tribuna libreLuis Marín Sicilia

Jugar con ventaja

Actualizada 05:05

Hay una constante en determinados segmentos políticos que consiste en su afán permanente por jugar con ventaja. Se trata de personas encuadradas en formaciones que han acreditado a lo largo de su existencia que el principio de igualdad jurídica y política es un adorno semántico que se tira a la basura cuando hay que elegir entre dicha igualdad y los intereses propios. Uno de esos grupos es el de las formaciones separatistas. Otro el de la izquierda española. Cuando uno y otro confluyen, la crisis y el trato desigual están servidas.
El ventajismo de los secesionistas es tan palpable que hay que estar muy ciego, o ser demasiado ignorante, para no percatarse de esa voluntad permanente de querer comer aparte para así comer mejor. El año mítico del separatismo catalán, en 1714, el denostado Borbón cambió el destino de las mercaderías, pasando de los puertos atlánticos (Cádiz, Sevilla, Bilbao,…) a Barcelona, monopolizando en la ciudad condal el comercio con las Indias con el consiguiente empobrecimiento de aquellas y el enriquecimiento de esta. Entonces, Cadiz y Sevilla, por ejemplo, duplicaban a Barcelona en número de habitantes y riqueza, pero de inmediato la capital catalana pasó a multiplicar por cuatro su población, pasando de 37.000 habitantes a 130.000, emergiendo de la pobreza toda Cataluña a finales del siglo XVIII.
En el siglo XIX y principios del XX el Reino de España, los tan denostados Borbones, protegió a la industria textil catalana aplicando unos aranceles aduaneros exorbitantes a los paños ingleses y flamencos. En réplica, ingleses y holandeses aplicaron los mismos aranceles a la lana y al trigo español, lo que provocó el empobrecimiento de castellanos y andaluces y el correlativo enriquecimiento de Cataluña.
Por último, es conocido como los planes de desarrollo del franquismo destinaban el 40 % de las inversiones a Cataluña, otro 40 % por mitad para Madrid y País Vasco, y para todo el resto de la España marginada un ridiculo 20 %. Esa España marginada se vio condenada a la emigración, algo que se hubiera evitado si, por ejemplo, se hubiera decidido instalar la SEAT, en vez de en Barcelona, en Cordoba, Sevilla o cualquier otra capital andaluza. Los señoritos andaluces de entonces hubieran pasado a ser como los burgueses catalanes, antaño perseguidos por los campesinos en el «Corpus de sangre», y al igual que ellos darían ahora trabajo a los obreros desarraigados que no hubieran tenido que emigrar.
Respecto a las exigencias del separatismo actual, ante el que Sánchez se presta solícito, son tan evidentes sus tintes ventajistas que hay que ser muy sectario para no entender que quieren seguir exprimiendo las ubres del interés general con chantajes inaceptables para cualquiera que se precie a sí mismo. La condonación de deuda, que se dice se practicará para otros territorios pero sin concretar, es solo un aperitivo del chorro de ventajas que el sanchismo está dispuesto a regalar, empezando por la ley de la impunidad en que se convertirá una amnistía infumable para cualquiera que tenga un mínimo de pudor y de respeto a la democracia y a la ley.
Por otra parte, el ventajismo con el que se conduce la izquierda sanchista es tan evidente como escandaloso. Y no solo por ese dispendio en cargos y ministerios sino también por esos disparatados 869 asesores del presidente que baten todos los récords mundiales. Ha tenido repercusión la reciente visita de Sánchez a las instalaciones de RNE para ser entrevistado. Tal como denunciaron sectores sindicales «un centenar de policías y guardaespaldas tomaron literalmente las instalaciones», algo jamás visto en democracia, lo que pone de manifiesto el tic totalitario de quien es incapaz de pasear entre la ciudadanía sin que se acoten las zonas del itinerario.
A los contratos irregulares detectados en Valencia, donde el gobierno socialista de Ximo Puig destinó 713 millones de euros en contratos a dedo durante cuatro años, se añade recientemente la intervención sectaria y bolivariana en el Plan de Transporte de Energía 2021/2026, cuyas últimas decisiones marginan a Madrid y Andalucía poniendo en riesgo inversiones generadoras de riqueza y empleo en ambas comunidades que algunos interpretan como un castigo por haber dado las espaldas al socialismo.
El muro construido por el sanchismo tiene su basamento en promover teóricas políticas de carácter social que son en realidad compra de voluntades a costa de un endeudamiento que gravará con dureza a las próximas generaciones. España ha pasado en los cinco años de sanchismo a ocupar el furgón de cola de los países de la Unión Europea necesitados de los fondos de cohesión. La evolución de la productividad entre 2018 y 2023 ha caído un 3,8 %, ocupando España el último lugar de la OCDE. Y en renta por habitante, España tenía casi el promedio de la UE, con el 98 % y ha pasado al 79 % en 2022. Mientras el endeudamiento prosigue sin límites, los jóvenes preparados, que se han esforzado por aprender, se van a otros países porque aquí solo interesa la paguita, la subvención y la ayudita, es decir la dependencia de un poder sectario y mastodóntico.
Cortinas de humo, mensajes repetidos como relatos infumables por todos los medios inimaginables para distraer la atención, son técnicas propias de los ventajistas. Que si Nadal se va a Arabia, que si los pellets, que si la piñata del muñeco,… todo para no hablar de la malversación, la amnistía, la deuda catalana, la sedición, las cesiones al separatismo, la entrega a los herederos de ETA, las rapiñas de los ventajistas y un sin fin de excrecencias que denigran a la democracia.
Cuando lidera un gobierno quien trampeó desde sus inicios, copiando su tesis doctoral o llenando de papeletas con su nombre una urna escondida tras las cortinas, solo pueden originarse más trampas y desafueros. Porque se empieza con una trampa burda en un sorteo popular de Úbeda y se termina con escándalos como los de los ERE andaluces o los contratos digitales del socialismo valenciano. O se empieza apoyando la intervención de una autonomía por haber intentado un golpe de Estado y se termina pactando con los golpistas y dándoles ventajas y privilegios a cambio de mantenerse en el poder. Eso es jugar con ventaja. Y sin principios.
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