De comienzo en comienzoElena Murillo

Tiempo de desierto

«Dios permite la tentación para que nosotros luchemos hasta la victoria, como ha hecho Jesús»

Actualizada 05:00

Cuaresma. Tiempo de desierto. Tiempo de ayuno y abstinencia. Tiempo de oración. Tiempo para la limosna. Tiempo de conversión. Tiempo para la reflexión, momento idóneo para hacer una parada y escuchar. Por ejemplo, para detenerse a meditar el mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma del presente 2024 en el que se decanta por el tema del desierto: A través del desierto Dios nos guía a la libertad. A partir de las diez palabras dadas a Moisés, del decálogo, señala que «Dios educa a su pueblo para que abandone sus esclavitudes y experimente el paso de la muerte a la vida»; y, desde ahí, nos exhorta a extrapolarlo a nuestra realidad cuaresmal: «también hoy llega al cielo el grito de tantos hermanos y hermanas oprimidos. Preguntémonos: ¿nos llega también a nosotros? ¿Nos sacude? ¿Nos conmueve? Muchos factores nos alejan los unos de los otros, negando la fraternidad que nos une desde el origen». Y añade: «si bien con el bautismo ya ha comenzado nuestra liberación, queda en nosotros una inexplicable añoranza por la esclavitud. Es como una atracción hacia la seguridad de lo ya visto, en detrimento de la libertad».
El Santo Padre señala estos días como propicios para detenerse en la oración y actuar: «En la medida en que esta Cuaresma sea de conversión, entonces, la humanidad extraviada sentirá un estremecimiento de creatividad; el destello de una nueva esperanza», para concluir afirmando que la valentía de la conversión es la de salir de la esclavitud.
De igual manera, nuestro pastor, Monseñor Demetrio Fernández, insta en su carta semanal a acoger la Cuaresma como un periodo de preparación a la Fiesta de la Pascua, tomándolo como algo novedoso y no repetitivo, como ese misterio actualizado que impulsa al cenit. Recuerda y desarrolla los tres pilares de este tiempo litúrgico: oración, ayuno y limosna. Oración como sustento de nuestra vida. Ayuno en los diferentes aspectos materiales, no solamente en lo que a alimento se refiere. Y limosna de atención al prójimo, no sólo económica, sino de la dedicación de una fracción de nuestro tiempo a los demás. Añade una referencia al duelo continuo ante la multitud de tentaciones que rodean nuestro caminar. «Nos enseña Jesús de esta manera que la vida es un combate permanente. Y como explica San Agustín no hay victoria si no hay lucha, y no hay lucha si no hay prueba o tentación. Dios permite la tentación para que nosotros luchemos hasta la victoria, como ha hecho Jesús...»
En nuestras manos está, en las tuyas y en las mías, aprovechar el momento o dejarlo pasar. En la libertad radica nuestra elección.
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