En defensa de Garnelo
«Sin la llegada de Cristóbal Colón a América, el papel internacional del ministro de Cultura queda reducido a la nada»
Ya que ni el Ministerio de Cultura ni su titular, Ernest Urtasun, han condenado el ataque sufrido por un cuadro de José Garnelo lo voy a hacer yo, que soy un concejal de Cuenca en toda esta historia. Son varios los elementos por los que la rama supuestamente culta del Gobierno de España debía haber salido a defender con uñas y dientes lo ocurrido el pasado domingo en el Museo Naval de Madrid. Primero, por irrumpir violentamente en un museo; después, por vandalizar una obra de arte y, en tercer lugar, por justificarlo con unos argumentos tan endebles como alejados de la realidad.
En esas horas estaba Urtasun más preocupado en alentar desde la sombra los ataques de García Montero a Muñoz Machado, razón por la que desde tierras peruanas le traía al pairo que se agrediera algo que es del patrimonio de todos. Su viaje a Arequipa se justificaba curiosamente en lo que representaba el cuadro manchado con pintura roja. Sin la llegada de Cristóbal Colón a América, el papel internacional del ministro de Cultura queda reducido a la nada.
Una vez que las dos energúmenas fueron eficazmente detenidas comenzó el festival folclórico habitual con el que la extrema izquierda reviste todas sus ‘perfomances’: que si la pintura es biodegradable, que si la murga del colonialismo o los supuestos maltratos -«tortura VIP», dijeron los de la flotilla- por no elaborarles un menú especial a base de tofu y soja texturizada durante su estancia en el calabozo porque son veganas.
Tan sangrante como todo esto es que hayan salido algunas voces a justificar el atentado artístico cometido con el argumento de que el cuadro destrozado -se ha limpiado, sí, pero necesita una restauración por los daños recibidos- corresponde al pincel de un artista menor, desconocido e insignificante en la historia del arte español. Ahora ellos deciden quién es importante y quién no lo es.
José Garnelo, el autor del lienzo, brilló con luz propia durante las décadas finales del siglo XIX y las primeras del XX. Quien lo desee tiene en la Casa de las Aguas, en Montilla, un magnifico y cuidado museo donde se exhibe una exquisita selección de su producción artística, que fue premiada y reconocida por diversas instancias. La visita a esta localidad se puede redondear, además de con una parada obligatoria en la pastelería de Manolito Aguilar, en un recorrido por la parroquia de Santiago para rendirse ante uno de los apostolados más bellos y modernos que se puedan ver o ante el ‘Milagro en el barrio de las Tenerías’, donde San Francisco Solano protagoniza una escena plena de profundidad, movimiento, composición y, sobre todo, luz y color.
Este pintor, al que algunos ignorantes han despreciado, fue por méritos propios subdirector del Museo del Prado, director de la Academia Española de Roma, profesor en varios centros, teniendo en Barcelona como alumno a Pablo Ruiz Picasso. Se entretuvo también en hacer pinturas murales para la sede del Tribunal Supremo, para el palacete de la infanta Isabel de Borbón, mientras recogía menciones, medallas y galardones nacionales e internacionales por la calidad de su obra.
Este desprecio que ha sufrido José Garnelo sin que el Ministerio de Cultura haya esbozado el más mínimo gesto de defensa debe servir para reivindicar un artista de primera fila al que dos veganas huérfanas de lecturas han conseguido hacer más grande aún.