por derechoLuis Marín Sicilia

Trasero roto

Actualizada 05:00

Sánchez iba a comenzar el discurso previsto en el hospital asturiano que visitaba, junto al presidente del principado, y una voz rotunda afirmaba, interrumpiéndolo, que «por siete votos tienes el culo roto». Al margen de valoraciones sobre la inconveniencia o no de la interrupción y sin olvidar que actos de esta naturaleza son «pecatta minuta» comparados con los escraches, llamados jarabes democráticos, con los que se castigaban a los miembros del Gobierno de Rajoy, interesa resaltar el mensaje que encierran palabras tan acertadas. Porque esta es la cuestión: Sánchez ha convertido la acción política en un putiferio donde se mercadea sin principios morales ni éticos, sin más motivación que pagar lo necesario, aunque te rompan el trasero, con tal de seguir siendo el rey del mambo.
No extraña, en absoluto, que quienes comercian en este prostibulo se rían de la solemnidad con la que, desde el Gobierno, se excluyen determinadas nuevas cesiones a la dignidad nacional, tal como el presidente catalán Pere Aragonés contesta a la negativa a celebrar un referéndum de autodeterminación diciendo que «tragarán» lo mismo que tragaron con los indultos, la malversación y la amnistía. Cuando en su segunda acepción el diccionario define a la prostitución como corrupción, deshonra, degradación o envilecimiento está definiendo la conducta de quien cambia de opinión con la misma naturalidad conque falta a su palabra, por lo que resulta lógico que alguien le acuse de mercadear indecentemente con el interés general a cambio de unos votos que le producen el entuerto denunciado por el anónimo individuo. Lo grave es que la víctima de este comercio inmundo no es el interpelado, cuya falta de moral le hace inmune, sino que es la dignidad de una nación sometida al capricho de un personaje sin principios.
Los separatistas catalanes se ríen de su contundencia al negar ahora la celebración de un referéndum, mientras ya se negocia un trato fiscal privilegiado. Los de Bildu se estarán cachondeando de la cínica reacción socialista a su negativa a calificar a ETA como una banda terrorista haciéndose ahora los puritanos mientras le han entregado el ayuntamiento de Pamplona y han suscrito pactos secretos para investir a Sánchez. Para que estos golpes de pecho contra la deriva bilduetarra tuvieran credibilidad habría que empezar con menos palabrería hueca y más actos contundentes. Por ejemplo, recuperar Pamplona para el constitucionalismo. Por ejemplo, denunciar los pactos ocultos suscritos con ellos. Pero todo es fanfarria, falsa afectación de dignidad que ya a nadie engaña, salvo a los hiperventilados que comen del negocio y a su legión de seguidores adoctrinados.
Quienes son socios de Bildu se indignan ahora porque hacen declaraciones «cobardes, inadmisibles e intolerables», pero no consideran inadmisible ni inaceptable, sino un acto de valentía, haberle dado el ayuntamiento de Pamplona y mantener pactos en Navarra y en Madrid con ellos. Si Bildu «fue parte activa de tanto dolor» como dice ahora el PSOE, ¿por qué llevan tantos años blanqueándolo y mirando para otro lado cuando homenajean a presos etarras? Todos estos falsos ataques de dignidad cesarán en cuanto pasen los procesos electorales en curso, y Bildu volverá a formar parte de ese conglomerado progresista del que se ufanaba Sánchez diciendo que «somos más» porque integraba a todas las heces separatistas y filoterroristas. La falta de crédito y de principios siempre ha sido el lupanar de la desvergüenza y del cinismo.
Y cuando la orfandad de principios se enseñorea en un gobernante, a este le resulta indiferente que le agujereen el trasero si a cambio consigue sus objetivos. Por ello resulta grotesca la manifestación del sanchismo diciendo que «no reconocer que ETA fue una banda terrorista es un desprecio a todas las víctimas, a la sociedad española y a la sociedad vasca». Lo que es un desprecio a todos es que Sánchez y su partido, sabiendo todo eso, hayan blanqueado a quienes homenajean a esos terroristas, pacten con ellos y les den ayuntamientos e instituciones en detrimento de opciones constitucionalistas. El desprecio a la dignidad nacional es el que ha provocado en la retaguardia política de Sánchez un desgarro de proporciones siderales.
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