El rodadero de los lobosJesús Cabrera

El problema de los jabalíes

«El reparto no es homogéneo y hay zonas con más animales que otras. Curiosamente, donde más abundan es donde la actividad cinegética es menor»

Raro es el día en el que no haya una noticia nueva referente a la crisis de los jabalíes en Barcelona. Es un problema circunscrito a una parte de una provincia española que se ha convertido, de la noche a la mañana, en una preocupación nacional por ser el vehiculo transmisor de la peste porcina africana.

Las estimaciones -porque aquí no hay un censo con nombres y apellidos- dicen que en números redondos se ha multiplicado por cuatro la población de estos animales en los últimos 30 años y que hoy día rondan el millón de ejemplares. Lógicamente el reparto no es homogéneo y hay zonas con más jabalíes que otras. Curiosamente, allí donde más abundan es donde la actividad cinegetica es menor. En Extremadura, Andalucía y Castilla-La Mancha también hay sobrepoblación pero la cultura cinegética existente en estas regiones hace que, de momento, no sea un problema preocupante. El número de licencias de armas de fuego es inversamente proporcional al grado de preocupación.

Las alarmas saltaron cuando comenzaron a circular por las redes sociales imágenes de jabalíes en zonas urbanas, entre coches aparcados, buscando contenedores de basura -perdón, de resíduos- para llevarse algo a la boca. Es ley de vida: en el campo hay que repartirse el pastel y no hay raciones para todos.

Aquí, en Córdoba, se comenzaron a ver por las parcelaciones de la periferia pero un día llegaron al casco urbano. Aún circula un vídeo con un grupo de jabalíes tan tranquilamente recorriendo las calles de El Tablero, sin inmutarse de la vida que bulle a su alrededor.

Aunque el problema catalán está circunscrito de momento a Barcelona y no está bien crear alarmismo a cientos de kilómetros de distancia, la Junta de Andalucía está actuando de momento de forma preventiva. Desde hace tiempo está autorizada la caza del jabalí por más tiempo del establecido y, además, con la activación ahora de un plan de emergencia cinegetica se busca obtener resultados mejores.

La España de las autonomías nos está dejando el mapa de las regiones donde se le hace caso a las gentes del campo, que son los que dominan el tema, y de aquellas donde se obedecen los dogmas dictados por las organizaciones ecologistas que tienen sus sedes en los barrios más pijos de Madrid o Barcelona. Ahí está la diferencia.

En la provincia catalana, además, se han encontrado con un problema añadido y es que cuando han querido buscar una solución a la plaga de jabalíes para frenar la expansión de la peste porcina africana se han encontrado con el zasca en todos los morros de que quienes mejor podrían hacerlo han sido desmantelados recientemente en tierras catalanas a cambio de permitir que Pedro Sánchez pueda seguir unos días más en La Moncloa. Así, como el Seprona está vetado allí es la Unidad Militar de Emergencia (UME) la que con discreción y eficacia hace el papel que le correspondería hacer a la Guardia Civil.

Mientras, aquí en Andalucía controlamos la situación para que no llegue la peste porcina africana. Y si llega, sabemos que el Seprona estará desde el primer instante allá donde sea necesario para que el problema no llegue a más, porque aquí no echamos a la Guardia Civil.