Mi mujer tiene una cruzada con mis hijos por el uso que hacen de los móviles. La tenemos los dos, pero es justo reconocerle a ella que pone mayor énfasis y esmero en poner coto al vicio de mis criaturas. De todos es sabido que las redes sociales y la tecnología son en estos momentos el elemento básico que utilizan nuestros hijos para relacionarse y que eso puede llegar a tener consecuencias realmente lamentables. Así lo hemos visto esta semana pasada con el caso del acoso y posterior suicidio de la víctima en Sevilla.

Siendo esto grave, no es esto el nudo argumental del presente artículo sino una pequeña introducción. La semana pasada, un amigo, un hermano diría yo, me mandó por WhatsApp un artículo muy interesante en el que se exponían las opiniones de numerosos profesores universitarios del ámbito de la empresa y la economía sobre los líderes empresariales del futuro. En el texto se alertaba de los enormes problemas a los que nos enfrentamos con la distracción digital, la pérdida de capacidad de concentración de nuestros estudiantes, la ausencia de lectura profunda o la desaparición del periodismo tradicional como fuente de formación.

El artículo expone claramente que el consumo de redes sociales, el scroll, la falta de detenimiento a la hora de analizar las noticias y el hecho de que se den por ciertos bulos y noticias fake hace que nuestros jóvenes hayan perdido capacidad de crítica, capacidad de estudio y, por extensión, capacidad de análisis.

Trasladado esto al mundo de la empresa, que es donde mi amigo Carlos se desempeña en un puesto de alta dirección, debemos decir que estamos ante un gravísimo problema. ¿Cómo formamos a los líderes del futuro? ¿Qué tipo de directores generales, Ceos, estrategas, directores de recursos humanos vamos a tener si quienes están llamados a serlo son incapaces de mantener la atención en un texto de más de 240 caracteres o en un informe de 100 páginas?

Cierto es que la Inteligencia Artificial ha venido para facilitarnos a todos la lectura de tochos infumables. Pero tampoco lo es menos que no será capaz de sustituir, no ya sólo el análisis, sino la capacidad de creación o de improvisación que requiere el desarrollo de un puesto directivo en una empresa. Cualquier empresario, emprendedor o autónomo -excepción hecha de la ministra Saiz, por supuesto- sabe que la gestión del día a día requiere mucho de contexto. Tiene mucho de análisis del entorno. Tiene mucho de saber dónde estamos, qué queremos y cómo nos adaptamos.

Cuál es la situación en la que nos movemos y qué podemos esperar de los demás, no nos lo van a responder ni chat GPT, ni copilot, ni Gemini. La gestión del día a día deriva de tener una formación, un conocimiento (no sólo académico, sino vital). Viene de la educación, del esfuerzo y de echarle horas y concentración al trabajo que tenemos que hacer. Y esto no lo podemos dejar en manos de la IA. Si somos incapaces de inculcar en las nuevas generaciones esa conciencia de que tienen que esforzarse en entender lo que ven y lo que leen, ¿qué tipo de empresas tendremos en el futuro? ¿Qué tipo de líderes serán los encargados de guiar nuestra sociedad?

La reflexión queda abierta. Y supone un reto y un desafío para el sistema educativo, para los padres y para las empresas del futuro. Porque lo que no hagamos y formemos hoy lo acabaremos pagando mañana. Y con líderes de 240 caracteres no creo que vendamos una escoba.