Encantado, señora ministra
«Por raro que parezca, hay muchos que no somos de chistorras, soles y lechugas»
Hay semanas que son cortas y aun así ni deberían haber empezado. Me explico. El lunes fue festivo, disfrutado en la cama gracias al primer trancazo de la temporada. Así que uno estaba grogui y no se enteró bien de lo que decían las noticias. El martes, como buen autónomo que no se pone enfermo en jornada laboral, me levanté todo lo lustroso que pude y con el primer café de la mañana recibí la amable llamada de la gestoría informando del puazo de IVA e IRPF que me pasaran al cobro tal día como hoy. Todo bien, que uno paga porque factura y debe contribuir al sostenimiento de los servicios públicos.
Pero claro, resulta que una vez que el café hizo su efecto y la mosca viral se me quitó de encima me paré tranquilo a leer la prensa atrasada y me encontré con la magnífica noticia de que la ministra de Seguridad Social y otras hierbas, Elma Saiz (encantado de conocerla, por cierto), ha planteado que los autónomos paguemos el año que viene entre una mijita y un trecho gordo más por nuestro trabajo. La cosa va entre 7 euros y doscientos y pico más al mes en función de lo que facturemos. Lo que se suma al rejonazo que ya tiene que abonar uno cada primero de mes sólo por levantar la persiana de su negocio. Y eso de pagar por trabajar he de reconocer, ya de entrada, que me da coraje. Soy así de raro.
Confesaré que cuando hablé con Antonio Prieto y Rafa González para poner en marcha esta columna les dije que no iba a hablar de política y a fe que no voy a hacerlo. Creo que denunciar esta nueva injusticia contra quienes intentamos cada día sacar adelante nuestras casas sin meternos con nadie no es hablar de política, es levantar la voz ante una actuación cada día más confiscatoria. Una forma de clamar contra decisiones que convierten a todo aquel que emprenda un negocio en una especie de culpable de pecado original que debe penar su osadía empresarial por mor de no sé qué justificación.
En un Estado que tiene la Sanidad colapsada, la Educación en una situación paupérrima, una administración mastodóntica en la que la presunta apuesta por la digitalización se traduce en incrementos de plantilla (y que me perdonen mis amigos y familiares funcionarios) y un sistema de dependencia en quiebra absoluta, entiendo que hay que buscar soluciones más allá de hacernos pagar más a quienes ya de por sí nos jugamos nuestros cuartos a diario. Quizás la forma de mejorar lo que no va podría ser apostar por una gestión eficiente del Estado, velar por una correcta utilización de los fondos públicos y desarrollar una estructuración racional de los presupuestos para que los extras no acaben siempre recayendo en el lomo de los mismos.
Y no crean ustedes que esto es una reivindicación endogámica ni nada por el estilo. Insisto en que uno apuesta porque si gana X pague Y, pero en lo que no está en absoluto de acuerdo es en tener que pagar Z elevado al cubo por levantar la persiana y ponerse a trabajar. Que si la cosa se sigue tensando igual nos encontramos con que se vuelve a eso tan antiguo de los billetes en mano para poder tirar para adelante. Y, por raro que parezca, hay muchos que no somos de chistorras, soles y lechugas.
Y dicho esto, encantado de ponerle cara y conocerla señora ministra.