La guerra globalizada
«Llevamos sólo una semana de guerra y desde el primer minutos llegaban a nuestros teléfonos mensajes y noticias de conocidos que les había sorprendido en aquellas tierras»
Llevamos una semana de guerra en Irán; bueno, lo que sabemos es que el campo de operaciones no es sólo ese país sino que ha habido salpicaduras plenamente intencionadas a otras naciones del entorno. Hace sólo un par de décadas esto no dejaría de ser algo que ocurre muy lejos de nuestras casas y que, pasado el tiempo, nos podría perjudicar o no.
Ahora todo es distinto y lo estamos comprobando desde hace sólo siete días. La distancia en línea recta entre Córdoba y Teherán es de casi 5.000 kilómetros, lo suficiente para que se vea con la lejanía que nos da la distancia, la cultura, el idioma, etcétera, aunque también es verdad que si ninguna guerra nos es ajena lo cierto es que hay algunas más ajenas que otras por intereses de todos conocidos.
En este caso, esos 5.000 kilómetros de distancia han sido pulverizados desde el momento en que, teléfono en mano, podemos seguir su evolución desde el sofá de casa. El precedente de Gaza no nos sirve desde el punto y hora en que la única fuente informativa que había dentro de la franja era la banda terrorista de Hamás, un régimen muy celoso de quien entra y quien sale de allí. Ahora es distinto, ya que puedes ver las imágenes de cómo ha quedado el refugio de Jamenei a la vez que tienes en otro vídeo los misiles iraníes destrozados por la cúpula de hierro sobre Jerusalén o Nazaret o sobrevolando Dubai, porque los países de la zona también son escenario de operaciones que conocemos al minuto con un grado de censura menor al de Gaza.
Pero la nueva dimensión que ha aportado esta guerra de Irán es que, salvando la distancia, es como si hubiera sucedido a la vuelta de la esquina. Esos 5.000 kilómetros no son de distanciamiento y de frialdad sobre lo que allí ocurre sino que en el momento presente se ha convertido en algo cercano, tanto que raro es el cordobés que no conoce a alguien que le ha pillado allí.
Llevamos sólo una semana de guerra y desde el primer minutos llegaban a nuestros teléfonos mensajes y noticias de conocidos que les había sorprendido en aquellas tierras, que habían visto las bombas caer, que estaban aislados en un hotel o que les había sorprendido el cierre del aeropuerto poco antes de coger su vuelo de regreso. La casuística es interminable como también lo es la lista de nombres de personas cercanas que vivieron allí el inicio de esta guerra y que están regresando con cuentagotas.
Imagino que cuando llegaron a Córdoba las noticias del inicio de la guerra franco-prusiana, de la invasión de Polonia o del Yom Kipur, ningún cordobés tuvo un primer pensamiento hacia aquellos familiares o conocidos que pudieran estar allí y ser testigos, y posibles víctimas, de esas guerras.
El mundo ha cambiado y a la vista está de que ya no hay nada lejano para nosotros porque cualquiera de nuestro entorno siempre puede estar allí. Otra cosa serán las repercusiones comerciales que nos traiga este conflicto pero lo cierto es que con la de Irán hemos aprendido que allá donde surja una guerra, por distante que sea, hay una alta probabilidad de que sorprenda a alguien que conozcamos. O a nosotros mismos. Cosas de la globalización.