Ni el mejor propagandista del mundo puede torcer la realidad”Paul Joseph Goebbels

La tan ansiada mayoría. ¿Quién de nosotros no estuvo orgulloso, de pequeño y no tan pequeño, de pertenecer al bando mayoritario en alguna elección en clase, en el trabajo o en la propia familia? Como si ello fuera sinónimo de total legitimidad y de absoluta moralidad, y siempre —o casi siempre— a grito de: «La mayoría siempre tiene razón». Y no, esa es una de las mayores mentiras socialmente establecidas a lo largo de la historia política y social, más reciente y no tan reciente. Pero no, la mayoría nunca tiene razón y todo ciudadano libre debería protestar contra ella. Porque, si les pregunto… ¿Quién es la mayoría del sufragio, los estúpidos o los inteligentes? ¿Saben la respuesta? Si la saben, ya conocen si pertenecen a la mayoría o no.

A lo largo de la historia tenemos ejemplos muy clarividentes que dejan al descubierto la realidad en torno a la tiranía de la mayoría, la cual utilizan los poderes fácticos para perpetrar y llevar a cabo sus disparatadas agendas ideológicas y económicas. Por ejemplo: hasta 1956, la mayoría en EE. UU. determinó que los negros tuvieran que sentarse en las últimas filas del transporte público. O también, el 30 de enero de 1933, la mayoría en Alemania alzó al poder al pintor austríaco Adolf Hitler. Y, por último, la mayoría crucificó a Jesús y dejó en libertad al asesino Barrabás. Y podríamos poner muchísimos ejemplos, pero creo que los anteriores dejan en evidencia hasta dónde puede llegar el poder de la mayoría, y por eso —y solo por eso— cualquier partido político quiere disfrazarse de mayoría, ya que es el disfraz que menos miedo da y el que más poder atesora. Para que lo entiendan, la analogía perfecta sería un lobo (político) disfrazándose de cordero (la mayoría).

Desde 2018, el Gobierno de España ha ido sumando efectivos a sus hordas de adeptos para conseguir los poderes del tan ansiado santo grial de la mayoría, y finalmente los consiguió, y tanto que los consiguió. Discursos elocuentes a la vez que vacíos, que han sido capaces de polarizar a la sociedad y torcer la realidad que atraviesa nuestro país tanto en términos económicos como sociales. La mayoría ha crucificado y cercenado gran parte de las libertades que teníamos, y está erosionando las pocas que aún nos quedan en pos de una mayor seguridad y protección, siempre por nuestro bien, al igual que la mayoría crucificó a Jesucristo, arguyendo el gran peligro que representaba para el pueblo judío y para el Imperio romano de aquel entonces. Deberíamos repensar el sistema político vigente basado en la democracia moderna del sufragio universal, ya que, mientras sigamos dándole el poder a la mayoría de estúpidos, seguiremos siendo testigos de cómo siguen crucificando a futuros Jesús en favor de la liberación de otros Barrabás cada vez más violentos y criminales.