Así ha celebrado el Córdoba CF su ascenso a Segunda

Así ha celebrado el Córdoba CF su ascenso a SegundaJesús D. Caparrós

Cinco años de sufrimiento que tocan a su fin

Un lustro después el Córdoba ha vuelto a Segunda. En estos 5 años ha pasado de todo: desde casi desaparecer hasta tener que jugar en Segunda RFEF

Da igual donde mires que se respira felicidad. Entusiasmo por lo vivido e ilusión por lo que vendrá. El Arcángel en sí ha reventado con el ascenso del Córdoba. Para encontrar el último momento de felicidad (muy relativa) hay que irse hasta el 24 de noviembre del 2021. En este mismo escenario se impuso al Guijuelo (1-0) y se llevó la Copa Federación. Se celebró como la ocasión requería, pero qué golpe de realidad se lleva uno al comparar: lo de esta noche ha sido el título de los títulos. Volver a Segunda es, entre otras muchas cosas, regresar al mapa futbolístico del país.

Un lustro eterno

Dicen que lo del tiempo es relativo y que pasa lento o rápido según se mire. Al final, cinco años son cinco años y transcurren como eso, cinco años. Pero la percepción es que han sido frenéticos y, en virtud a lo vivido, bien podrían equivaler a diez o quince. Tanto ha ocurrido que merece la pena colocarlo en su contexto. Era junio de 2018 cuando El Arcángel gozó como pocas veces de una salvación que parecía imposible durante la campaña al imponerse (3-0) al Sporting. Pero qué poco duró la alegría. Entró en escena el ínclito Tebas (¡ay, qué vuelve!) y el binomio León-Oliver empezó a destrozar desde dentro al club. Primero con una operación demasiado rara en la que Sergi Guardiola ponía rumbo al Valladolid. Se vendió como un traspaso histórico. Y vaya si lo fue. Lo que no quedó claro entonces era para quién. Quién era realmente el beneficiado de todo aquello. Aunque algo -bastante- de luz arrojó el informe de calificación del segundo concurso de acreedores del Córdoba Club de Fútbol remitido al juzgado de lo mercantil nº1 de Córdoba por Francisco Estepa en 2022. Entre unas cosas y otras, el traspaso de Guardiola, las sanciones impuestas por la LFP por el incumplimiento de las normas de control económico y diferentes operaciones financieras, el perjuicio económico sufrido por el club blanquiverde ascendió a más de 4.3 millones de euros según dicho informe. Blanco y en botella.

Así, imposible. Quizá por eso se entienda todo lo que llegó después. Al Córdoba se le prohibió inscribir jugadores y solo los pudo incorporar ya en el mes de agosto de 2018 pero por el salario mínimo. Antes Francisco, que había cogido el relevo de Sandoval en el banquillo, presentó su dimisión en pretemporada al ver el escenario apocalíptico que se venía. Cómo tuvo que ser vivir aquello desde dentro. El caso es que la permanencia o la paz social e institucional eran prácticamente una quimera observando lo que había alrededor (justo lo que se buscaba entonces desde la propiedad, que todo fuera un completo disparate). Y así lo fue. El equipo descendió haciendo el ridículo más absoluto firmando tan solo 34 puntos. En el último duelo en segunda se cayó 2-0 en Riazor. Y no fue último porque el Reus fue descalificado, que si no la cosa hubiera sido incluso peor.

Empieza la pesadilla: lo peor no era la Segunda División 'B'

Lo peor tenía nombre y apellidos: Jesús León López. El empresario montoreño llegó como salvador en su día (cómo olvidar su sórdida puesta en escena el día de su presentación con el himno a todo volumen en la sala de prensa mientras se sentaba) y se fue a gorrazos después de convertirse en el protagonista más vergonzoso de la historia del club blanquiverde. El 7 de noviembre de 2019 llamaba la atención ver un cinturón de coches de la Guardia Civil rodeando El Arcángel. La prensa empezó a acumularse en las inmediaciones y las conclusiones e informaciones empezaban a aparecer: Jesús León terminaba siendo detenido por un presunto delito de apropiación indebida, corrupción, blanqueo de capitales y falsedad documental. El asunto aún sigue su curso por la vía judicial pero lo que significó toda aquella historia fue que el Córdoba se quedara al límite.

Solo dos días más tarde, el 9 de noviembre, el juez cesó a León como presidente de la entidad blanquiverde y nombró a dos administradores judiciales para comandarla: Francisco Estepa y el auditor Javier Bernabéu. Estepa solicitó una inyección económica de dos millones de euros para la supervivencia del club a las dos personas que luchaban por la propiedad de las acciones (el propio Jesús León y Carlos González) pero, al no ser aportados, el titular del Juzgado de lo Mercantil, Antonio Fuentes Bujalance, declaró al CCF en concurso de acreedores y designó también a Estepa como administrador. Además, ese mismo día el juez hizo público que un fondo de inversión de Bahrein (Infinity) había presentado una oferta de compra de la Unidad Productiva del club: depositaba tres millones de euros y daba un margen de una semana para la presentación de otras ofertas que nunca llegaron.

Así, se autoriza a Estepa para realizar la venta de dicha Unidad Productiva si lo considera oportuno. Algo que terminó ocurriendo el 5 de diciembre de aquel año 2019. De este modo, la Unión Futbolística Cordobesa era quien compraba el club. A partir de ahí llegó otra batalla no menos importante: la de imponerse a la RFEF. El máximo organismo futbolístico nacional tuvo que admitir la grieta en su normativa y mantener al equipo en la misma categoría a través de otra SAD sin deuda por la venta de la Unidad Productiva. Empezaba un nuevo escenario. Ahora sí parecía que 2020 abría un nuevo escenario, pero...

