El rodadero de los lobosJesús Cabrera

Una ciudad en estado puro

«¿Quién no tiene este trayecto como rutina periódica? ¿Quién no se ha sentado en un vagón al lado de rostros exactamente iguales a los que hemos conocidos estos días?»

A lo largo de la última semana se ha podido vivir día a día cómo el accidente ferroviario de Adamuz ha conmocionado a la socidad. Si toda España ha sentido la tragedia de las víctimas y sus familiar, en Córdoba, por ser desgraciadamente el escenario del siniestro, se ha vivido con una especial intensidad.

A lo mejor fueron las caravanas de sirenas que se vieron y se escucharon en la larga noche del domingo pasado o, acaso, por ver machaconamente en todos estos días, en todas las cadenas, a todas las horas, en todos los programas, escenarios que forman parte de nuestra cotidianeidad. El entorno de la plaza de toros, el Hospital Reina Sofía o la Ciudad de la Justicia eran imágenes que se superponían para informar de un drama que ha dejado clara la aleatoriedad de la desgracia.

Cualquiera se ha visto dentro del Alvia o del Iryo. ¿Quién no ha ido a Madrid en Alta Velocidad? ¿Quién no tiene este trayecto como rutina periódica? ¿Quién al ver de refilón desde el vagón el apeadero de Adamuz no piensa que ya queda poco para estar en casa? ¿Quién no se ha sentado en un vagón al lado de rostros exactamente iguales a los que hemos conocidos estos días? Todos hemos sido potenciales pasajeros de estos trenes.

Si la sociedad española se ha estremecido con especial y ejemplar sentimiento, la ciudad lo ha hecho con un brío sobresaliente. De una manera u otra cualquiera podía intuir que había existido ese tsunami de solidaridad pero fue este viernes cuando se conoció más al detalle. El alcalde, José María Bellido, trasladó el agradecimiento de la ciudad, sobre todo a los bomberos, a la Policía Local y a Protección Civil, así como a empresas municipales como Aucorsa, Emacsa y Sadeco, y los más de 300 funcionarios, trabajadores y personal de todos los niveles que han estado prestando su ayuda y colaboración.

El sector privado tampoco se ha quedado atrás. El alcalde ha subrayado el ofrecimiento desde primerísima hora de los taxistas de Córdoba para hacer los traslados que fuesen necesarios, las patronales de la hotelería Aehcor, Avacor y el Grupo Hotusa abriendo las puertas de más de medio centenar de establecimientos para acoger a familiares y heridos; el Grupo Barea trasladando al lugar del siniestro grupos electrógenos para iluminar la zona del accidente o el Colegio de Trabajadores Sociales para agilizar con su trabajo y su atención todo lo que fuera necesario.

Además, empresas cordobesas dieron el paso adelante y llegaron con las manos llenas (Bocadi, Sercolu, Roldán, Domino’s Pizza, Carrefour, Grupo Alsara o Frutas Valverde, entre otras), sin olvidar la colaboración de los voluntarios de La Caixa o de la propiedad de la plaza de toros que abrió sus puertas para lo que hiciera falta por la cercanía al Centro Cívico de Poniente Sur.

Esta ola de solidaridad se manifestó también, como recordó el alcalde, además de en las generosas donaciones de sangre, en los numerosos particulares que llegaban de cualquier parte de la ciudad, fundamentalmente del entorno del Coso de los Califas, para comunicar que las puertas de sus casas estaban abiertas para acoger a quien lo necesitara.

Tras el ejemplar comportamiento de los vecinos de Adamuz, que ahí queda para la historia al reaccionar con rapidez y eficacia, no hay que olvidar el de la sociedad cordobesa que ha sabido estar a la altura y dar un ejemplo de humanidad. No puede quedar atrás, ni mucho menos, el comportamiento de la Iglesia Católica, tanto en Adamuz como en Córdoba, que una vez más ha demostrado llegar a donde no llegan las instituciones.

Y el pago a todo esto que hace el Gobierno de la nación es un denominado homenaje de Estado con lectura de poemas de Mario Benedetti con toda probabilidad, una chica tocando al violonchelo algo triste de Pau Casals y una frialdad imprsonal que cala hasta los huesos cuando la mayoría de las familias de las víctimas y de todos los que han sentido este accidente encontrarán mucho más consuelo en un funeral católico.