Un montón de remolachaUPA

Córdoba, de pionera del azúcar de remolacha a ver desaparecer el cultivo

El final del cultivo en Andalucía, certificado esta semana tras el cese de nuevas variedades para la zona sur, cierra una historia que comenzó en Alcolea en 1882 y siguió en El Carpio y Villarrubia

La remolacha azucarera ha llegado al final de su recorrido en Andalucía tras casi siglo y medio de historia, y Córdoba estuvo en ella desde el principio. La provincia fue de las primeras de España en fabricar azúcar con esta planta. Después el cultivo desapareció, volvió décadas más tarde con nuevas fábricas y acabó reducido a unas pocas hectáreas mucho antes del cierre que ahora se confirma para todo la región.

El último paso se conoció el pasado 21 de septiembre, cuando la Comisión Nacional de Estudio de Variedades de Remolacha de Siembra Otoñal comunicó que deja de inscribir variedades destinadas a la zona sur. El sector lo interpretó como la certificación definitiva del final del cultivo en Andalucía, donde este año tampoco ha habido campaña en la última industria que recibía remolacha del sur.

Sembrar remolacha sigue estando permitido. Pero el cultivo ya no tiene detrás la industria que hacía viable una producción comercial, y por eso deja de tener sentido incorporar variedades pensadas para la siembra otoñal del sur.

En Córdoba, en la práctica, el final había llegado mucho antes. «En la provincia, ya en la última década, eran puntuales las hectáreas que se sembraban», explica a este periódico Antonio Monclova, técnico de Asaja Córdoba.

Monclova sitúa el inicio del declive bastante antes. «Durante los años 90 y ya en los 2000 las plantaciones fueron a menos. Donde más se ha mantenido siempre, y donde últimamente se había conservado, era en el Bajo Guadalquivir».

Las cifras dan la medida de la caída. En la campaña 2003/2004 todavía se cultivaban en Córdoba unas 2.200 hectáreas, con una producción de alrededor de 125.500 toneladas. En 2010/2011 quedaban 21, un 99% menos en siete campañas.

Alcolea, el comienzo

La historia empieza en el último cuarto del siglo XIX, en la Colonia Agraria de Santa Isabel, en Alcolea. Con más de 700 hectáreas, la colonia formaba parte de un proyecto agrícola pensado para diversificar la producción y repartir mejor el trabajo del campo a lo largo del año.

Su impulsor fue Ricardo Martel y Fernández de Córdoba, IX conde de Torres Cabrera, que en 1878 empezó a experimentar con distintas variedades de remolacha. España obtenía entonces buena parte de su azúcar de la caña del litoral andaluz y de la que llegaba de Ultramar, mientras en Europa la remolacha se imponía como materia prima de la industria azucarera.

Conde de Torres Cabrera

Santa Isabel tenía a su favor el Guadalquivir, que la atravesaba y le daba agua para el regadío. También tenía buenas comunicaciones con la carretera de Madrid y con la estación de tren de Córdoba, a unos once kilómetros.

Torres Cabrera quería comprobar si la remolacha se adaptaba a tierras mucho más al sur que las zonas europeas donde se cultivaba. Entre 1879 y 1880 empezó a levantar una fábrica bajo la dirección técnica del ingeniero agrónomo José María Martí y Sanchíz, y en junio de 1880 obtuvo una patente para fabricar azúcar de remolacha.

La prueba salió bien. La documentación histórica del Ministerio de Agricultura atribuye a Santa Isabel el primer azúcar de remolacha obtenido en España. El 24 de octubre de 1882, Torres Cabrera presentó a Alfonso XII azúcar producido en Alcolea junto a una memoria sobre las posibilidades agrícolas e industriales del nuevo cultivo.

Casi al mismo tiempo arrancaba otra experiencia industrial en Cúllar Vega (Granada), de modo que ambas provincias quedaron ligadas a los inicios de la remolacha azucarera en España.

La fábrica de Santa Isabel hizo su primera campaña en 1882/1883. Podía molturar unos 20.000 kilos de remolacha al día, de los que sacaba cerca de 1.100 kilos de azúcar.

