Mientras se blinda
«Los líderes de las grandes potencias mundiales decidieron marginarlo dado lo poco fiable e insolidario que ha resultado ser»
Cuando alguien teme algo, cuando no quiere que nada ni nadie perturbe su ánimo, se blinda, es decir crea una barrera respecto a los demás para que no se le ocasione ningún daño emocional o psicológico. Nuestro presidente se ha blindado, no solo física sino también moralmente, de cuanto acontecía en un país que soportaba olas de calor de terribles consecuencias y crecía el temor a nuevas concesiones politicas vergonzantes a la vuelta del verano.
Mientras fuerzas especiales de la Guardia Civil destinaban medio centenar de miembros para reforzar su equipo de seguridad y se ampliaba hasta 400 metros el círculo de seguridad, nuestro hombre recibía contadas visitas de personajes de la política, como Illa y Zapatero, que solo podían tener como objetivo la interlocución con el fugitivo de Waterloo, pactando nuevas concesiones a un independentismo insaciable, grandilocuente en las formas y cateto en el fondo. Y de vez en cuando, le visitaba algún miembro de esa izquierda caviar que no quiere perder las suculentas ventajas que el progresismo oficial dispensa a quienes le ayudan en engañar a tanto infeliz que cree en las bondades proclamadas por estos ricos de diseño progre.
Las altas temperaturas, climatológicas y políticas, hacían sus estragos para la credibilidad de un Gobierno ausente que solo buscó entretenimiento en las redes sociales con un bufón que, en vez de dedicarse a trabajar en el deteriorado servicio público de su departamento, se convertía en un payaso sin gracia de un verano especialmente duro para una ciudadanía afectada por la voracidad de unas llamas sobre las que el mercachifle ironizaba por lo calentito que irradiaban. Un Gobierno que solo ha invertido 2,7 millones de euros en gestión forestal de los 71 millones disponibles de los fondos europeos, incapaz además de declarar, con arreglo a la ley, la emergencia nacional que afectaba a varias comunidades, con un presidente que, diez días después del comienzo del calvario sin haberse interesado lo más mínimo por la evolución de los acontecimientos, decidió, en un plan ultrasecreto, aparecer casi de incógnito por alguna de las zonas afectadas en Orense y Leon. Siempre ocurre igual: estos autócratas de izquierdas se llenan la boca de la palabra pueblo, pero huyen, como en Paiporta, del contacto directo con el mismo.
En el ámbito político internacional, el blindado de la Mareta tuvo que seguir las incidencias de la alta política como cualquier otro ciudadano, porque los líderes de las grandes potencias mundiales decidieron marginarlo tanto del proceso negociador sobre la guerra de Ucrania como de la reunión en Washington sobre el futuro y la seguridad de Europa, dado lo poco fiable e insolidario que ha resultado ser el hombre que está poniendo en peligro la confianza de quienes comparten un modelo de sociedad libre y occidental. Su mentor Zapatero, cuyos oscuros movimientos con las diversas dictaduras filocomunistas cada vez levantan mayores sospechas, se ha convertido en el aulico personaje capaz de hundirlo más en el barro, el fango y la impudicia.
Estos ecologistas de diseño que han impuesto una política falsamente proteccionista de nuestros campos y nuestros bosques debieran aprender la lección de lo que ha ocurrido, pero no lo harán porque perderían la breva de tanto riego de dinero público para sostener sus respectivos chiringuitos. Los expertos y los hombres del campo coinciden: hay que destinar más medios a la prevención que a la extinción. Aunque ambas son necesarias, debe ponerse el acento en la primera, porque, aunque no da votos, es más eficaz: un cortafuegos limpio, un bosque bien gestionado manteniendo las espesuras adecuadas, pastorear para controlar el matorral y recuperar zonas agrícolas abandonadas por el falso rigor de un ecologismo doctrinario, serían algunas buenas formas de prevenir.
Mientras el blindado de Lanzarote pasaba un verano cual un pretendido maharajá hispano, un político honesto como el aragonés Javier Lamban perdía su última batalla contra el cáncer de colon, entre el respeto de la cada vez más menguada socialdemocracia que antaño condujo al PSOE a identificarse con los anhelos de la mayoría de los españoles. Indignado sin matices con la deriva sanchista y su rendición ante los que solo les interesa España para esquilmarla, Lamban hizo unas declaraciones a Ángel Expósito, unos días antes de morir, en las que ratificaba su oposición sin fisuras a la política de Sánchez. Y, tras expresar que le daba igual que le llamaran facha, decía que crece en la militancia socialista un sentimiento contrario a la deriva actual y alentaba a los militantes a que se dieran cuenta de lo que está pasando.
Por todo ello, quien ha hecho de la división de los españoles su razón de ser, no tiene hoy ningún crédito proponiendo un pacto de Estado a raíz de los incendios, cuando se ha dedicado a romper todas las costuras del propio Estado. La raíz del problema del actual PSOE, entregado al populismo iliberal y a la voracidad independentista vasca y catalana, es que todavía Pachi López ha sido incapaz de enseñarle a Sánchez lo que es una nación. Aun está vivo el recuerdo de aquel debate en el que López le inquirio a Sánchez: «Pedro, ¿pero tú sabes lo que es una nación?». Fue una pregunta que aún no han resuelto, con lo sencillo que es entender el texto constitucional, según el cual «la soberanía nacional reside en el pueblo español», que es «indisoluble la unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles» y que todos son «iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminacion alguna». Y es que con ese maestro ciruela y ese alumno blindado y pretencioso, España va sin remedio al pelotón de cola de las democracias que se precien.