El Coronavirus y el desastre deportivo

El sufrimiento aún no había terminado para el cordobesismo. Estaba, digamos, en su etapa media. El equipo, con Raúl Agné al frente, había logrado meterse entre los cuatro primeros y en la lucha por el play off de ascenso a Segunda División. Desde China se había empezado a hablar de un virus que asustaba a muchísima gente, pero poca importancia se le dio al asunto. La temporada transcurría con normalidad y a finales de febrero el Algeciras se impuso por la mínima al cuadro blanquiverde en casa, lo que hacía que los de Agné cayeran a la quinta plaza. Nada muy preocupante si se ganaba el siguiente fin de semana al Cartagena, ya que así se recuperaría un lugar entre los elegidos. Pero nada más lejos de la realidad: el cuadro cartagenero vencía 0-2 en El Arcángel, el Córdoba seguía 5º y, solo unos días después, se decretó el Estado de Alarma y el fin de las competiciones; es decir, el club blanquiverde se quedó fuera de la lucha por el ascenso al no participar en aquel play off exprés organizado en diferentes sedes y a partido único por la RFEF.

Justo esa misma semana, por cierto, el club blanquiverde había destituido a su entrenador para fichar a un Juan Sabas que no llegó a debutar ese año y, cuando lo hizo a inicios del curso posterior, el drama deportivo era tal que apenas duró 6 jornadas al frente. Claro que todo podía ser peor. Para esa temporada, la Federación había reestructurado la categoría para dar paso al año siguiente a la actual Primera Federación. Por eso, cada grupo se dividió en dos subgrupos de 10 equipos. De ahí, los 3 primeros pelearían por ascender a Segunda y se garantizaban un lugar en Primera RFEF si no daban el salto, mientras que los tres siguientes irían a una segunda fase en la que el premio sería estar en esa categoría. Con Sebas lejos del banquillo y Pablo Alfaro como nuevo inquilino, la cosa no mejoró y el Córdoba acabó 5º esa primera fase de la campaña; es decir, otro año sin competir por volver a Segunda.

Un año de transición obligada y vuelta a la realidad

Quedaba pelear, pues, el mal menor: clasificarse para Primera Federación. Para ello había que terminar entre los dos primeros. Pero, en otra de esas páginas negras del club, el Córdoba fue tercero y no solo no iba a jugar la campaña siguiente en Primera Federación sino que, a efectos prácticos, acababa de descender de categoría: se pegaba el batacazo y daba con sus huesos en Segunda Federación.

Germán Crespo había dirigido al cuadro blanquiverde las tres últimas jornadas buscando una reacción a la desesperada. Y, pese a que el equipo ofreció mejores prestaciones y resultados, no fue suficiente. Entonces, desde Bahrein se sopesó claramente un golpe de timón. Se dudaba de la figura de Javier González Calvo y se empezó a hablar con firmeza con Luis Yáñez, quien estuvo muy, muy cerca de dejar su puesto en el Rayo para ejercer como nuevo CEO del club cordobesista. Finalmente, González Calvo siguió y arrancó el proyecto deportivo. Ya sin Miguel Valenzuela, pero sí con Juanito y Raúl Cámara en la gestión, Germán Crespo fue renovado y ese año arrasó frente a equipos semiprofesionales. Se ascendió en Mérida y con muchísima antelación. El Córdoba estaba más que obligado y fuera de categoría. Era como juntar a niños y hombres. Nada que ver en cuanto a nivel. Asimismo se fraguó también el éxito de la Copa Federación, pero aquellas dos celebraciones se llevaron a cabo prácticamente en familia.

En el Estadio Romano el club blanquiverde hablaba del «primer paso» y esbozaba ya las trazas del segundo. Lo cierto es que el inicio en Primera Federación el curso posterior fue fulgurante. El Córdoba estuvo como líder durante muchas jornadas. Parecía intratable. Días de vino y rosas, que se dice. Hasta Germán fue renovado hasta 2025. Nada parecía torcerse, pero... ya se sabe. Malos resultados a finales de 2022, declaraciones fuera de lugar y poco profesionales de su entrenador sobre jugadores de la plantilla y un cambio de piezas tan drástico como innecesario en el mercado invernal se convirtió en el cóctel perfecto para firmar una más que sonrojante segunda vuelta en la que el Córdoba solo ganó dos partidos (Cultural y Deportiva Leonesa y Badajoz). Ni se llegó a pelear por el play off finalmente, claro. Para entonces Germán ya había sido despedido y Manuel Mosquera había tomado las riendas para pasar con más pena que gloria por El Arcángel. Otro curso a la basura.

Cambios en el organigrama y por fin éxito deportivo

El año había terminado siendo muy malo y, ahora sí, desde Infinity se optó por el cambio: Javier González Calvo no esquivó la segunda bala y dejó de ser consejero delegado del Córdoba Club de Fútbol. Su lugar lo ocupaba Antonio Monterrubio, que llegaba avalado por su éxito en Granada y con dos premisas: arreglar la situación en precario del estadio (muy próximo a concretarse de manera satisfactoria) y ascender a Segunda División. Meses después, objetivos cumplidos. Gestión sobresaliente a la vista de los resultados.

Muchos factores han jugado a favor. La presencia de Iván Ania ha resultado clave en un año en el que se empezó muy mal y se acabó peleando cuando nadie lo creía por el ascenso directo hasta prácticamente el final. Incluso se habló de la poca respuesta de la ciudad ante el gran año del equipo pero, a la vista de esta repaso, hay que valorar que con tan poco en el zurrón la masa social del equipo supere los 13.000 abonados (algo poco imaginable en otros lugares). Ahora, por fin, a respirar, celebrar y mirar con optimismo y entusiasmo al futuro. ¿Qué: dan o no dan para mucho cinco años?

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