En la colonia vivían además familias que trabajaban en el campo, y el agua del Guadalquivir se elevaba para el riego con unas instalaciones de las que queda la antigua casa de turbinas. También quedan los restos de la residencia de Torres Cabrera, conocida como Palacio o Castillo de la Isabela. La mayoría de las estructuras agrícolas e industriales y las casas de los colonos han desaparecido.

Palacio de la IsabelaRafael Lopezeta

Aquella primera etapa decayó después. Santa Isabel acabó integrada en la Sociedad General Azucarera de España e hizo su última campaña en 1906/1907. Tras el cierre de la fábrica, el cultivo desapareció de Córdoba durante décadas.

San Rafael y la vuelta del cultivo

La remolacha volvió, otra vez, gracias a una fábrica. En 1934, la Azucarera San Rafael de Villarrubia impulsó el cultivo contratando a los agricultores. En aquella primera campaña se alcanzaron 1.510 hectáreas de regadío y una cosecha contratada de 361.938 quintales métricos, unas 36.200 toneladas.

San Rafael tenía una vía-apartadero conectada a la línea ferroviaria Córdoba-Sevilla y durante décadas estuvo muy ligada a la economía de Villarrubia y de los regadíos de la Vega.

La provincia contaba además con la Azucarera de El Carpio. Durante el siglo XX, la remolacha pasó del ensayo de Alcolea a ser un cultivo con industria propia en Córdoba.

Para Monclova, esa dependencia de la fábrica explica tanto el crecimiento del cultivo como su desaparición posterior. A su juicio, la remolacha difícilmente se sostiene sin una fábrica cerca que reciba la producción.

«Desde que se fueron cerrando las azucareras, el cultivo dejó de ser rentable», señala. Según explica, llevar grandes cantidades de raíz a fábricas lejanas encarecía los costes y hacía cada vez más difícil mantener las explotaciones.

El apogeo en el Guadalquivir

La expansión de los regadíos por el valle del Guadalquivir llevó a la industria remolachera andaluza a uno de sus periodos de mayor crecimiento en las décadas centrales del siglo XX.

A finales de los sesenta funcionaba una amplia red de fábricas en Córdoba, Sevilla, Cádiz y Jaén: San Rafael y El Carpio; San José de la Rinconada y Tocina, en Sevilla; Jédula, Guadalcacín y Guadalete, en Cádiz, y Azucareras Reunidas de Jaén.

Las primeras construcciones en El Portal, más allá de las chozas originarias, tuvieron como fin albergar las oficinas de la Azucarera y las viviendas de los trabajadoresAyuntamiento de Jerez de la Frontera

Con los regadíos del Guadalquivir y nuevas superficies de secano, el sur se consolidó como una de las grandes zonas remolacheras de España, con una capacidad industrial comparable a la de las grandes zonas productoras del norte.

El sistema tenía una condición: las fábricas necesitaban materia prima suficiente en un radio cercano, y los agricultores, una fábrica cerca a la que llevarla.

Cuando dejaron de salir las cuentas

Ese equilibrio empezó a romperse antes de que el cultivo se desplomara en Córdoba. La Azucarera de El Carpio paró su fábrica el 9 de septiembre de 1991, y San Rafael quedó como principal referencia de la industria azucarera en la provincia.

Su futuro tampoco estaba asegurado. En 1995, la situación de San Rafael llegó al Parlamento de Andalucía y al Congreso de los Diputados ante la posibilidad de su cierre y sus consecuencias económicas y laborales en la zona. La fábrica desapareció aquella misma década y, con ella, la infraestructura que había sostenido el cultivo en la provincia.

Monclova añade otro factor, el precio internacional del azúcar. «Cuando llegaron además los precios internacionales del azúcar, ya no se podía competir».

El técnico de Asaja enmarca el final de la remolacha en un problema de rentabilidad que afecta también a otros cultivos. Según explica, los costes de producción en España han subido mientras el agricultor compite en mercados internacionales con productores que no trabajan con los mismos costes laborales ni con las mismas exigencias ambientales y fitosanitarias.

