Entre los muchos mitos que a lo largo de la historia acumula Córdoba está el de que la ciudad necesita un metro. A lo mejor no es el más popular, ni el que más conversaciones de taberna concita pero está ahí y desde hace casi siglo y medio reverdece y vuelve a ocupar durante un tiempo el debate entre los cordobeses para, de nuevo, olvidarse de él hasta que al cabo de unos años aparece de nuevo como si nunca se hubiese debatido e intentado.

Así las cosas, esta semana ha vuelto a brotar con la presentación de la plataforma Córdoba pide Metro, como si fuese un clamor brotado de las asociaciones de vecinos y que ya contara con la bendición siempre necesaria del Consejo del Movimiento Ciudadano. Este colectivo reclama ni más ni menos lo que ya existe en Sevilla, Málaga, Granada y Jaén, un sistema de tranvía o de metro ligero porque «como ciudad patrimonial, universitaria y con una creciente demanda de movilidad, necesita un sistema de transporte del siglo XXI».

En los primeros intentos, ya se hablaba de que Córdoba debía sumarse a la modernidad en el siglo XIX con «una mejora de la que pocas poblaciones de importancia carecen hoy». Ha pasado siglo y medio de este primer intento y a lo largo de estos 150 años se han sucedido los conatos, de una manera o de otra, con proyectos más simples o más faraónicos, con trayectos por un lado o por otro.

Una de las características de los primeros intentos es que todos respondían a iniciativas privadas, en la mayoría de los casos a cargo de multimillonarios extranjeros que buscaban la pasta. En el último medio siglo se da un giro y son las instituciones las ponen el tema sobre la mesa. El servicio público lo llaman. Lo cierto es que, como se ha dicho, la iniciativa nunca cuaja. Se dio incluso el caso -¿recuerdan?- de presentar un proyecto de metro tres días antes de unas elecciones generales. La medalla se la puso el PSOE, que entonces gobernaba la Gerencia de Urbanismo, pero el proyecto no caló, perdió dos concejales y se quedó en cuatro ediles.

Pese al fiasco, aquella música no le desagradó a la alcaldesa Rosa Aguilar, quien decidió esperar unos años para reflotar la iniciativa debidamente personalizada para que no pareciera una copia. La empresa que había construido el metro de Burdeos avalaba la propuesta de 2007, que contaba con tres líneas y un presupuesto de 400 millones de euros de entonces.

El tema siguió coleando unos años más, pero en 2011, tras la victoria del PP en las municipales, se guarda convenientemente esta carpeta y se saca otra en la que en vez de metro pone metrotren. Parece lo mismo pero no lo es.

Aquello entusiasmó sobre todo a los cordobeses de las barriadas perifericas, ya que consistía en un tren de cercanías que cruzara la ciudad y que tendría varias paradas en el casco urbano, incluido el Parque Joyero. A partir de aquí la historia es conocida.

La plataforma Córdoba pide Metro no aporta muchos datos sobre cuál es su deseo. Aparte de presentarse en sociedad justifican la necesidad de este medio de transporte en que «el tranvía representa una oportunidad estratégica para transformar positivamente la movilidad urbana, reducir la congestión y las emisiones contaminantes, así como fomentar el uso del transporte público frente al vehículo privado» y poco más, junto a generalidades como «la generación de empleo directo e indirecto, la dinamización de la economía local, la revitalización de barrios y la cohesión territorial» que necesitan de su correspondiente estudio.

Córdoba pide Metro ya está en la pista de baile. A partir de ahora se espera que se mantenga en la actualidad local con avances y nuevos datos de su proyecto porque si se demuestra que la ciudad necesita este medio de transporte urbano no se puede desaprovechar la oportunidad.