¿Crédulos o conspiranoicos?
No faltan signos de la caída en la confianza en gobiernos, partidos políticos, organizaciones económicas o las mismísimas universidades
El dilema esta sobre el tapete de nuestra mente de forma permanente puesto que «la vida es una cadena interminable de actos de fe». Este es el dilema y una de las claras llamadas de atención que el periodista italiano Mattia Ferraresi formula en su último libro Los demonios de la mente. Relato de una época en la que no se confía en nada, pero se cree en todo (2025).
Tiene muy claro Ferraresi que, en la práctica, vivir evitando fiarse de los otros es imposible. «Aunque alguien se empeñara obstinadamente en comprobar por sí mismo todas las circunstancias en las que normalmente confía en la experiencia de los demás, no lo conseguiría». Vivimos en «una cadena de la delegación de confianza» en la que acabamos dando implícitamente crédito, en último extremo, «a los burócratas que redactan las normas, a los parlamentarios que las aprueban, a los gobernantes que las hacen cumplir, a los reguladores que las controlan y a autoridades desconocidas que realizan tareas sobre las que la inmensa mayoría de la gente no sabe absolutamente nada». Y sin embargo, más que nunca nos hallamos inmersos en una moción de desconfianza en la posibilidad de conocer; una verdadera «crisis de confianza».
El drama radica en la dimensión histórica de esta crisis de confianza. Mattia Ferraresi cita un estudio de las Naciones Unidas, entre 2000 y 2020, que refleja una caída, hasta situarse en un 35%, en la confianza de los ciudadanos a nivel global en sus gobiernos. No faltan signos de la caída en la confianza en gobiernos, partidos políticos, organizaciones económicas o las mismísimas universidades. En palabras del periodista son cinco las decepciones que han hecho frágil este suelo sobre el que caminamos. A saber:
Primera. Las guerras en Afganistán e Irak, frente a lo pretendido de sus hipotéticas motivaciones, no han sido unas epopeyas sino claras decepciones que han enfriado a los más encendidos partidarios de la democracia liberal como destino definitivo de la humanidad y «fin de la historia».
Segunda. La crisis financiera de 2008 puso de rodillas al sistema de ahorro y destapó «el muladar de la avidez de los bancos de inversión». Para Ferraresi el populismo y el modismo antisistema no surgieron de la nada y el ente «criptomonedas» no tiene otro propósito que «recrear el mundo después de haber extirpado el pecado original que arruinó al mundo anterior» y cuyo principal «imperativo categórico es no fiarse».
Tercera. En cuestión de una década, las esperanzas de la revolución digital han sido sustituidas por la sensación generalizada de que había alfo demoníaco en el desarrollo tecnológico, y en empresas que lo controlan, ávidas y sedientas de datos para monetizar.
Cuarta. El Covid-19 ha puesto en su sitio a la Ciencia y al «optimismo neopositivista» que reinaba desde Auguste Comte. Para Ferraresi, «el gran litigio de los científicos sobre el Covid-19 fue un nuevo capítulo en la feria de las vanidades humanas». Así las cosas, paradójicamente, «en el cielo sin un Dios trascendente, el ser supremo es el Hombre que domina la ciencia, un omnipotente virólogo televisivo con bata blanca que imparte lecciones de moral a sus súbditos, controla el aparato policial que las hacen respetar y dispone sanciones para quienes no se atengan a estas normas».
Quinta. La invasión rusa de Ucrania en 2022 ha devuelto el espectro de la guerra al corazón de Europa. Es más, los conflictos nunca habían abandonado del todo el viejo continente.
Visto el muestrario: «¿Cómo es posible establecer una relación de confianza con la realidad después de que hayan sido desmanteladas todas estas certezas?». Parecería que los demonios de la mente han encontrado circunstancias favorables para desencadenarse o bien como crédulos o bien como especialmente sensibleros «a las narrativas complotistas más burdas». En esto último radica el poder de lo que el periodista denomina como «razonamiento dietrológico» (Dietrología es una palabra italiana que se puede definir como el arte de ver siempre lo que está detrás de algo”): «[…] tras hacer añicos las ilusiones con un monumental ejercicio de escepticismo, encuentra acomodo en las explicaciones más extrañas, que inmediatamente se convierten en innegociables. A fuerza de dudar de las razones obvia, el dietrólogo acaba por tragarse cualquier cosa absurda. […] no fiarse de nada, creerlo todo».
Ya lo decía el simpar Chesterton: «Quitad lo sobrenatural, y lo que queda es lo antinatural».