Cultivo de la remolacha azucareraEuropa Press

Pone como ejemplo el gasto en combustible. En explotaciones con uso intensivo del tractor, según Monclova, el consumo diario puede ser muy alto, y es un coste que hay que pagar antes de saber a qué precio se venderá la cosecha.

«Estamos produciendo productos de muchísima calidad y bajo una normativa europea y ambiental muy exigente», sostiene. El problema aparece cuando esos productos compiten después con importaciones de países sometidos a condiciones diferentes.

La reforma de 2006

A todo ello se sumó la reforma de la Organización Común de Mercados (OCM) del azúcar que aprobó la Unión Europea en 2006 y que obligó a reestructurar a fondo el sector en España.

En la campaña 2005/2006, antes de la reforma, la comunidad andaluza mantenía unas 37.500 hectáreas de remolacha. En 2010/2011 quedaban menos de 10.000. La reestructuración cerró siete fábricas en España, cuatro de ellas en Andalucía.

Para Monclova, la reforma aceleró un proceso que ya estaba en marcha. «Totalmente», responde cuando se le pregunta por su peso en el declive. A su juicio, aquel cambio de política europea consolidó una tendencia que en Córdoba se veía desde años antes.

«Era un cierre anunciado desde hace mucho tiempo. Ha tardado veinte años, pero es lo que nos ha durado».

En Córdoba, donde la industria había empezado a perderse antes, la caída fue especialmente acusada. La producción se fue concentrando en Cádiz y Sevilla hasta quedar refugiada en el Bajo Guadalquivir.

De 125.500 a 840 toneladas

Córdoba produjo unas 125.500 toneladas de remolacha en 2003 y solo 840 en 2022.

La estadística agraria de la Junta ya calificaba entonces de «testimonial» la presencia del cultivo en Córdoba. Ese año, Andalucía sumaba todavía 7.765 hectáreas y 531.220 toneladas, casi todas en Cádiz y Sevilla.

En sus últimos registros, la superficie cordobesa apenas superaba la decena de hectáreas. La remolacha había dejado de pesar en la economía de la provincia mucho antes de que desapareciera la producción andaluza.

En Córdoba, el cultivo ha ido siempre detrás de la industria. Desapareció tras el cierre de la fábrica de Torres Cabrera y volvió cuando otras fábricas ofrecieron salida a los agricultores. Décadas después ocurrió lo contrario: cerraron las azucareras cercanas, empeoró la rentabilidad y las hectáreas quedaron en algo residual.

La decisión del 21 de septiembre lleva ahora ese final a toda Andalucía, 144 años después de que el conde de Torres Cabrera presentara a Alfonso XII el azúcar obtenido en Alcolea. En los campos cordobeses, para entonces, la remolacha ya era una rareza.

El algodón, «al mismo paso»

Antonio Monclova ve en el final de la remolacha un aviso para otro cultivo industrial tradicional. «El algodón va llevando el mismo paso», asegura.

A diferencia de la remolacha, el algodón mantiene una superficie relevante en Andalucía y tiene una ayuda específica. Aun así, el técnico de Asaja reconoce en él una secuencia que ya conoce: se pierde superficie, cae la rentabilidad y, con ello, cierran las instalaciones que transforman la cosecha. «Al final, las infraestructuras que tenemos, como cada vez hay menos cultivo, se van cerrando», explica.

En Córdoba queda una desmotadora, en La Carlota, mientras que el Bajo Guadalquivir mantiene más superficie de algodón. Allí, según Monclova, los suelos más salinos dejan pocas alternativas, y el algodón los tolera mejor que otros cultivos.

El técnico recuerda también la mano de obra que genera el algodón, aunque, a su juicio, eso no basta si las explotaciones dejan de ser rentables. Y vuelve a apuntar a los costes en España, frente a los de otros países productores, como uno de los obstáculos para competir en el mercado internacional.

Monclova no sostiene que los dos cultivos estén hoy en la misma situación. Su advertencia va sobre la tendencia: si la superficie sigue bajando, la infraestructura que necesita el algodón puede dejar de ser viable, y eso aceleraría todavía más su retroceso.