Por derechoLuis Marín Sicilia

Madera podrida

«Todo son gestos, engaños, promesas y mentiras sin más finalidad que seguir burlándose de todos aquellos que aún tienen confianza en esa legión de oportunistas que hoy circula alrededor de Pedro Sánchez y sus mariachis»

Nadie tiene la memoria suficiente para mentir siempre con éxito, decía Abraham Lincoln, el presidente estadounidense que abolió la esclavitud y que fue asesinado en plena confrontación civil de la Guerra de Secesión. Como para tantos hombres honestos -sinceros defensores de la dignidad humana- , la mentira, y sobre todo la mentira con fines políticos, merecía para el decimosexto presidente de la Unión el repudio más absoluto.

Desgraciadamente, y no solo en España, la sociedad del siglo XXI es víctima de su propia tendencia a sustituir las verdades por los relatos, el rigor intelectual por la frivolidad del mensaje, el discurso argumental por el simplismo de las llamadas redes sociales. Y lógicamente, los ambiciosos del mando, los especuladores del poder, no han desaprovechado la oportunidad de hacer demagogia utilizando el doble lenguaje del que se sirve la mentira como herramienta del debate político. Frente a ellos habrá que tener la memoria suficiente para evitar, como dijo Lincoln, que sus mentiras tengan éxito.

Que la hemeroteca es inmisericorde con la trayectoria del sanchismo en el uso de la mentira como forma de engañar a la ciudadanía es algo tan meridiano que solo los necios o los hiperventilados pueden negar. De no hablar con Bildu ni pactar con Podemos, hasta negar dos dias antes la concesión de la amnistía, Sánchez se defecó en sus palabras, por la misma razón de por qué pasó de ir a buscar al prófugo Puigdemont para ponerlo a disposición de la Justicia a rendirle pleitesía en el extranjero y rogarle su apoyo: la razón única de mantenerse en el poder a trancas y barrancas.

Cuando se pierde el respeto a una ciudadanía libre y democrática, el terreno está abonado para que los déspotas campen a sus anchas, sin límites morales que frenen su único objetivo que es el poder, aun a costa del propio sistema político y de sus instituciones, tal como se ha utilizado la legítima condena de la masacre de Gaza para impulsar, desde el Gobierno, el sabotaje de una prueba deportiva de nivel mundial, con el consiguiente descrédito de las instituciones españolas que velan por el orden publico y dañan la fiabilidad de nuestra nación en el ámbito internacional.

El dislate de las apetencias de Sánchez llega al extremo, bien repudiado por la inmensa mayoría de la opinión pública, de fingir o simular sentimientos o creencias que no se tienen, como la de querer erigirse en fiel defensor del feminismo y enemigo feroz de todo aquello, como la prostitución, que afecta a la dignidad de la mujer. Hay que ser hipócrita e inmoral cuando se va conociendo cómo ha vivido, a cuerpo de rey, de las saunas y prostíbulos de su suegro en los que su esposa tenía un papel relevante en la llevanza de la caja, al tiempo que decía liderar la lucha contra la prostitución.

Todo son gestos, engaños, promesas y mentiras sin más finalidad que seguir burlándose de todos aquellos que aún tienen confianza en esa legión de oportunistas que hoy circula alrededor de Pedro Sánchez y sus mariachis. Ya dijo Confuncio que la madera podrida no puede ser esculpida, una verdad tan notable como que los vividores de los prostíbulos no pueden ser enemigos de la prostitución, ni los defensores del orden pueden alentar el desorden de las masas. Cuanto más quieran parecer Sánchez y sus acólitos una cosa que no se corresponde con su trayectoria, más alejados estarán de ser lo que aparentan.

Si desde la frivolidad se pasa a la desvergüenza, utilizando el poder para favorecer a familiares, amigos y conmilitones, y si quien debe garantizar el orden jalea el desorden y se felicita porque la llamada «democracia de la calle» deja en ridículo a las instituciones e indefenso al pueblo que dice representar, está claro que el hedor de la corrupción impregna todos sus poros. Y se pone de manifiesto que, en verdad, la madera podrida no sirve para ser tallada.