Hoy es Miércoles de Ceniza. Hoy iniciamos la Cuaresma, una travesía hacia la luz de la Pascua. La imposición de la ceniza, que los sacerdotes colocarán sobre nuestras cabezas en la eucaristía, equivale a la adquisición del billete de entrada a la Vigilia Pascual y simboliza un recorrido protagonizado por la superación. Nuestros pasos caminarán por el desierto con el objetivo de escuchar nuestro interior, de vivir un tiempo de esperanza y de alegría.

Estos cuarenta días avivarán el recuerdo de los cuarenta días del diluvio, los de la peregrinación del pueblo judío camino de la Tierra prometida, los de Moisés en el Monte Sinaí, los que caminó el profeta Elías hacia el monte Horeb y, fundamentalmente, los de Jesucristo Nuestro Señor en el desierto. El gesto de la ceniza no debe interpretarse como la repetición de una costumbre sino como una posibilidad de empezar de nuevo.

Las lecturas invitan a abrir el corazón y no a dar pruebas de indignación como si nuestra moral fuera superior y nos permitiera hacer crítica fácil. En la profecía de Joel el pueblo adquiere el compromiso de convertirse porque Dios siempre ofrece una oportunidad. El apóstol San Pablo muestra que la reconciliación es posible. De otro lado, el evangelio de San Mateo enseña dos tipos de conducta con respecto a nuestra forma de actuar: obrar para ser vistos o hacer las cosas en lo escondido. La diferencia radica en que la primera busca obtener reconocimiento social; la segunda, se basa en una recompensa futura que vendrá de la mano de Dios. Abundan las ocasiones en las que uno se cree mejor, tiene la necesidad de ser protagonista, precisa ocupar la primera fila o tiene que alardear de haber hecho tal o cual cosa. Son los hipócritas, que se alimentan del honor a la vista de testigos. Por el contrario, los que pasan desapercibidos («que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha») recibirán el tributo de Dios.

La devoción del vía crucis es una práctica de piedad que nos ayudará a meditar y orar durante la Cuaresma. «La Cruz del Señor abraza el mundo entero; su vía crucis atraviesa los continentes y los tiempos. En el vía crucis no podemos ser meros espectadores. También nosotros estamos implicados y debemos por eso buscar nuestro lugar» (Benedicto XVI).

El Santo Padre, en su mensaje para la presente Cuaresma, nos exhorta a pedir la gracia para vivir este Tiempo con atención a Dios y a los necesitados. «Pidamos la fuerza de un ayuno que alcance también a la lengua, para que disminuyan las palabras que hieren y crezca el espacio para la voz de los demás. Y comprometámonos para que nuestras comunidades se conviertan en lugares donde el grito de los que sufren encuentre acogida y la escucha genere caminos de liberación, haciéndonos más dispuestos y diligentes para contribuir a edificar la civilización del amor», (León XIV).

Feliz Cuaresma.