La Voz de CórdobaEditorial

Gestionar el patrimonio con generosidad y visión de futuro

Detrás hay una línea de trabajo reconocible: planificación a medio y largo plazo, equipos técnicos especializados y una idea clara de lo que significa custodiar un bien que es Patrimonio de la Humanidad

La inminente apertura del Centro de Información y Recepción de Visitantes del Patio de San Eulogio permite detenerse en algo que en Córdoba a veces se da por supuesto y no siempre se valora en su justa medida: la labor constante del Cabildo Catedral en el cuidado, conservación y proyección de la Mezquita-Catedral y de todo su entorno patrimonial.

No se trata solo de un nuevo equipamiento turístico. Estamos ante la recuperación integral de un edificio histórico, intervenido con criterios arquitectónicos contemporáneos, soluciones vanguardistas y una clara apuesta por dotarlo de contenido cultural, didáctico y accesible. Un espacio que no se limita a ordenar colas o vender entradas, sino que aspira a explicar el monumento, contextualizarlo y enriquecer la experiencia del visitante desde el primer momento.

Y todo ello con un dato que no es menor: el proyecto ha sido financiado íntegramente por el propio Cabildo, con una inversión superior a los ocho millones y medio de euros, sin recurrir a fondos públicos. Es decir, con recursos generados por la propia actividad del monumento y reinvertidos en él. Un modelo que confirma una idea esencial: lo que la Mezquita-Catedral aporta económicamente revierte en su conservación, en su mejora y en su proyección cultural.

Ese retorno se produce, como recordó el portavoz capitular, bajo tres ejes clásicos de la acción del Cabildo: el culto, la cultura y la caridad. En esta ocasión, de forma muy visible, en el segundo de ellos. Cultura entendida como conocimiento riguroso, como pedagogía patrimonial y como voluntad de transmitir la complejidad histórica del edificio con medios actuales, accesibles y solventes.

No es una actuación aislada. Se suma a intervenciones de gran calado en los últimos años —la Macsura, la Capilla Real, las cubiertas, las capillas— y a proyectos ya anunciados como el futuro archivo. Detrás hay una línea de trabajo reconocible: planificación a medio y largo plazo, equipos técnicos especializados y una idea clara de lo que significa custodiar un bien que es Patrimonio de la Humanidad.

Sin entrar en comparaciones, resulta evidente que no es habitual encontrar instituciones capaces de sostener durante décadas un nivel tan alto de inversión continuada, especialización técnica y cuidado material sobre un único monumento. El Cabildo lo lleva a cabo, además, con una singularidad histórica: lleva casi ocho siglos haciéndolo, desde que el edificio fue consagrado al culto cristiano tras la reconquista, manteniéndolo vivo, funcional y preservado.

La reforma de parte del palacio episcopal para convertirlo en centro de recepción y conocimiento no es solo una obra arquitectónica. Es también una muestra concreta de una forma de entender la gestión del patrimonio: intervenir con ambición, reinvertir lo generado y añadir valor cultural a lo ya existente.

Córdoba, su principal monumento y quienes lo visitan salen ganando