La Facultad de Filosofía y Letras de Córdoba se convertía ayer mismo en la sede de la Escuela no mixta de Formación Feminista, que organiza el Partido Comunista de Andalucía y la Unión de Juventudes Comunistas de España. Este año, además de debatir sobre la sanidad, el fascismo o la Iglesia Católica, se han dedicado especialmente «a la paz y a los servicios públicos».

El viernes vino a Córdoba la portavoz parlamentaria de Por Andalucía, Inmaculada Nieto, para hablar de lo público. Se situó en la plaza de las Tres Culturas, delante de la estación del AVE y cuando todo el mundo esperaba que desplegara la artilleria contra el lamentable servicio público ferroviario que se presta en la actualidad a los usuarios de toda España resulta que para ella y para su formación sólo hay un culpable: Juanma Moreno.

Nieto no cargó en absoluto por el lamentable estado de conservación de "lo público”, que no es otra cosa que la red ferroviaria que hace aguas por todos lados, sino que no titubeó lo más mínimo a hora de señalar al presidente de Junta de Andalucía de ser el culpable de que los usuarios del trayecto Córdoba Madrid tengan que recorrer 120 kilómetros en autobús, y tardar dos horas más, porque Moreno Bonilla tiene la N-421 de Villafranca a Villanueva de Córdoba hecha unos zorros. Algo que también es público pero que viene de maravilla para desviar el foco de lo de Adamuz.

A esta lista se puede añadir la postura de Adelante Andalucía, que ha descolocado a su espectro político más inmediato al felicitar su portavoz, José Ignacio García, a todos los trabajadores públicos con independencia de la Administración a la que pertenezcan así como la petición de una investigación «independiente, transparente y con medios», que no es poco en estos tiempos.

Como broche, hay que añadir a los dos partidos mayoritarios. Por una parte, los responsable del mal estado de las vías, el PSOE, y de otra, el PP metiéndole el dedo en el ojo al Gobierno. Vamos, nada nuevo. Los primeros amplificando «lo público» y los segundos con la «colaboración público privada» que está a punto de salir a relucir.

Como se ve el modelo que defiende forma acérrima la gestión pública cuando interesa está ostentosamente asentado en la izquierda, mientras la derecha tira de pragmatismo. Lo público es la bandera que hasta ahora han ondeado las formaciones más pancarteras sin pensar que un día, como fue el 18 de enero, podía quebrar.

Desde el accidente de Adamuz está calando el mensaje de que lo público no es sinónimo de eficacia, ni de resolución de problemas, ni de calidad en los servicios. Al Gobierno de España le está fallando lo público en todas sus facetas, hasta en la cultura. Urtasun -sí, el antitaurino y el descolonizador de museos- ha pegado esta semana el cerrojazo al Museo del Romanticismo, en Madrid, que siempre ha sido conocido como el Museo Romántico. No me extraña.

Aunque no alberga en sus salas piezas de primer orden, sí es un museo curioso de ver, sobre todo antes de la última reforma, en la que llenaron de foquitos halógenos el techo para una desnaturalización de su ambiente. Podían haber aprendido de lo que han hecho en el Museo Cerralbo.

Bueno, a lo que iba, en el mostrador de la entrada me advierten de que la mitad de la primera planta no se puede visitar. Pregunté el motivo y la respuesta, proviniendo de un recinto gestionado directamente por el Ministerio de Cultura, no pudo ser más demoledora: «Falta de personal». La chica acompañaba la frase con un plano plastificado de la primera planta donde estaban marcadas las salas cerradas al público por falta de personal, lo que significa que la situación no era en absoluto extraordinaria.

El cierre actual no se ha llevado a cabo para ejecutar una mejora -que conlleve la eliminación de la luz halógena, entre otras cosas- sino para ver cuáles son las causas del deterioro que tiene el vetusto edificio. Es decir, falta de mantenimiento -“integral’, que diría Óscar Puente- y abandono, dos factores que deberían ser incompatibles con lo público y que, desgraciadamente, cada día son más comunes.