequeño y mediano aforo, donde apenas hay distancia entre la artista y el público.

«Mi sueño era tener mi propio club donde hacer mis canciones, pero también donde invitar a DJs para que hagan de la noche algo más largo que un concierto», señala. El proyecto nace de su acercamiento a la música electrónica en los últimos años y de una inquietud creativa que la ha llevado a transformar una y otra vez sus espectáculos. «Todo aquello que descubro y que me gusta de la música intento transmitirlo en mis conciertos», añade.

La propuesta supone una revisión profunda de su repertorio. Canciones tan conocidas como «Berlín U5» o «La bestia cena en casa» suenan de otra manera gracias a un montaje que combina los reproductores habituales de las sesiones de DJ con sintetizadores analógicos, modulares y otros equipos electrónicos. Las composiciones pasan por distintas máquinas y mesas de sonido y se fusionan con música de otros artistas, de modo que el resultado se aleja a propósito de las versiones grabadas.

Zaharave LiteADRIAN YR

«La idea es que las canciones ya no sean exactamente las que escucharon en las plataformas o en los discos, sino que tengan una vida y un sonido diferentes», cuenta Zahara, para quien esta transformación es una de las partes más estimulantes de su trabajo. Adaptar sus composiciones al directo no le resulta tedioso; lo ve como una forma de seguir desarrollándolas.

«Creo que las canciones tienen posibilidades de expresión infinitas. Una misma canción puede ser de repente un estándar de jazz y transformarse después en una canción de metal, de rock, de indie o de electrónica», sostiene. Para la artista, una composición es una estructura que admite interpretaciones muy diferentes y que no queda atada a lo que se decidió en el estudio.

Es lo que más disfruta de los conciertos: poder seguir explorando sus propias creaciones. «No tengo por qué limitarme a lo que grabé y quedó inmortalizado, sino que puedo continuar desarrollándolo y adaptarlo a mis gustos y necesidades actuales», afirma.

Un concierto que nunca suena igual

Ese margen alcanza también a cada bolo. Aunque hay una estructura preparada, el repertorio y sus arreglos pueden cambiar según la respuesta del público. Una canción puede sonar más contundente, volverse más emotiva o alargarse si la conexión con los asistentes lo pide.

Zahara ha llevado a su espectáculo algo propio de los clubes: la capacidad del DJ para interpretar lo que pasa en la pista y cambiar su propuesta sobre la marcha. «Cuando vas a una sesión de electrónica, el DJ lee la sala. Lleva un set preparado, tiene una idea de lo que va a hacer, pero lo maravilloso es que todo eso se va a perder cuando acabe la noche», reflexiona.

Ese carácter irrepetible le atrae más allá de lo musical. En un tiempo en el que todo se graba, se guarda y se comparte, la cantante defiende las experiencias que solo existen mientras ocurren. «Creo que es un ejercicio bastante sano ir a un lugar en el que va a sonar algo que, cuando termine, desaparecerá y que solo existirá en ese momento», asegura.

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De ahí que cada noche pueda ofrecer un resultado distinto. «Todo depende mucho de la energía que haya esa noche, de lo que fluya y de lo que se necesite», resume. Así, el público pasa a formar parte de la propia actuación.

Desde la medianoche hasta la madrugada

La cita cordobesa también rompe con los horarios habituales de un concierto. Las puertas de Impala abrirán a medianoche y la música comenzará con una sesión de Martí Perarnau IV, colaborador habitual de Zahara y compañero de la artista en Juno. Ambos han trabajado juntos en la composición y producción de distintos proyectos, y será él quien se encargue de preparar el ambiente antes de la actuación principal.

El warm up se prolongará aproximadamente hasta la una de la madrugada, momento en el que Zahara tomará el relevo con un concierto de cerca de dos horas. Pese al protagonismo de la electrónica y de las máquinas, la cantante insiste en que el público seguirá encontrándose con una actuación en directo. «Yo canto, toco, me muevo y mis canciones estarán ahí», aclara.

Después llegará el turno de una DJ local, que alargará la fiesta hasta las cuatro de la mañana, más o menos. Y, según adelanta la cantante, habrá otra sesión para quienes quieran seguir bailando. «Como tenemos horario de club, vamos a aprovecharlo para estirar todo lo que podamos», dice.

La versión que llega a Córdoba se diferencia del «ZAHARAVE» que la cantante ha presentado este verano en distintos festivales. Aquel espectáculo dependía de los tiempos y la estructura de las grandes citas musicales; «ZAHARAVE:lite» está pensado para salas de menor aforo, con la misma mezcla de interpretación en vivo y electrónica.

El apellido lite tiene que ver con el tamaño de las salas y no resta energía al espectáculo original. «Es la versión cercana, más de conexión y de comunidad, porque son salas relativamente pequeñas, con el público muy cerca», explica.

Las entradas para «ZAHARAVE:lite» están disponibles a través de Crash Music. Los menores de 16 años podrán acceder acompañados de su tutor legal, mientras que los jóvenes de entre 16 y 18 años necesitarán una autorización por escrito, sin que sea obligatoria la presencia del tutor.