Mi cajón de sastreM. Ángeles Ramírez

But first, salud mental

Actualizada 05:00

Hace poco tuve el placer de hablar con una experta en psicología juvenil sobre el aumento significativo de la cifra de adolescentes que acuden a terapia. Que, por cierto, no sé si os ocurre, pero cada vez que hablo con un especialista de este tipo una parte de mi tiene ese miedo a «que vean de que pata cojeo» , y otra se queda asombrada de ver cómo desgranan nuestros sentimientos o razón de ser, así, en un momento.
Puede que ir a consulta se haya convertido en una (bendita) moda promovida en redes sociales por influencers y famosos, pero algunos de ellos, como Selena Gómez y su discurso body positive en Instagram (googleénlo), han conseguido con una publicación aumentar la autoestima de más mujeres que cualquier campaña publicitaria.
Los ‘Z’ o ‘X’ se erigen como una generación que rompe patrones, que dice que «no» a familiares, que no carga con mochilas emocionales que no son suyas (y no, no es que no sean empáticos), que no se obligan a hacer cosas que no quieren y que, además, buscan su felicidad sin pensar el qué dirán. Por supuesto, todo esto no exento de quejas paternales.
Y es que, muy alejados de sus progenitores que ven ir a terapia como algo muy loco, la «generación de cristal» o de «piel fina» ha roto tabúes alrededor de la psicología. Están familiarizados con el ‘ghosting’ (cortar de golpe una relación sin dar explicaciones), la ‘ley del hielo’ (ignorar) o ‘luz de gas’ (abuso psicológico). Con facilidad son capaces de acudir a consulta sin que se lo pidan, y no porque no tengan problemas, que también, sino porque quieren obtener herramientas para solucionarlos. Y esto, me hace tener un poquito más de esperanza en la humanidad. Sobre que la pensión dependa de ellos, para otro día.
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