Es inevitable hablar de vivienda y seguidamente escuchar de forma totalmente equivoca y desacertada la palabra especulación, pero, son tantas las falacias que se esconden tras ese concepto que sinceramente no sé por dónde comenzar y sí, lo reconozco, es pensar que con cuatro argumentos puedo desmontar años de falacia intervencionista en referencia al sector de la vivienda y se me hace la boca agua. La pregunta que es acertada para empezar a hablar sobre la especulación y la vivienda es ¿Quién es el mayor especulador de vivienda de España? La respuesta no es otra que el Estado.

El año 2024, el Estado hizo recaudación récord en lo que a impuestos se refiere y la cifra ascendió a 52.000 millones de euros desgranados en;

• IBI: 14.000 millones de euros

• IVA: 11.000 millones de euros

• IRPF: 8.000 millones de euros

• ITP/AJD: 12.000 millones de euros

• Plusvalía municipal/Tasas/Patrimonio: 7.000 millones de euros

El Total asciende a 52.000 millones de euros que se embolsa el Estado a costa de que gran parte de la población tenga innumerables dificultades para acceder a una vivienda ya que entre el 25-35% del precio de una vivienda son impuestos directos o indirectos. Muchos hablan de los famosos y mal llamados «Fondos buitre» del enorme poder que supuestamente tienen y no, esa es una falacia muy extendida ya que estos fondos solamente son propietarios de entre el 5-8% del parque de vivienda de nuestro país. Por lo tanto, no hay rigurosidad al afirmar sobre la especulación y el poder de estos fondos de inversión en el mercado de vivienda.

Entonces, ¿Quién es el culpable de los desorbitados precios de la vivienda? El Estado. No lo digo yo, lo dicen los datos y los cuatro gráficos que voy a compartir a continuación que son; Escasez de suelo, exceso de regulación, rentabilidad económica negativa y precios desorbitados.

Como vemos en el primer gráfico el suelo que ponen a disposición, por parte de ayuntamientos y administraciones públicas, para construir es prácticamente nulo y eso, sumado a una demanda creciente y una oferta exigua dispare los precios como veremos a continuación. El dato es demoledor, el 95,7% del suelo disponible en nuestro país no es posible edificar porque así lo dictan los diferentes ayuntamientos y demás administraciones.

En este segundo gráfico podemos apreciar como el incremento de regulaciones absurdas tienen correlación directa en el precio de la vivienda y, además, han generado un caldo de cultivo que hace que aun teniendo la vivienda un precio elevado no sea atractivo para múltiples empresas e incluso pierdan dinero al abordar diferentes proyectos.

En el tercer gráfico vemos lo comentado anteriormente, algo paradójico e insólito ya que cuando los precios de cualquier suben en una economía generan un efecto llamada para que otros productores produzcan de lo mismo para así equilibrar los precios y equilibrar la oferta y la demanda de nuevo, pues bien, en el sector de la vivienda en nuestro país no ocurre, porque como podemos observar la rentabilidad económica del sector de la producción es negativa.

Por último, y como consecuencia de todo lo anterior como es; escasez de suelo, regulación exceso de regulación y falta de rentabilidad económica… Los precios sufren una tendencia alcista sin fin, ya que si no se libera suelo y no se hace atractiva la construcción para atraer empresas que quieran acometerla, seguiremos dentro del círculo vicioso de precios desorbitados.

En el último gráfico es devastador, el precio de la vivienda ha crecido más del doble que el IPC. Todo este entramado fiscal y burocrático hacen que el Estado cada vez se haga más rico, bajo un relato que nada tiene que ver con los datos expuestos en los gráficos anteriores, a costa de la imposibilidad de acceder a una vivienda de los ciudadanos.