Más que unas andaluzas
Juanma Moreno ha sorprendido a todos al adelantar la convocatoria de elecciones andaluzas al 17 de mayo. El presidente andaluz ha dado un golpe de efecto y ha ganado la primera batalla de coger con el pie cambiado a todos sus contrincantes. Juanma Moreno se juega mucho y el PP más todavía, así que cualquier victoria en este camino es clave.
El presidente andaluz tiene muy complicado revalidar la mayoría absoluta y es consciente de ello. Le atenaza, dice, la abstención, pero además de que los suyos se queden en casa teme al efecto Vox y su impacto en los jóvenes, el mundo rural y los votantes tradicionales de derecha que ven a los populares actuales como a unos maricomplejines. Por otro lado, comienza a sufrir el desgaste de dos legislaturas de gestión. Es verdad que no ha habido grandes errores y los que ha habido se han solucionado rápido con ceses y recolocaciones, pero ocho años en el Gobierno dan para que la gente comience a cansarse. La sanidad y la dependencia ejercen de contrapeso a una gestión económica acertada aupada a lomos de la bonanza de los tiempos. Gestión, por otra parte, que parece obra y gracia sólo de Juanma y de su multiconsejero Antonio Sanz.
En el PSOE la situación es absolutamente la contraria. Las encuestas lo ponen en el abismo. No ya al borde, sino dentro de él. Hay quien incluso lleva la catástrofe a unos 22 o 24 parlamentarios. Partiendo de una expectativa tan baja, todo lo que se recupere en los 50 días que quedan hasta que lleguemos a las urnas puede ser considerado casi como un éxito. María Jesús Montero no cala y confía todas sus esperanzas en movilizar a los suyos con cositas como el «no a la guerra» o a través de pactos de difícil digestión que incluyan al susanismo en las listas. La verdad es que su trayectoria en el Gobierno, las cesiones a los nacionalismos, el declarado apoyo de Pedro Sánchez y ayudas como la del nunca bien ponderado Óscar Puente con la crisis ferroviaria de Málaga son como para salir corriendo camino de Estambul. Tampoco juega a su favor el intento de aparecer como una renovación en Andalucía, dado su pasado como miembro de numerosos gobiernos socialistas cuando el puño y la rosa aún no habían pasado a ser el yunque y el cardo actuales.
En Vox la situación es diferente tras el serio aviso recibido en Castilla y León. El electorado le ha pasado cierta factura por su parálisis en las negociaciones de otros gobiernos autonómicos y en Andalucía se juega su salto de verdad a la Champions de la política nacional. Si es capaz de superar el 20% y colocarse por delante del PSOE más allá de en Huelva y Almería, donde parece que lo tiene bastante hecho, los de Santiago Abascal realmente se convertirán en alternativa. El candidato será Manuel Gavira, hombre que lleva muchos años en el Parlamento andaluz pero cuyo grado de conocimiento es mínimo. El otro rostro con el que cuenta Vox es la egabrense Pepa Millán, quien se ha descartado. Claro que eso no es que le preocupe demasiado a Abascal, el hombre que protagoniza más carteles electorales de la historia de España.
En la izquierda de la izquierda, la cosa va de otra manera. Recuerdan cada vez más a esa época final del PA en la que se decía que se montaban tres en un taxi y acababan cuatro peleados. Los restos de Podemos concurren con Juan Antonio Delgado bajo la sombra de una desaparición cada vez más cercana. Como leí el otro día, tienen más tertulianos que votantes. Los siempre fieles comunistas, por su parte, se ponen en manos del solvente Antonio Maíllo, pero su gestión gubernamental y el papel de palafreneros de Sánchez los encaminan a unos cuarteles más de invierno que nunca. Para acabar están los de Adelante Andalucía de los retirados Teresa y Kichi, que esperan que el buen e interesante trabajo de José Ignacio García dé sus frutos y los convierta en los primeros de los últimos. Estos son los más realistas de los idealistas y si logran 4 o 5 parlamentarios habrá fiesta y gorda.
Con este panorama vamos a las urnas en Andalucía. Convertidos en la prueba definitiva que puede clavar el (pen)último clavo en la tumba del siempre superviviente Pedro Sánchez o situar al PP en una encrucijada de sumisión a Vox de incierto futuro. Feijoó se tienta la ropa y reza al santo patrón. En las urnas andaluzas se juega buena parte del futuro de España, con una campaña entre ferias que acabará para unos en exaltación de la amistad y en resaca de vino malo para otros. Y a usted y a mí, que nos deje la cosa seguir disfrutando de Mayo.